[13] ¿Chivato?

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¿Chivato?

Cuando debes tomar una decisión, para bien o para mal, siempre hay muchas constantes y variantes que influyen en dicha decisión. Draco era un mar de indecisiones que se sumergía en sus pensamientos todo el tiempo, entre clases, en los dormitorios, incluso en las mismas clases, y su mente parecía a punto de colapsar. Mientras tanto, el tiempo pasaba a una rapidez alarmante que le resultaba casi asfixiante, ¿Qué hacer cuando sabes el mayor secreto de Potter y te sientes incapaz de contarlo? En otras circunstancias, habría acudido a Umbridge instantáneamente, pero ahora... ¡Maldita Granger! Todo era su culpa, como siempre.

Los rumores de que Umbridge sospechaba sobre la creación de un ejército de alumnos por parte de Dumbledore no tardó en llegar a sus oídos, y el nudo que sentía permanentemente en el estómago se retorció con fuerza. Por supuesto, al igual que todos sus compañeros de Slytherin, apoyó el rumor y se unió al grupo de alumnos que le aconsejaron a la profesora investigar más a fondo, pues las apariencias eran lo primero que debía cuidar.

Y mientras los días se sucedían unos detrás de otros Dolores Umbridge ideó miles de ideas para pillar a esos alumnos escurridizos que se reunían sin su permiso. Ninguno parecía darle resultado, pero Draco muy en el fondo deseaba que ella los pillase, al menos a Potter, él se lo merecía.

Dobló la esquina y se inclinó un poco para observar la fila de alumnos que esperaban en frente del despacho de la Suma Inquisidora. Los observaba con una leve sonrisa que no podía evitar, deseando que alguno de ellos dijese la verdad. Si el Veritaserum funcionase, se libraría por fin de su pesada carga.

—Por favor... —Susurró cerrando los ojos, pero un fuerte tirón en su brazo derecho le hizo olvidarse de sus súplicas. Alguien lo estaba arrastrando hacia la pared opuesta—. ¿Qué demonios...?

—¿Has sido tú verdad? —Le preguntó una Hermione furiosa apuntándolo con la varita—. ¡Sabía que no se podía confiar en ti! Jamás debí dejar que me siguieras...

—Tranquilizate Granger —Le dijo intentando soltarse del agarre de la castaña. La miró levemente a los ojos, pero ella tenía la vista concentrada en un punto de su túnica, al parecer, no quería ni mirarlo—. Yo no le he dicho nada a nadie, todavía.

Hermione sonrió burlonamente, si pensaba que iba a creerle estaba muy equivocado. Levantó aún más la varita y le apuntó justo en el corazón.

—Bien, ahora dime la verdad —Exigió tozudamente—. ¿De verdad te piensas que me lo voy a creer?

Él solo sonrío, con esa sonrisa torcida que ponía a la castaña de los nervios. Utilizando su fuerza, consiguió soltarse apartando a la Gryffindor de él.

—No me creas si no quieres, pero estás pecando de prejuicios Granger —Respondió sin perder ni una pizca de esa calma que lo caracterizaba—. ¿Tiene que ser necesariamente el Slytherin el chivato?

Hermione frunció el ceño con cansancio, no tenía por que aguantar los inútiles intentos del rubio por engañarla, podría tener muchos defectos, pero no era estúpida. Sin dudarlo un segundo, apuntó de nuevo hacia el pecho de Draco.

—Muy bien Granger, lánzame un hechizo si quieres, pero eso solo te traerá problemas y lo sabes —Resolvió encogiéndose de hombros, sin deshacerse de su mejor sonrisa.

—Ninguno de ellos puede haber lanzado esos rumores, puse un hechizo en el pergamino que firmaron —Le contó mientras bajaba la varita de mala gana—. Están atados de pies y manos, y si alguno hablase créeme que lo sabría, así que solo me quedas tú.

Contra todo pronóstico, Draco ensanchó su sonrisa más aún, ¿Quién diría que la sumisa y fiel a las reglas hasta el final Granger habría ideado un plan como ese?

Entre Clases [Dramione]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora