Capítulo 6

292 48 9
                                        

Natsu

Me puse en pie dispuesto a salir corriendo hacia mi casa para leer de una vez esa maldita carta, pero no llegué a dar ni medio paso cuando Loke apareció ante mí como envuelto en una nube de purpurina. Solo dijo tres palabras, pero me llegaron al alma.

- La he encontrado.

- ¡¿DÓNDE?! ¡¿DÓNDE ESTÁ, MALDITA SEA?!

- Cálmate, Natsu. Le he hecho una visita, pero no está de buen humor. Creo.

Le observé con más atención. Tenía los ojos rojos y la cara blanca como la nieve, como si hubiera visto un fantasma. No era lo que se dice una buena señal.

- ¿Qué... qué ha pasado, Loke?

- Era ella, Natsu, pero... no era ella. Estaba desesperada por que me fuese de allí. Llegó al extremo de llamarme... arma...- Comenzó la frase con una exclamación, pero esas últimas palabras no fueron más que un susurró.- Me habría quedado, pero... Pesé que vosotros tendríais más posibilidades. Yo... sé que no lo dijo en serio, pero aún así... duele...

- Loke, ¿puedes llevarme hasta allí?

- Lo cierto es que sí. Pero Aquarious me va a matar.

- Y eso lo dices porque...

- Porque si no nos comportamos acorde a las reglas, el Rey Celestial no le concederá una llave nueva, aunque supongo que ahora Lucy es más importante, así que...

Se encogió de hombros y me tendió la mano como dispuesto a llevarme con Luce, pero mi mente se había quedado atascada en un hecho.

- ¿Para qué necesita Aquarious una llave nueva?

Su mirada pareció taladrarme unos segundos, y luego se quedó más pálido de lo que ya estaba.

- Espera... ¿Lucy no os lo contó?- Dijo, dirigiendo una mirada circular a los demás integrantes del gremio que hasta ese momento habían estado en silencio. Lentamente, negué con la cabeza, y un coro de murmullos negativos  empezó a oírse a mis espaldas.- Oh, mierda. He hablado de más. -Alzó ambas manos.- Yo no os lo voy a contar. Si quieres, le preguntas a ella.

- ¡Hey!-Dijo Gray, agitando un brazo desde el fondo del gremio para que se le oyese.- ¿Dónde está?

- En un pueblo muy al norte.- Frunció el ceño.- Si no hubiese sido yo, no la habría reconocido. Se ha cambiado el nombre, tiene los ojos verdes y se tiñe de morena. Además, se ha puesto gafas y se ha cortado el pelo.

Gray abrió mucho la boca.

- Por casualidad... ¿no será ahora Rachel Sweetsnow?

- ¿Cómo... cómo lo sabes?

Gray maldijo por lo bajo.

- Estuve en ese pueblo hace unos días, buscándola, y entré en una pastelería. La dependienta era exactamente como la describes y se llamaba Rachel Sweetsnow.

Quise lanzarme hacia él para pegarle un puñetazo por no haberla reconocido, pero ya habíamos perdido mucho tiempo. Le lanzcé una mirada a Loke y el me agarró del brazo y ambos desaparecimos del gremio.

Pasamos por el mundo de los espíritus estelares unos segundos, y tuve la sensación de que mi cuerpo iba a arder por combustión-no-tan-espontánea en cualquier momento, pero en seguida pasó y aterrizamos sobre un manto de nieve blanca de varios centímetros de grosor.

Se me cayó el alma a los pies. Luce amaba el sol. No podría ser feliz en un lugar como aquel.

La nieve hacía que su rastro se perdiese y me costase definirlo, porque además llevaba abundantes cantidades de miles de perfumes diferentes.

En resumen: no tenía ni idea de cómo encontrarla.

Pero Loke me salvó del tenerme que poner a gritar como poseso, cosa que seguro le haría huir.

- Es esa casa de allí.- Dijo a la vez que apuntaba con el dedo a una pequeña casita de piedra cuyas ventanas estaban empañadas por el frío.

De pronto, me puse nervioso. Muy, muy nervioso. Ella había estado huyendo de nosotros, e incluso había llegado al extremo de cambiarse el nombre.

Debía de tener un buen motivo, al fin y al cabo.

Pero no iba a amilanarme entonces, no después de meses buscándola, no cuando estaba tan cerca.

Me dirigí a grandes pasos hacia la casa, dejando enormes huellas en la profunda capa de nieve de un color blanco escarchado, luchando contra las ráfagas de viento que querían apartarme de mi camino.

Después de lo que me parecieron horas, llegué ante la puerta. Me detuve unos segundos ante ella, observando cada detalle, preparándome para verla de nuevo.

Era una puerta bonita, pero no de su estilo. Estaba algo gastada, obviamente por las fuertes ventiscas que solían azotarla, pintada con un color verde agua algo descascarillado. El pomo era redondo y de un color dorado brillante, con un bonito diseño de lunas y estrellas grabadas alrededor de él. Creo que era lo único que me recordaba medianamente a ella en aquel lugar.

Alcé la mano para llamar a la puerta pero me detuve a la mitad del movimiento, con el puño a escasos centímetros de la puerta.

No sabía que esperar. No sabía que pensar.

No sabía qué hacer.

Así que, como es habitual en mí, si no sé que hacer, actúo.

Y choqué los nudillos contra la puerta de madera.

Solo lo hice una vez, pero el ruido resonó por todo el lugar, e incluso a través del enorme grosor de la puerta, pude escuchar una exclamación de sorpresa.

Y era su voz.

SU VOZ.

Llevaba queriendo oírla desde el mismo momento en que dejé Magnolia atrás, y desde entonces todos los días la evocaba en mi memoria.

A la exclamación la siguió un suspiro pesaroso, y acto seguido me topé con una radiante sonrisa blanca.

No podía creérmelo. Era ella. Daba igual cuanto hubiese cambiado, porque Luce era Luce, y siempre sería así. Daba igual que se cortase el pelo, lo tiñese, se cambiase el nombre o el color de ojos.

Daba igual que llevase gafas.

Todo daba igual en ese momento.

Quise decirle tantas cosas... y sin embargo, las única palabra que acerté a pronunciar bastó para expresarlo todo.

- ¿Luce?

Tenía los ojos muy abiertos, y aunque daba igual que en lugar de marrones fuesen verdes, apenas pude reconocerla en aquella mirada que me atravesaba desde detrás del grueso cristal de unas gafas negras.

Abrió la boca. La cerró. La abrió de nuevo.

Y entonces sollozó.

Fue un sonido tan desgarrador que sentí mi alma partirse en dos.

Y solo entonces, viéndola caer al suelo, deshecha y desesperada, presionando ambas manos con tanta fuerza contra su cara que temí por sus gafas; sólo entonces, viéndola vulnerable y expuesta, me di cuenta de que quizás, sólo quizás...

Quizás había hecho mal en ir a buscarla.

Quizás había hecho mal al no leer la carta.

Pero en el fondo daba igual, porque no importaba cuan rota estuviese.

Yo estaría ahí para ayudarla a recomponerse de nuevo.

Tears ~ Fairy Tail NaLuHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora