Hace mucho tiempo, se hablaba de una leyenda sobre una mujer conocida como Mizuki Taisho entre sus más allegados, una guerrera cuya presencia trajo paz a la Sociedad de Almas. Su nombre se convirtió en sinónimo de perseverancia, pues nunca se rindió...
-Mizuki debes salir de vez en cuando, desde la muerte de Rael has estado en encerrada escribiendo sin parar sobre ese escritorio. - Dijo Claus entrando a mi oficina
-Sandeces. - dije mientras me levantaba del escritorio y me dirigía hacia la salida. - Sígueme debo informarte algo.
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Al ir avanzando por los pasillos comenzaba a notar la inmensa alfombra de color rojo, pasar por este solitario lugar lograba tranquilizarme por escasos momentos, han pasado más de un siglo desde la muerte de Rael, no podía olvidar ese día por lo que opte por arreglar todo en mi castillo que había dejado a cargo de Claus, aumente la seguridad y la mayor parte del tiempo entrené a cada soldado de una manera exagerada, quería quedarme aquí, pero a la vez quería ir hacia donde estaba él....
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- ¿Estás pensando en algo hermana? - dijo Claus caminando a lado de mí. – ¿de que es de lo que quieres hablar conmigo?
No le conteste simplemente continúe caminando ignorando las preguntas de Claus, todo el enteramiento que he hecho hasta desmayarme del cansancio ha sido por olvidarme de aquel día, es demasiado estúpido tal vez lo que hice, pero fue lo único que lograba calmarme algo, este siglo fue "entrenar, hacer pergaminos con diferentes tipos de magia para que sirvan de entrenamiento en el tiempo que esté ausente y molestar a mi hermano mayor hijo de Zeus y la diosa Gea" había perdido contacto con mis hermanos mayores debido a que les encantaba viajar y sus lindos viajes eran de más de siete malditos siglos, los hijos que tuvo mi padre antes de conocer a mi madre fueron cuatro sus nombres eran: "Ryota (al que moleste este siglo), Kin, Naoki, Ryo" mi relación con ella es demasiado estable para mi gusto, Ryota es el que vino al instante en el que a través de una lacrima le comente lo de Rael, mis otros hermanos están fuera de rango, no he podido localizarlo, aunque es demasiado común en ese trio de idiotas.
Dejando mis pensamientos a un lado, logré visualizar el jardín que tenía lleno de globos de cantoya, debía recoger algo y decirle lo que he estado pensando a Claus, tal vez le comenté a Ryota más tarde. Al ir entrando al jardín me pare en seco y volteé hacia atrás para mirar a Claus.
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