Capítulo cinco

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Miro atenta al frente, sin hacer contacto visual con aquel hombre que me tienes hasta las narices. Observo a la gente como trata de correr por las avenidas, mirando preocupados su relojes de muñeca.
Sonrío y niego con la cabeza levemente.

- ¿De qué se ríe? - miro con una sonrisa a "el" jefe y vuelvo a negar con la cabeza. - Gracias por el voto de confianza.

Suelto una carcajada y lo miro. Me mira y miro al frente, muerdo ligeramente mi labio inferior y me acomodo en el asiento.
Si, dirán ‹‹ Shailene, eres una bipolar ›› Y tienen razón. Hace apenas unos minutos estaba mas que cabreada con "el" jefe y el mundo, pero ahora no hago mas que sonreirles. Pero ya qué.

La mano de "el" jefe se posa en mi muslo, y empiezo a alarmarme. No por tener su mano, si no que, no me incomoda, es todo lo contrario. Lo miro y veo que se detiene al cambiar el semáforo en rojo. Retira la mano rápidamente y trata de no mirarme, muerdo mi labio y tomo su mano, la acerco nuevamente a mi pierna y la dejo ahí. Le sonrío y miro el semáforo.
Yo siempre he tenido la idea fija en mi mente qué él siempre a sido el mujeriego, por eso, he tratado de mantenerlo lo más lejos posible de mí, pero al verlo en este momento, ya no sé que pensar. Técnicamente, aún no lo conozco, y yo ya opinaba mal de él. No es que, ya ahora haya descartado la idea, solo que empiezo a borrarla lentamente.

Me mira sorprendido y digo.

- Verde. - le apachurra al acelerador y sigue el trayecto.

Solo lo miro cuando siento su mirada, pero siempre está fijada en el frente, raramente aprieta mi muslo haciéndome estremecer.
Llegamos a otro semáforo y éste pone la cuenta regresiva de 36 segundos para el cambio de color. "El" jefe se desabrocha el cinturón y empieza a estirarse, me mira y sonríe relamiéndose los labios. Me desabrocho el cinturón y me siento entre sus piernas. Uno nuestros labios en un apasionado beso y "el" jefe se sorprende, pero instintivamente sigue el beso, sus manos temblorosas se pegan a mi cintura y empieza a recorrerlas. Nos separamos y nos miramos fijamente.

- Espero que esto sirva para que no trabaje con usted.

Le sonrío y me acomodo en mi lugar. Él sigue con su trance mientras yo comienzo a abrocharme el cinturón. Arranca sin mirar el semáforo y conduce hasta de vuelta a mi departamento. Estaciona y abre la puerta, salgo algo dudosa y comienza a besarme, me toma por las piernas y me eleva hasta tenerlas en su cintura. Camina hasta la entrada y sigue hasta la puerta de mi apartamento. La cierra con un golpe de talón y me recuesta en el sillón, baja sus besos hasta mi cuello y yo enredo mis dedos en su sedoso cabello.
Gruñe y baja una de sus manos hasta mi pierna levantándola y enredandola con la suya. Gimo y jalo sus cabellos, susurro su nombre y me mira.

- Srita Woodley, ¿se encuentra bien?

Parpadeo y siento que empujan mi hombro, volteo a la derecha y veo una preocupación en su rostro.
Esto es malo. No, no, no y no. Acabo de volver a fantasear con "el" jefe. ¡Psicologo!
Tartamudeo y me aclaro la garganta.

- Nada, solo... - pierdo la mirada en sus ojos chocolate.

-Solo... ¿Qué?

Aparto la mirada y ladeo la cabeza. Agito la mano y miro alrededor. Estamos en el estacionamiento de la empresa.
Bajo y él me sigue. Camino lentamente esperando a que él me alcance pero parece querer mantener la distancia

- Sr James, no hace falta que se aleje de mi. Yo no muerdo. - dije sin mirarlo.

Me da mucha vergüenza mirarlo, nunca le he dicho algo así a ningún hombre. Me resulta imposible poder mirar a él después de lo dicho.
Dejo de escuchar sus pasos, pero unas manos aprietan mi cintura, volteo el rostro y lo veo sonriendome cálidamente. Le sonrío igual y sigo mi camino. Seguimos el camino.

Mierda, el jefe || Sheo #1Donde viven las historias. Descúbrelo ahora