Sacrificio

41 2 0
                                        

El silencio toma lugar en la habitación, realmente no sé qué responder a esto, la verdad imaginaba algo parecido pero no volver a ser mordida, creo que al final si moriré por esto.
-Supongo que...- comienzo a hablar mientras Jenn me ve, me cuesta mucho hablar así que me aclaro la garganta y continuo- era de esperarse- al terminar de hablar siento un nudo en la garganta, bajo la cabeza y miro mis manos.
-¿Cómo que era de esperarse?, ¿qué te pasa?, ¿no te importa tu vida?, ¿crees que esto es fácil para todos?- Jenn me mira furica, pero sus ojos transmiten también confusión y tristeza.
-Se que es duro, pero tengo que hacerlo, tengo que salvarlos como sea- Jenn no dice nada, solo se acerca a la camilla y me abraza, le correspondo el abrazo y comienza a sollozar.
-No quiero perderte idiota- me dice con la voz entrecortada.
-Te juro que nadie va a perder a nadie, y jamás te dejaré, solo necesito tu apoyo, eso es todo.
Después de un rato Jenn se fue y me quedé sola, a pesar de que llevo mucho tiempo inconsciente y unas cuantas horas despierta me siento cansada, me acomodo en la cama y me quedo dormida la instante.
Abró los ojos de poco en poco para intentar ver algo, todo está apagado, parpadeo un par de veces y comienzo distinguir formas poco a poco, veo una hoja a un lado de mi cama y la tomo, aunque no hay luz puedo alcanzar a distinguir las letras y lo que hay al rededor.
"Hay ropa a tu izquierda, ya no estás atada así que puedes moverte libremente, a las 7:00 Irán por ti, te veré al rato.
Gerardo xx"
La letra es manuscrita y se ve linda, el hecho de que Gerardo pusiera dos equis al final me incomoda por qué creo que se ha emocionado más de lo que debería y esa no era mi intención, jamás pensé tener que lidiar con este tipo de cosas en estos momentos. Sacudo la cabeza para alejar todos los pensamientos confusos de mi cabeza, dejó la nota donde estaba y miro a mi izquierda para ver la ropa, es un pans, una playera al parecer blanca, una sudadera oscura y unos tenis con borde blanco. Me siento lentamente y bajo mis piernas de la cama quedando sentada pero con los pies en el suelo.
Las luces se prenden y puedo ver todo claramente, tomó la ropa y comienzo a cambiarme lentamente, una alarma junto a la nota suena y marca las 6:00 am, la apago y sigo cambiándome, ha sido bastante duro pero cuando el reloj marca las 6:20 ya he terminado de vestirme, solo me faltan los tenis que al parecer son los mismos que había estado usando antes de esto, me recuesto y me quedo pensando sobre todo lo que ha pasado hasta que dan las 6:50, me pongo los tenis y en cuanto los tengo puestos entra un hombre grande y musculoso con una silla de ruedas, me indica que debo sentarme allí y hago mi mayor esfuerzo para no caerme al sentarme. Cuando por fin quedo sentada salimos de la habitación y vamos por unos cuantos pasillos hasta que reconozco el pasillo que lleva al laboratorio de pruebas y escucho un leve bullicio, entramos y veo a Gerardo en su escritorio habitual, al escuchar la puerta cerrarse Gerardo se levanta y se dirige a donde estoy.
-Buenos días- me saluda con una sonrisa.
-Buenos días- lo saludo también con una leve sonrisa. Camina hacia mi espalda y empuja la silla.
-Bueno, empezaremos hoy tu rehabilitación para que puedas moverte lo más pronto posible y proseguir, usaremos todo tipo de... Sustancias para que puedas avanzar más rápido si así lo quieres así que aquí está el contrato, fírmalo si autorizas el uso de estas sustancias en ti.
Tomó la tablilla con la hoja y la pluma, el contrato solo tiene unas cuantas palabras y un par de líneas e la parte de abajo. Leo rápidamente y firmo. Básicamente decía que usarían sustancias para mí pronta recuperación así que si de alguna manera ayuda a mi recuperación supongo que es bueno.
-Bueno, supongo que haz tomado una decisión- me dice Gerardo quitándome el contrato- vamos a pasar entonces a la sala dos y después iremos al centro de rehabilitación donde pasaremos la mayoría del tiempo de ahora en adelante- me quedo pensando en lo que dijo mientras avanzamos.
Llegamos a la sala dos y estamos totalmente solos, Gerardo me coloca un suero en el antebrazo derecho, en el suero inyecta una sustancia azul que poco a poco se disuelve y hace que me ponga ansiosa con forme entra a mi cuerpo. No noto cuando ha terminado de entrar el suero y Gerardo se acerca a quitarme la aguja, cuando va a tomar la aguja lo miro alarmada, sus ojos me miran suavemente y hacen que me tranquilice un poco, me retira la aguja y salimos de la sala, pasamos por un par de pasillos cortos y cruzamos uno largo, al final del pasillo se ve un pequeño letrero que dice "zona de rehabilitación", cuando estamos a unos cuantos metros de la entrada Gerardo se detiene completamente, lo miro sin decir nada y noto que me mira un poco serio.
-¿Qué pasa?- Gerardo hace una media sonrisa y se acerca a mi rostro.
-Nada, solo creo que eres muy bonita- me quedo callada sin saber qué decir a sus palabras, me limito a verlo y mirar sus ojos, ~realmente son lindos~ pienso, cuando veo que se cierran siento sus labios sobre los míos, me volteo y siento que la sangre se me sube a las mejillas, me limito a ver el suelo y no digo nada. Escucho como se ríe ligeramente lo que hace que el rubor suba aún más. Avanzamos y pasamos la puerta, el lugar está solo, hay una maquina extraña al fondo, un par de vigas de madera colocadas de forma paralela en medio del lugar, un tipo armario muy grande pegado a la pared de lado izquierdo y una pequeña sala de estar a la derecha donde hay otra puerta pero está cerrada, miro al rededor y noto que en realidad el lugar aunque es amplio es acogedor.
-¿Qué te parece el lugar?
-Es lindo- respondo sin saber cómo referirme correctamente.
-Es bueno que pienses eso, ahora empezaremos por empezar a movilizar tus piernas- avanzamos hacia el armario de manera que quedo exactamente de frente, Gerardo lo abre y saca un par de barras metálicas con cintas azules colgando de ellas, pone las barras en mi regazo y me empuja hasta la pequeña sala de estar. Sin decir nada comienza a colocar las barras metálicas en mis piernas y a sujetar las cintas de forma ajustada a mis piernas.
-Bien, ahora empezaremos, te engancharé de aquella máquina y te levantará un poco de forma que moverás tus piernas para caminar entre las vigas sin cargar tu peso completo y evitando caídas, poco a poco te dejará cargar más peso hasta que puedas caminar por sí sola.
-Suena complicado.
-Si, un poco, será duro al principio pero veraz que pronto podrás andar como antes, por ahora harás eso durante un rato en lo que voy por el desayuno ¿está bien?
-Me parece bien- contesto con una media sonrisa.
Gerardo me empuja hacia la máquina, me coloca unos arneses en la cadera y los engancha a las cintas de las piernas, camina detrás de la máquina la cual comienza a emitir un zumbido, la máquina me levanta poco a poco hasta que quedo parada y realmente no noto casi peso en mis piernas. Gerardo sale del lugar y me quedo sola, comienzo a mover mis piernas para llegar al otro extremo de las vigas, realmente no me cuesta mucho, pero al cabo de unos minutos me siento cansada y aún no he podido llegar al final. Cuando por fin llego al final de las vigas me siento exhausta, escucho unos pasos y me quedo quieta, percibo el olor al raro estofado de la cafetería, miro la puerta en espera de que se abra, lo pasos se hacen cada vez más claros al igual que el olor y por fin entran a la habitación, llega Gerardo con una charola con comida, la deja en la sala de estar y viene hacia mí.
-Veo que avanzas bastante sin mi, pero es hora de comer algo.
Se acerca con la silla de ruedas y me desengancha de la máquina, vamos a la sala de estar y comemos en silencio, nos quedamos en el lugar hasta casi las 7 pm, salimos y me lleva a cenar a la cafetería donde se escuchan murmullos y huele al estofado de siempre y café, la mayoría de la gente no nota mi presencia al principio, poco a poco se percatan de mi presencia y empiezan a mirarme raro y a murmurar algo sobre mí, distingo algunas conversaciones pero todas dicen lo mismo, "aquella chica es la que vino desde México sólo para tener donde vivir", "dicen que se murió dos veces". Cuando al fin estoy en mi habitación me meto al baño y tomo una ducha, me siento realmente bien de hacerlo, aunque es incomodo hacerlo sentada, salgo y encuentro a mi familia en la puerta, todos están aquí, nos quedamos un rato platicando y después se van, las luces se apagan y me quedo dormida casi al instante.
Durante los siguientes cuatro días la rutina es la misma, el suero en sala dos, sala de rehabilitación hasta las 7 pm, cafetería con miradas raras, visita de mi familia en la noche y dormir. Pero en solo cuatro días he avanzado hasta el grado de poder pasar las vigas un par de veces sin ayuda de la máquina ni de Gerardo.
