Huida

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Una mochila. Eso es todo lo que tengo para ocupar con mis cosas y nunca volver a lo que es ahora mi hogar. Me quito el uniforme y me pongo unas deportivas, unos tejanos y una sudadera. La mochila la quiero llenar de libros, pero teniendo en cuenta de que necesitaré ropa, solo cometo el lujo de meter un libro, cosas de aseo personal y la ropa. En el libro que escogo para quedármelo, meto dinero, fotografías, y algunos papeles con muchos recuerdos. Apenas me da tiempo para escribirles una nota a mis padres: " Lo siento, me voy. Hay gente cuidado de mí asi que no teneis que preocuparos por que me pase nada. Tened siempre en cuenta que os quiero mucho." No pude evitar que se me cayeran las lágrimas mientras escribia, así que se notan las marcas en la esquina del papel. Es una nota dura, lo sé, pero es mejor que no saber nada. Aunque por supuesto, no tenía claro que fuesen a cuidar de mí, añadiendo el hecho de que no sabía absolutamente nada sobre aquellas dos personas que habían venido por mí. Sin embargo, mi instinto la impulsaba a seguirlos, no me habría perdonado nunca de haber rechazado su oferta.

Matthew viene a buscarme muy alterado.

- Ya están aquí, vamos, corre - dice cogiéndome la mano y tirando de mí.

- ¿Quién? ¿Mis padres? ¿la policía?

- Umbros. - No me atreví a preguntar quienes o qué eran, así que decidí confiar en ellos y correr. Cuando llegamos a la puerta pincipal nos cruzamos con Ethan, que estaba cerrándola.

- Ya están aquí. Hay que pelear o saltar. - Dijo Ethan

- Su cuerpo no lo soportaría.

- Bien, pues hay que pelear. - Vuelve sacar el cristal rojizo y se vuelve a convertir en el cuchillo, al igual que hace Matthew con su propio cristal. - Escóndete- me dice.

- Hay otra salida, la de emergencia. - Me giro suponiendo que me están siguiendo y les guio hasta la puerta trasera, y cuando apenas la había abierto, oigo como se hace pedazos la puerta principal, acompañada de un extraño siseo. Me empujan dentro de las escaleras y comienzo a descender, practicamente a oscuras porque las luces de emergencia solo aparecen cada dos o tres metros. Cuando oí los siseaos más cerca, se me erizó el bello y supe que nos habían alcanzado, y cuando me di la vuelta, Matthew y Ethan estaban luchando contra una masa oscura y biscosa que parecía tener tentáculos. Oigo a Matthew gritarme que continue descendiendo, y obedezco. Oigo un grito y veo caer a mis pies el cristal en forma de cuchillo, lo cogo y me doy de nuevo la vuelta, pero Matthew está delante y me empuja para que baje.

Llegamos al final y me choco contra la puerta. La abro con todas mis fuerzas y salgo. La luz me ciega, noto que alguien coge el cuchillo y tira de mí para ponerme detrás suyo. Miro esperando ver a Matthew, pero en vez de eso veo a Ethan, que me ha colocado detrás suyo.

Al mirar hacia las escaleras, no veo nada aparte de sombras, pero sigo oyendo esos siseos, parece que me están gritando en la cabeza, y me empiezo a marear.

- ¿Por qué no salen? - pregunto intrigada por el cese de la persecución.

- Por la luz del sol- contesta Matthew. Es entonces cuando veo uno de los tentáculos acercándose a la salida, pero al llegar a la línea que separa la luz de la sombra del interior, se para.

De repente, Ethan se arrodilla delante mío y deja caer el cristal tosiendo. Matthew se arrodilla ante él y lo levanta rodeándole con el brazo. Miro a su abdomen y veo que está herido. Tiene una quemadura que le ha perforado la camiseta y no tiene buena pinta. Debe de haberle dado un golpe directo de uno de esos tentáculos, y tiene más rasguños por todo el cuerpo. Supongo que iba el último mientras bajábamos. Ha salido herido protegiéndome. Me siento culpable, así que vuelvo a recoger su cuchillo para poder ayudar en algo mientras huimos, no he dado más de cinco pasos cuando noto un dolor intenso en la cabeza y me mareo de verdad. Suelto el cuchillo y me llevo las manos a la cabeza. Lo veo todo doble y distorsionado, estoy perdiendo el equilibrio así que me arrodillo para no caerme. acto seguido, pierdo la visión y la consciencia, desmayándome.

Sombras OscurasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora