Había pasado mucho tiempo desde la última vez que Mizuki se sentó junto a un río para observar el cielo despejado. Para muchos, ese clima era sinónimo de calma y belleza, pero para ella, evocaba recuerdos nostálgicos. Era un día similar cuando comenzó su entrenamiento, uno distinto al de un Shinigami. Antes de conocer su zanpakutō, debía someterse a otro tipo de preparación.
Flashback
—Escuchen con atención —dijo el maestro guerrero con voz firme y una amenaza implícita en su tono—. En estos pergaminos que les acaban de entregar está su vida. Tienen dos horas para leer y analizar cada palabra. El entrenamiento comienza hoy mismo. Ah, y no me llamen maestro. Mi nombre es Nyx.
Las reglas del entrenamiento estaban claras en el pergamino:
- Las agujetas no eran excusa; entrenar con ellas hacía apreciar el dolor y el sacrificio.
- Un guerrero descansaba lo mínimo entre ejercicios; solo la extenuación total lo frenaba.
- Sus brazos y piernas eran sus únicos instrumentos de entrenamiento.
- El enfoque debía estar en los grandes grupos musculares, no en los pequeños.
- Nada justificaba faltar a un día de entrenamiento.
- Un guerrero no temía a la muerte, sino al entrenamiento.
Nyx se dirigió a Mizuki con su habitual expresión de desaprobación y aburrimiento.
—Bien, Mizuki. Ven y demuestra lo que has aprendido.
Mizuki llevó la mano a su cinturón y sintió que el alma se le caía a los pies. La única arma que tenía era una daga de hoja corta, demasiado corta comparada con una espada.
—No es mucha arma esa… —Nyx sonrió con burla—. Si no puedes manejar algo tan simple, jamás podrás utilizar un arma de Shinigami. En ese mundo las llaman... ah, sí, zanpakutō.
Nyx era un hombre alto, musculoso y ágil debido a su rigurosa disciplina. Su cabello blanco caía en rizos detrás de las orejas y su rostro anguloso estaba marcado por cicatrices de lucha. Sus ojos negros transmitían una intensidad perturbadora. Siempre vestía de negro y tenía un diente roto que le daba un aire peligroso pero atractivo. Era zurdo, dominaba todo tipo de combate y tenía un insaciable deseo de luchar, metiéndose en guerras simplemente por placer.
Mizuki trató de sonar temblorosa a propósito.
—No puedo luchar con esto…
—Qué pena.
Nyx se acercó, sonriendo. Su espada pendía de su mano con aparente indiferencia. Mizuki vio una oportunidad y no la desperdició: lanzó un puñetazo con todas sus fuerzas, golpeando la nariz de Nyx y enviándolo al suelo. Su espada salió despedida de su mano y Mizuki la atrapó en pleno salto, posicionándose sobre él.
Nyx, con sangre escurriéndole por el rostro, sonrió con una mezcla de diversión y desafío.
—Adelante. Mátame.
Mizuki vaciló. No quería hacerlo, pero no podía evitarlo. Su padre, Zeus, la había desafiado de la misma manera en el Olimpo y tampoco había podido matarlo.
Nyx reaccionó al instante, impulsándose con un salto acrobático para recuperar su espada. Atacó sin piedad, rasgando la camiseta de Mizuki y dejando un corte superficial en su pecho. La sangre caliente se deslizó por su piel, pero ella se enfocó en su entorno. Nada le serviría como arma, salvo los árboles.
Saltó, aferrándose a una rama alta, justo cuando Nyx lanzaba otro mandoble. Desde su nueva posición, le arrojó su daga, logrando herir su brazo. Nyx, sorprendido y enfurecido, saltó tras ella. Ambos forcejearon en la rama hasta que cayeron al suelo, rodando en una batalla feroz.
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Mi vida como capitana (Byakuya Kuchiki y tu)
RomanceHace mucho tiempo, se hablaba de una leyenda sobre una mujer conocida como Mizuki Taisho entre sus más allegados, una guerrera cuya presencia trajo paz a la Sociedad de Almas. Su nombre se convirtió en sinónimo de perseverancia, pues nunca se rindió...
