El inicio de la compañía

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¿Por dónde empezar? Imagina un pastizal, luego pon tres niños de 10 a 15 años, sentados entre la maleza hablando sobre sus travesuras y desventuras.

Ese campo verde fue "El inicio de la compañía", es un término bastante heroico y ficticio, sin embargo, se denomina así porque fue el comienzo de mi compañía. Ahí aprendí el significado de valorar la compañía, indiferente si se trata de familia, amigos, hermanos, una mascota, inclusive, un objeto inanimado que tiene valor para uno, es muy valiosa. Afortunadamente, encontré dos niños, ambos con tantas diferencias que aún no comprendo cómo nos acoplamos tan bien.

Ellos, fueron la vida de mis días por cerca de cuatro años, ya que papá y mamá en su ambición de darle sustento a su casa y a su hijo trabajaron con tanto esfuerzo que el único tiempo en el que los veía era a altas horas de la noche. Todo esto, desencadenó un desenfoque hacia la familia y empezó a quebrarse esa fortaleza que se había establecido, más no del todo, porque esa convicción que se genera como ser humano es lo que ayudó a que no desviara mi camino hacia lugares tan tenebrosos que no pudiese salir de ellos.

La compañía toma valor dependiendo de cómo se tome, porque muchos dicen estar solos y que el reflejo de un alguien no lo sienten; que no sienten ese calor humano que de por sí ya es generado por la misma esencia del ser. Pareciésemos jugando a mantener un egoísmo con nosotros mismos y con los demás que nunca sabemos valorar quién está al frente de nosotros y menospreciamos a la persona que tomó el valor de preocuparse por nosotros o tan siquiera por alguien que tomó el atrevimiento de decirte: "Oye, ¿Quieres hacer algo?". Teniendo en cuenta que esa simple pregunta te evita pasar hambres, te ayuda a salir de un espacio tenso lleno de mucha melancolía.

La desolación enseña y despoja de tantas cosas. Aprendes ese valor de cada hombre con el que te cruces por los caminos, ayuda a salir de espacios repletos de pesadez; espacios no propios para un pequeño bastante quejumbroso y te aleja de las costumbres más básicas del diario vivir, como lo es comer. Diariamente me encontraba en un lugar muy rodeado de cosas malas: sensaciones, pensamientos, objetos, personas. Lo irónico de esto es que ese lugar no era concurrido por nadie en las horas de la tarde, sólo me encontraba con mi dañina compañía electrónica, sin embargo, este fue mi guía para evitar un desahogo propio por cosas insignificantes.

Tuve una relación con un padre muy áspera porque como todo buen niño cometí errores, unos peores que otros, pero los cometí. Llegué a tal punto de perder total relación con uno de los pilares de mi vida y debilitar tanto el otro al punto de que sus ojos ya no producían ningún buen sentimiento, inclusive, era una mirada de decepción y tristeza. Esto conllevó una tensión que para un niño no era adecuada y aunque fue un chico criado de forma estricta y 'militar' esto no fue suficiente para tener la fuerza y soportar palabras mal dichas por uno de los bloques más fuertes de su vida. Puede que el drama supere a la verdadera intención del texto, sin embargo, por más pequeño que sea el problema no significa que no me pueda doler porque hasta una acción mal realizada llegue a ser de gran influencia para uno. Incluso ese papá, que fue el precursor de ese supuesto abandono porque siempre estaba la presencia más no sentía la compañía, se encargó de decir cosas que no eran propias para que un pequeño las escuchara o que una madre mirara a su hijo con ojos de decepción y pues, está bien, uno en cualquier momento comete errores garrafales, pero creo que ningún niño merece una mirada de tal tipo, ni nadie en el planeta es tan malo como para que lo miren con tales ojos. Ese es el primer paso para que alguien se pierda, por aquí comienza el deterioro de la juventud, cuando un padre mira a su hijo con tal enojo, rabia y decepción que el pequeño comprende... entiende que esto será la partida de su caída o por el contrario, será el comienzo de su crecimiento como hombre; desafortunadamente, para muchos ocurre esto primero. Siempre queda esa astilla de vidrio encarnada en la piel y cada vez que roza algo por esa parte, sentirás la perturbadora sensación; usualmente esto ocurre cuando el pilar de la vida de un niño, el que veló por su bienestar, el que se preocupó por darle todo, se va en contra de él por alguna equivocación; pero, hay una gran diferencia entre sostenerlo a acompañarlo, porque cualquiera puede brindarte la mano para aguantarte, pero otro se acerca y te dice "Amigo, vamos. Es hora de levantarnos y continuar". Irónicamente, el verdadero apoyo lo encontré afuera en la calle. Saber que la calle es tan mala pero se encuentran tantas cosas; muchos les enseñó a matar, drogarse, llenarse de malicia; a mí, me enseñó que allí se encuentran las mejores personas.

Luego de todo esto, me senté a mirar atrás, observé todo lo que había ocurrido entre mi padre y yo y es increíble saber que aunque un pilar se caiga, otro nace para sostener las ruinas dejadas por el anterior. Este pilar nació por dos niños; que curioso, dos niños hicieron el papel de padre porque fueron capaces de arrastrar mis pies hasta que pudiera pararme por mi cuenta y caminar con ellos; Llegué a pensar que éramos "Los tres mosqueteros" Y aunque de eso no tengamos nada, para mí eran como mis héroes, eran los que desprendían luz en plena niebla, los que aclaraban mi visión, los que me acompañaban a los planes más absurdos de todos. Siempre éramos nosotros y no me faltaba nada más.

Es curioso porque se sintió una ausencia muy abrumadora justo en el momento que menos la necesitaba, y la solución a esto se encontró afuera en la calle, cuando usualmente el consejo del padre es: "No busque las cosas en la calle, para eso las tiene en la casa". Que contradictorio fue para mi vida esto, saber que encontré más ayuda por fuera que en mi hogar.

No puedo reprocharle a mi padre por una mala vida porque nadie te da una mala vida, sólo usted mismo puede brindarse eso. Habrán días en el que tu alrededor no sea propicio para mantenerte bien, tenlo por seguro, pero la decisión es suya ya que momentos tristes y felices siempre van a haber, todo depende de cómo quiera afrontarlo, querido compañero; porque, siendo sincero, eso de andar por los caminos quejándote de algo que paso es muy aburridor. Inclusive, esto se ajusta a mí, porque en ese entonces fue mi decisión la que condujo a un hundimiento sentimental y de la misma forma, fue mi decisión la que me llevó a actuar con sutil ignorancia para continuar como si nada ocurriese. El enfoque de esto es ese: Siga, no se atasque. Continúe que al final del camino solo se encontrará y tendrá que decidir otro camino para andar, a veces solo o acompañado, pero decisiones se toman todos los días y sean apropiadas o no, se tienen que saber superar.

Mi padre decía: "La felicidad la encontrarás en casa, por lo tanto procura mantener más aquí que afuera." La felicidad... es tan complicada de encontrar que se podría decir que todos somos muy infelices, al límite de sentir desconfianza cuando sentimos esa nueva ilusión. Y si la felicidad está en la casa, pues déjeme decirle que hay mucha gente en casa siendo infeliz; que irónico, muchos de esos quienes no tienen un hogar similar al mío pueden ser hasta más felices que uno que se anda quejando de algo que le hizo alguien.

Alguien una vez me preguntó si algo me podría llenar de felicidad a lo que yo respondí: "Por supuesto que podemos llenarnos, al fin de cuentas todos somos unos vasos y algo siempre estará goteando hasta que nos llenemos por completo. Pero acá está el problema, cuando llegamos al punto en el que el vaso está a punto de rebosar, algo o alguien nos pone un pincho debajo del vaso, lo que consigue es volver a dejarnos vacíos. Ahí, toca sellar esa abertura para así, volver a repetir el proceso. Esto es lo que nos brinda la felicidad, nos llena hasta tal punto en el que al vaciarnos por causas propias o ajenas sentimos ese profundo golpe inhóspito.
Si me preguntas por la felicidad responderé afirmativamente porque todos en algún momento somos o fuimos felices con o sin razón pero lo somos; por el contrario, también encuentro situaciones en las que uno ni entiende lo que sucede. La felicidad... es bastante relativo, porque a usted lo llena algo que a mí me puede vaciar; a usted lo llena romper corazones, a mi me llena repararlos."

Es increíble saber que hace 4 años se creó "la compañía", casualmente en los mismos tiempos en los que todo empezó a caer en casa. Llámeme loco, pero estas coincidencias no se dan porque sí; saber que cae un bloque pero se forma otro para darle más fuerza a la estructura... es sencillamente fascinante. 

Notas de un escritor frustrado.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora