36 // día de playa I

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» louis.



— ¡Oh vamos, Louis! Mi abuela corre más rápido que tú. ¡Eso! Un, dos. Un, dos —creo que no será necesario mencionar quién dijo eso.

En primer lugar, no sé cómo logró convencerme en venir aquí, así que ya aprendí tres lecciones el día de hoy.

1- Jamás decirle no a Harry, porque si se lo propone, mueve hasta cielo mar y tierra para convencerte en algo que no quieres hacer, o en este caso, ir a un lugar que detestas.

2- El día que salga sol, evitar completamente la compañía de Harry. Ese será su día más hiperactivo y loco. ¡Realmente el sol le afecta!

3- No mencionar la palabra playa cerca de él, porque lo primero que dirá es "¡¿Playa?! ¡¿Cuándo?!" o si el menciona eso, alejarse lo sumamente posible. ¡Te llevará a rastras!

¡Se la pasó todo el santo día insistiéndome!

En el salón de clases.

— ¿Ves ese sol reluciente? ¿Ese cielo azul? ¡Piden que vayamos a la playa! ¿Cómo puedes rechazar tan bella propuesta, eh? Anda Louis, vamos. Yo sé que quieres.

— No.

En el receso.

— Mira, hoy dieron hamburguesas gratis. ¡Y  la profesora de Arte me dio una máxima nota en el último examen! ¡Qué día tan perfecto! ¿Y sabes que lo haría más bello aún?

— No me inte...

— ¡Sí! ¡Adivinaste! Ir a la playa. ¡Eres tan inteligente, Louis! ¿Vamos?

— ¡No!

En la salida.

— ¿Compro bloqueadores? ¿Una sombrilla? No, espera. Descarta eso. Mamá tiene en casa la sombrilla de la abuela. Bloqueadores, sí. ¿Tienes mantas para recostarnos? ¡Vamos a comprarlas!

— ¡He dicho que no!

Al parecer tengo poca fuerza de voluntad, ya que ahora me encuentro siguiéndolo detrás mientras que él corre como si Brad Pitt estuviera esperándolo.

— ¡Te estoy ganando! ¡Perdedor! —gritó. Una señora que se encontraba a unos cuantos metros de mí lo miró aterrada. Cuando me observó, negué con una sonrisa.

— No, no viene conmigo.

Qué vergüenza.

Me alejé de ella, con la arena dificultándome el paso. Renegué interiormente. ¿Las estaciones se ponen de acuerdo para que en meses de invierno, traiga sol en vez de lluvias? Hasta ellas son bipolares, dios.

Pero sólo diré una cosa.

— ¡Auch! ¡Mi pie! —ay rechorcholis, creo que pisé una piedra.

Odio la playa.

¡Harry! ¡Encontré una caracola!  —escuché la voz de Cody detrás de mi. ¿No se había ido a comprar un helado? Oh, ahí lo tenía. Cody era mi pequeño primo de 10 años, que ¡sorpresivamente! había congeniado con Harry en un instante.

— ¡¿Dónde?! —Harry volteó su cabeza rápidamente con una sonrisa impecable, haciendo marcar sus hoyuelos.

Debía aceptar que tenía unos bonitos hoyuelos.

¡Aquí, mira!

De la gran maratón que había corrido, volvió hacia nosotros de la misma forma para apreciar la famosa caracola.

Louis, dame un chicle.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora