Thomas, 01:05am
El aroma a tabaco y alcohol inundaban el lugar y mi mirada estaba fija sobre una escalera que probablemente llevaba hacia la azotea.
Las voces estaban aturdiendome. Dylan, un viejo amigo de la preparatoria, bebía directamente de la botella de vodka como si este no tuviera un mínimo efecto en él. Claro que, era obvio que hacía efecto, pues sino no hubiera estado riendo estruendosamente como dos horas seguidas. Cuando el barman le alcanzó una segunda botella, se la arrebaté de sus manos y me alejé de él.
Por un momento me hubiera gustado voltearme y ver su estúpida expresión de sorpresa en su cara, pero me resistí. No tenía sentido, él olvidaría todo en cuanto recuperara la conciencia y a mi no me importaba en lo absoluto.
La noche era hermosa. Tan perfecta y llena de estrellas que sentí que mi simple presencia ya estaba arruinando aquel escenario. Llevé la botella a mi boca y sentí como el líquido ardía el mi garganta.
A pesar de que no hacía mucho frío, no tuve la necesidad de quitarme la chaqueta que tenía y simplemente me acerqué al final de la azotea.
Final. Final era una palabra tan aterradoramente relajante que me provocaba nauseas cuando pensaba en ella mientras bebía alcohol.
Admiré por unos segundos la distancia entre donde me encontraba y el suelo. Era una importante caída, a decir verdad, parecía casi improbable que alguien sobreviviera.
Observé desde el techo como la gente entraba y salía del lugar. Un resentimiento que desconocía se apoderó de mí y deseé tener la misma inocente felicidad que ellos. Una parte de mi quería dejar de tener veinticuatro años y volver a ser un adolescente, pero eso no pasaría de la noche a la mañana.
Pensé en mi novia, ¿a ella le importaría si yo cayera? Bueno, la verdad era que, hace tiempo había caído a un horrendo pozo oscuro sin fondo y solo quería llegar al final.
Cerré los ojos, apoyé la botella en el suelo y me preparé para dar un solo paso al vacío y acabar con todo.
Uno, dos, tres minutos y exhalé todo el aire que tenía contenido en mis pulmones. No podía hacerlo, no fui capaz.
Me senté en el sucio techo, en un rincón y admiré la vista. Tomé un largo trago y suspiré. No quería que la noche terminara. No quería volver a esa rutina que tanto me hacía sentir mal.
No supe cuanto tiempo pasé ahí bebiendo, tal vez fue mucho o poco, pero no pude imaginarlo. Era como si todo se hubiera congelado por unos instantes, hasta que unos pasos alteraron la tranquilidad de mi melancólica situación.
Vi como una chica de cabello oscuro y largo miraba despreocupadamente el cielo. Sonreí al ver que hizo exactamente lo mismo que yo cuando apenas llegué.
Mis ojos la analizaron impacientes, no pude distinguir el color de sus ojos por culpa de la noche, pero se distinguía una brillante tez sumamente blanca, mejillas rosadas y labios con un extravagante y llamativo color rojo. Me reprimí a mi mismo para apartar mi mirada de su cuerpo, solamente para evitar indecentes pensamientos. Llevaba una falda corta y roja que parecía estar obligandome a ver lo bien que se veía en ella y un top negro que, sin exhibir demasiado, marcaba a la perfección una inimaginable cintura.
Bueno, ya era muy tarde para evitar ideas indecentes.
Quería hablarle o que notara mi presencia, pero se veía demasiado perfecta parada allí mirando las estrellas. Caminó hacia el mismo extremo al que yo me había dirigido antes, miró hacia abajo por unos segundos.
De un minuto para el otro, su expresión de paz cambió por completo y llevó una mano a su rostro, después de que soltara un suave sollozo.
Ella lloraba y era el momento exacto para resaltar mi presencia, si no lo hacía pronto, la chica parecía mucho más dispuesta que yo y parecía aún más capaz de hacerlo. Llevé la botella a mi boca para cargarme de valor y hablé sin pensar.
- ¡Hola! -exclamé levantando mi mano como saludo y llamando su atención. -¿Quieres sentarte?
Mi invitación pareció incomodarla por completo y sus ojos me veían apenados y avergonzados por haberlos visto llorar de tal manera. Finalmente ella se acercó y observé el maquillaje de sus ojos levemente desparramado por sus mejillas.
- Siempre creí que en este momento estaría sola. -sus ojos, de un color azul sumamente oscuro, pero que resaltaba a la perfección con su cabello negro, me miraron de tal manera que sentí como si estuviera leyendo mis pensamientos. Después de unos segundos en los cuales nuestros ojos se encontraron, desvió su mirada y volvió a abrir su boca. -Sabes lo que dicen, todos nacemos y morimos solo.
Fruncí el ceño y la analicé.
- ¿Por qué alguien como tú querría suicidarse?
Sus labios formaron una pequeña curva que se veía como una apenada sonrisa y sus ojos se dirigieron directamente a sus manos.
- Parece que no sé aprender de mis errores. -ella me miró. - Todos hubieran estado mucho mejor si jamás me hubiera cruzado en sus caminos. Soy algo así como un huracán.
Dibuje una media sonrisa y ella peinó su cabello con sus dedos. Hasta ese mínimo acto me había resultado una descarada coquetería. Tal vez era demasiado hermosa como para que yo deseara verlo de esa forma, pero lo más probable era que el alcohol estuviera presentando sus traicioneros efectos.
- Soy Thomas. -me presenté impulsivamente.
Ella me miró con un brillo en sus ojos que solo pude comparar con el de las estrellas de esa noche.
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Time-Bomb [Thomas Brodie-Sangster]
Teen Fiction"Era como una Bomba de Tiempo puesta en marcha. Somos como una Bomba de Tiempo. Sabíamos que estábamos destinados a explotar." ... Thomas y _______ no se parecían en nada. Solo una cosa tenían en común. El suicidio. Parte de la novela está inspirad...
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