[14] Incomprensible

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Incomprensible

El trío de oro caminaba hacia el despacho de Dumbledore con un nudo en la garganta pero preparados para lo que fuera que se encontrasen. Ron intentaba dominar el pánico que crecía poco a poco en su interior, Harry, contenía la ira y la rabia que Umbridge provocaba en todo su ser, y Hermione, simplemente deseaba no encontrarse con Draco Malfoy, pero en el fondo, ninguno tenía ni idea de lo que la malvada Inquisidora les tenía preparado.

Subieron los escalones de dos en dos y pronunciaron la contraseña en forma de dulce mágico que caracterizaba a Dumbledore. No estaban muy seguros de si debían sacar o no sus varitas, pero lo hicieron igualmente, y no las bajaron hasta encontrarse cara a cara con el propio Dumbledore, Umbrige, dos magos desconocidos y su compañera de curso, Cho Chang. Esta última desvió automáticamente la mirada de los tres Gryffindors, aquello no pintaba para nada bien.

—Ya era hora señor Potter —Se apresuró a decir la profesora al verlos entrar. Estaba totalmente ansiosa y pletórica—. Va usted a tener que explicarme un par de cosas, aunque la verdad, la señorita Chang ya me ha relatado lo más importante.

—Harry yo... —Balbuceó la aludida, mirando a la vez al suelo y a los ojos verdes del que hasta entonces había considerado su nuevo amor. Lo más probable era que a partir de ahora las cosas cambiasen, pues ninguno de ellos lograrían comprender lo complicado que es vivir amenazada por la jefa de tu madre—. Lo siento mucho...

—No lo sientas querida, has hecho lo que tenías que hacer —Le reprendió rápidamente Umbridge. Despacio, regodeándose de su victoria, se acercó a la mesa del director y tomó el pergamino entre sus manos regordetas—. ¿Que tiene que decir a esto Potter?

El muchacho, que hasta entonces se había quedado sumamente callado, consumido por la rabia y el dolor que le provocaba encontrarse allí a la última persona que esperaba que le delatase, guardó con fuerza su resentimiento, mas no fue él quien contestó a la bruja del ministerio.

—Bueno, no veo que pueda decir Harry que yo mismo no pueda contestar Dolores, como bien pone en ese pergamino, es el ejercito de Dumbledore, no de Potter —Dijo el director con su usual voz pausada, mientras se levantaba—. Me temo que el ministerio tiene razón, he estado creando un ejército de alumnos a sus espaldas, así que deja que Harry y sus amigos vuelvan a sus dormitorios.

—¡Pero profesor...! —El ojiverde no podía permitir que Dumbledore cargase con la culpa de su irresponsabilidad, pero una ágil y fría mirada del susodicho, junto con un fuerte tirón de brazo de Hermione, le obligaron a callarse.

—Aun así... —Continuó al ver como los dos magos que acompañaban a Umbridge se ponían en guardia—. Me temo que no voy a entregarme sin oponer resistencia Dolores.

—Eso va a ser complicado Albus, como puedes observar, he traído a dos de los mejores aurores del ministerio —Le explicó sin perder ni por un segundo esa sensación de victoria que tanto molestaba a los tres adolescentes—. ¡Apresadlo!

Justo al mismo tiempo que los dos aurores se abalanzaron sobre la mesa del director, este, ni corto ni perezoso, alzó los brazos al aire al mismo tiempo que su precioso fenix chocaba contra ellas, haciendo que ambos desaparecieran de un fogonazo. Todo se quedó bañado por un desagradable humo durante unos preciados minutos en los cuales ni los aurores ni la propia Umbridge sabían que hacer.

—¡Atrapadlo! —Continuaba gritando, a pesar de que ya no había ni rastro del director. Los aurores salieron corriendo en dirección a la puerta y se perdieron de vista. La suma inquisidora no tardó en seguirlos—. Y vosotros, volved a vuestras salas comunes, ya hablaremos del castigo más tarde.

Entre Clases [Dramione]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora