Ostentosa. Esa era la única palabra que podía describirla. A pesar de su imponente belleza y la elegancia que irradiaba cada rincón, Mizuki Taisho no se sentía cómoda allí. No pertenecía a ese lugar, pero había sido obligada a quedarse con la persona más orgullosa y arrogante de toda la Sociedad de Almas: Byakuya Kuchiki.
Y, como si eso no fuera suficiente, la había obligado a dormir en su habitación.
Mizuki estaba de pie, observando la cama con una expresión de pura molestia.
—¿Hasta cuándo piensas quedarte ahí parada? —dijo Byakuya, con tono irritado y sin apartar la mirada de ella.
—¿Por qué demonios debo dormir con alguien como tú? —replicó Mizuki con una mezcla de indignación y fastidio.
Byakuya suspiró con aburrimiento.
—No haremos nada impropio. Aunque se te descolara el kimono en la noche, mi corazón no se alteraría.
Mizuki apretó los dientes y le lanzó una mirada asesina mientras él daba unas palmadas en la cama, indicándole que se acostara.
—Te juro que nunca olvidaré esto —masculló, antes de finalmente acomodarse a su lado con evidente indignación.
Byakuya sonrió levemente.
—Sabes, Mizuki, no creo en los rumores sobre ti. No creo que poseas un poder tan absurdo como dicen.
Sus palabras no le afectaron en absoluto. Había escuchado lo mismo una y otra vez. Siempre dudaban de su fuerza… hasta que la veían blandir su espada. Byakuya no sería la excepción.
—Piensa lo que quieras. Ya tendrás la oportunidad de comprobarlo —respondió ella con indiferencia—. Después de todo, estarás pegado a mí en todo momento, ¿no es así, querido capitán?
Byakuya solo la observó con su impenetrable mirada antes de darse la vuelta y acomodarse para dormir.
El quinto escuadrón
Al amanecer, Byakuya ya no estaba. Mizuki encontró un desayuno servido con una nota:
*"Voy a adelantarme. Nos vemos en mi escuadrón. Debo llevarte a varios lugares antes de que te presentes a los tuyos."*
Ignoró la nota y terminó de desayunar tranquilamente antes de dirigirse directamente al quinto escuadrón.
Al cruzar las puertas, la tensión en el aire era evidente. Las miradas de todos los shinigamis estaban sobre ella. La presencia del escuadrón era… débil. Necesitaban demasiado entrenamiento.
Y al frente, con el ceño fruncido y una mirada amenazante, se encontraba la teniente Hinamori.
—Buenos días —saludó Mizuki con voz firme—. Como ya saben, seré su nueva capitana. También estoy a cargo del tercer escuadrón y brindaré entrenamiento a todo el Gotei 13. En resumen, prácticamente soy la capitana de todos.
Sus palabras hicieron que algunos shinigamis intercambiaran miradas nerviosas.
—El único capitán del quinto escuadrón es Aizen-sama. No usted. —Hinamori apretó los puños, su mirada cargada de dolor y terquedad.
Mizuki suspiró y, en un movimiento fugaz, sujetó a Hinamori del cuello, levantándola con facilidad.
—Escúchame bien —susurró con frialdad—. Abre los ojos. Él los abandonó. Intentará destruir la Sociedad de Almas, y aun así sigues llamándolo tu capitán.
Los shinigamis del escuadrón dieron un paso atrás, aterrados. Hinamori forcejeó hasta que Mizuki la soltó, dejándola caer al suelo.
—No vine aquí a ser amada ni a ganarme su confianza con dulces palabras —declaró, con la mirada helada—. Vine a hacerlos fuertes. A sobrevivir. No a llorar por un traidor.
El silencio se alargó, y justo cuando Mizuki estaba a punto de marcharse, Hinamori tomó su mano con firmeza.
—No puedo olvidar al capitán Aizen, pero confiaré en usted, Taicho-san.
Se puso de pie y se arrodilló frente a Mizuki.
—Por favor, cuide de nosotros.
Uno a uno, los miembros del escuadrón siguieron el ejemplo de su teniente, inclinándose ante Mizuki.
—¡Bienvenida al quinto escuadrón, capitana Mizuki Taisho!
Mizuki los observó con una mezcla de asombro y satisfacción.
—Entrenamiento en una hora. No quiero excusas.
Con eso, se giró y salió del escuadrón.
El encuentro con Byakuya
Apenas dio unos pasos fuera del cuartel cuando sintió una intensa presencia bloqueándole el camino.
—Creí haberte dicho que nos veríamos en mi escuadrón —dijo Byakuya, apoyado contra la puerta con los brazos cruzados.
Mizuki alzó una ceja.
—Tú no me das órdenes. De todas formas, ya me dirigía allá.
Intentó caminar, pero Byakuya la sujetó firmemente del brazo, obligándola a girarse hacia él.
—¿Ahora qué quieres, Kuchiki Byakuya?
Él no respondió. Simplemente comenzó a caminar en dirección opuesta a su escuadrón, llevándola consigo sin soltar su agarre.
—¿A dónde vamos? —susurró Mizuki, molesta.
—Por tu capa de capitana.
La soltó finalmente y agregó con frialdad:
—Deberías mostrar más respeto y no dirigirte a mí por mi nombre.
Mizuki soltó una risa sarcástica.
—No le pongo honoríficos a nadie. Tú no eres la excepción.
Caminaron en silencio hasta llegar a una pequeña casa, donde una anciana los recibió. Sin decir nada, le entregó la capa a Mizuki.
Al intentar pagar, recordó que no tenía dinero.
—Cuando lleguemos a tu casa, te juro que te pagaré —dijo, avergonzada.
Byakuya se detuvo un momento, luego simplemente continuó caminando sin responder.
"Tomaré eso como un sí…"
—¿Por qué tengo que ir a tu escuadrón? —preguntó Mizuki, alcanzándolo.
—Debo enseñarte cómo se manejan las cosas aquí.
Mizuki se detuvo en seco y lo miró con frialdad.
—No necesito que me enseñes nada. Mi familia creó todo este maldito sistema.
Byakuya se giró hacia ella con una expresión de asombro.
—¿Tú eres una noble…?
Mizuki lo interrumpió sin mirarlo.
—Así es. Pero no te contaré mi vida. Quiero estar sola.
Sin esperar respuesta, usó sonido y desapareció, apareciendo junto al río de la mansión Kuchiki.
Se sentó en la orilla, observando el agua fluir.
Pero su mente no estaba tranquila.
Algo no estaba bien.
Yamamoto aún no le había pedido una prueba de su poder.
¿Qué estaba planeando el viejo?
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Mi vida como capitana (Byakuya Kuchiki y tu)
RomanceHace mucho tiempo, se hablaba de una leyenda sobre una mujer conocida como Mizuki Taisho entre sus más allegados, una guerrera cuya presencia trajo paz a la Sociedad de Almas. Su nombre se convirtió en sinónimo de perseverancia, pues nunca se rindió...
