» louis.
Odiaba cocinar.
Odiaba todo lo referente a sasón, gustos, aderezos, etc, etc.
¿No les ha pasado que cuando están cerca de la cocina, quizás friendo algo, el aceite se les salta encima?
¡Es desesperante! Sientes una horrible picazón donde ha caído. Es como si la misma cocina les dijera "Lárgate de aquí, no me uses".
Incluso en la estufa. ¿No les da temor acercarse a ella? Llegas al punto de creer que esas pequeñas flamas de fuego pueden quemar todo tu cuerpo.
En conclusión: odiaba todo lo referente a cocina, incluyendo repostería.
Sin embargo, ayer me dije; Hoy ama la cocina. Mañana puedes volver a odiarla.
Entonces, he ahí del dicho que dicen: Cuando la comida (o en este caso, un keke de naranja) se prepara con amor, es deliciosa.
Yo sólo esperaba que mi amor fingido a la cocina del día de ayer haya sido grande para que éste keke hubiera salido delicioso.
O al menos que Azul me haya dado las instrucciones correctas. De veras que sí lo esperaba.
Así que con el keke intacto sobre mis manos, me adentre al salón de clases que para mi sorpresa se encontraba vacía . Con sumo cuidado, deposité el postre en mi mesa.
Sonreí ante mi obra de arte.
¿A quién estoy engañando?
Dios.
Esto es espantoso, horrible, atroz.
Qué vergüenza, que vergüenza.
Desesperado, me fijé en el pequeño reloj del aula. 07:24 AM.
Debo botarla antes de que llegue Harry; pensé mientras daba vueltas por todo el aula.
Me fijé en el postre nuevamente, y salté desde mi lugar al ver algo diminuto.
Entrecerré los ojos, para fijarme en lo que volaba cerca de mi primer postre.
Me espanté al notarlo.
— ¡Aléjate, mosca! —corrí hasta mi mesa y moví las manos en el aire. Si alguien iba a comer eso, no sería la mosca precisamente.
En eso oí la puerta del aula abrirse.
Pare mis patéticos movimientos, para quedar como estatua en mi lugar.
Que no sea Harry, que no sea Harry; rogué internamente.
— ¡Dios! ¡Hace un calor inmenso allá afuera! —lo oí quejarse. Me alivié al instante de descubrir de quién era la voz—. Pareciera que el sol se mudó a nuestra ciudad, que horr-
Se quedó quieto al ver mi postre.
Moví mis manos nervioso y cuando me miró, le sonreí de oreja a oreja— A que se ve delicioso, ¿no?
Su mirada corría hacia a mí, luego al postre y así sucesivamente. Hasta que quedó en mi— Louis...
— ¿Sí?
Señaló el keke—. ¿Qué es... esa cosa? —arrugó la nariz.
Abrí la boca, ofendido—. No es una "cosa" —recalqué. Luego sonreí orgulloso—. Es mi keke de naranja.
El no cambió su mueca de horror—. Un keke de naranja.
— Sí —me acerqué al postre. Volví a ver a la mosca más allá de mi keke, y en un acto reflejo agarré el cuaderno de mi mesa y la aplasté, formando un estruendoso sonido en el aula. Zayn saltó desde su lugar. Volteé el cuaderno, fijándome que ahí se encontraba la mosca muerta. Sonreí complacido, y miré a Zayn—. Y lo preparé yo mismo.
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Louis, dame un chicle.
ContoHarry quería no uno, no un par, no unos tres, si no todos los chicles posibles de Louis, pidiéndole a través de notas en hora de clases. © itslarryou™ 2016 || #13 en Historia Corta el 10/02/2017: ¡MUCHAS GRACIA...