Abro los ojos y son las 6:25 am, me levanto y me cambio, todo es más rápido desde que empecé con la rehabilitación, espero a que aparezca Gerardo o alguien con la silla de ruedas pero dan 7:20 y no aparece nadie, me pongo los tenis y salgo del cuarto, camino hacia la sala dos, tomó pequeños descansos ya que es un trayecto un poco largo y no lo he caminado por sí sola aún. Llego a la sala dos y me asomo por una pequeña ventana, veo a Gerardo y a una mujer con una bata blanca, Gerardo parece molesto, tiene los brazos cruzados en el pecho y tiene una expresión dura, jamás lo había visto así. Intentó escuchar un poco de la conversación pero parece que están murmurando y los muros gruesos me dificultan un poco el poder escuchar, pego la oreja a la hendidura de la puerta para poder escuchar un poco más.
-Necesitamos que apresures la recuperación así que no tienes otra opción- dice la mujer.
-Puedo hacer que se recupere pero no de esa manera, ha progresado mucho en cuatro días, solo dame dos días más.
-Tienes hasta mañana a medio día para que pueda recorrer lo acordado sola, si no lo has logrado tendremos que recurrir a eso- escucho que se acerca a la puerta así que me aparto y veo que es una mujer de unos cuarenta años, camina agitadamente de tal manera que no se ha percatado de mi presencia al salir. Me asomo por la puerta y veo a Gerardo recargado en la mesa, entro al lugar y me acerco a Gerardo que está mirando al suelo.
-¿Estás bien?- le pregunto, abre sus ojos más de lo normal y me mira confuso, después de un segundo se calma y me abrasa.
-Si, estoy bien- me susurra al oído- ¿cómo has llegado aquí?- me pregunta separándose de mi.
-Pues caminando supongo- respondo con una pequeña sonrisa.
-Bueno, ahora vamos a ponerte el suero- dice acomodando la barra que carga el suero junto a un sillón gris, me siento y estiro el brazo derecho, tiene un par de moretones por las veces que me han puesto el suero en los últimos días.
Gerardo está serio, pone el suero y me inserta la aguja, empieza a entrar poco a poco a mi cuerpo el suero y me preparo para controlar la ansiedad, miro la manguerita tintarse poco a poco color verde, antes era azul, miro a Gerardo y veo que me mira de forma tranquilizadora, el mirar sus ojos me calma un poco. Se acerca y se inca frente a mi, toma mi mano izquierda y comienza a acariciarla hasta que dejó de apretar el puño, suelta mi mano y retira la aguja de mi brazo.
-Hoy será un día duro, ¿te puedo pedir un favor?- me dice mirándome a los ojos, así que solo me limito a asentir- necesito que des todo de ti, así mañana será un buen día.
Sus palabras se quedan flotando en el aire, asiento nuevamente y salimos de la sala dos para ir a esta vez a un lugar diferente, estamos en lo que parece una pista de carreras.
-El suero que te puse hoy es más fuerte que el de ayer, así que este con cada paso que des fortalecerá tus músculos, caminaremos y trotaremos hoy para que mañana puedas correr sin problemas- Gerardo está tenso pero con forme pasa el tiempo se calma apoco a poco. A medio día llega una enfermera con comida, comemos en silencio y volvemos a caminar, a media tarde soy capas de trotar ligeramente sin ayuda durante cien metros. Al final del día estoy exhausta, vamos a la cafetería y cenamos el estofado de siempre, salimos y Gerardo me acompaña hasta la entrada de mi cuarto.
-Mañana será un día diferente, habrán personas que Irán por nosotros y te harán preguntas, ¿últimamente tus sentidos son más sensibles verdad?- asiento levemente- bueno, negarás todo eso.
-¿Por qué?- preguntó desconcertada.
-Es complicado, pero con lo que hemos hecho hoy vasta para que te dejen en paz.
-¿Qué es complicado?, explícame por favor- cuando termino de hablar miro como sus ojos se oscurecen y sus labios se aprietan.
-Quiero mantenerte con vida, si saben que las pruebas que te mantuvieron en coma dieron resultado intentarán mandarte a las afueras de la ciudad, para hacer más pruebas contigo, no quieren hacer una cura, quieren hacer un ejército de súper soldados- me quedo atónita ante sus palabras, no sé qué decir, creo que he sufrido en vano.
.
.
.
.
.
.
.
Bueno, aquí el capítulo de hoy, de verdad disculpen la tardanza pero últimamente escribir un capítulo me es más difícil y no quiero escribir cualquier cosa, espero me tengan un poco de paciencia y de verdad aprovechare cada segundo de inspiración que tenga para darles algo que leer que este bien hecho y no cualquier cosa.
Como sea, nos vemos el próximo capítulo que espero esté en menos de una semana.
Hasta entonces ;)

ParaísoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora