Bruja esmeralda. de Thinkus Londlord

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Es de la pureza de su piel que hice mi luna,

y del brillo en sus ojos, todas las estrellas;

para llenar con noches la eterna necesidad

que fluye por mi sangre de hambre maldita.


Y por ser yo, el heredero de tal misantropía,

pude calmar mi sed; bebiendo roció del cielo,

que se derrama a mares y cae como cascada

por su cabello: da inicio a mi solsticio poético.


Así llego a mi vida con la luz de aquel inmortal día,

era todo lo que yo quería, y hace tanto que le buscaba;

que más me hundí en su hechizo de bruja esmeralda,

porque hoy, en la oscuridad; veo el neón de su mirada.


La que me arrastra hasta el fondo de un pensamiento,

me pierdo, escucho una risa; su voz, que viene y se va,

todo es como un juego; la busco, pero no la encuentro,

y tropiezo cayéndome dentro de un bosque esmeralda.


Es hermosa dama, que mantiene los colores del alba,

para hacer crecer el crepúsculo debajo de sus ramas;

ama cada árbol, lo dice con las palmas de sus manos,

y sobre lechos de tréboles; reza como Nela a la tierra.


Para que hojas de jade caigan y danzando por el aire

consagren en viento la desnudez de su cuerpo eterno,

del que no me ha quedado nada más que un recuerdo,

y me niego a verlo marchitar tras las puertas del olvido.


Me dolió soltar su mano, dejándola a lado del camino,

porque no; no quiero abandonar lo que juntos hicimos,

cosimos en mi corazón sus caricias, con verdes espinas;

casi se rompen cuando atravesé las sombras de la noche.


Pero rodeado de esa oscuridad, pude encontrar una luz,

que ayudo a disipar; de par en par las cortinas de niebla,

le hablé al cielo, y pude mirar cada una de las estrellas;

llamándote a distancia, desde el reflejo de la luna llena.


De la más bella llama, madre redentora

del fuego fatuo, que arde para ser la guía

de las animas que se hayan tan perdidas;

vagando muy lejos del sendero de la vida.


Lo que no daría, por seguir el brillo de su mágica sonrisa,

la misma que un día me embrujo; caí, y así poco después,

atrapado entre sus raíces le empecé a querer cada vez más;

hasta, que jure mi lealtad, quedándome sentado a sus pies.


Ve, que estuve para imponer con fuerza su ley,

y también para protegerla arriesgando mi vida;

¿pero de quién...de quien más seria sino de mí?

pues, sólo éramos nosotros dos en aquel vergel.


Jugando juntos a quemarnos, y volviendo a nacer

de nuestras propias cenizas, para purificar la piel;

dulce miel fueron para mi cada uno de sus besos,

como soles cerraron las heridas nocturnas del ayer.


Mirar su rubor, fue para mí la redención de cualquier error,

por eso quise quedarme a su lado y darle toda mi atención;

pero no, pues sabemos que este dolor aún no ha terminado,

y solo tu don; seria salvación para el ultimo de mis pecados.


Por eso tuve que dar la vuelta atrás, y sin voltear a verla,

le jure regresar; ya pronto sabrá cual fue mi noble deber,

por el bien de los que ya vendrán, y por el suyo también:

me tuve que marchar, andar sin parar hasta llegar al final.


Para poder acabar de una sola vez, con todo aquel mal,

que amenace y de alguna forma pueda llegar lastimar;

a cualquiera de los que he dejado a lo largo del sendero:

primero sobre mí, antes de abandonar lo que más quiero.

Mimetismo nocturno.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora