Varios minutos habían pasado desde que Emmett se marchara, su padre abrazaba gentilmente a su madre quien sollozaba en una esquina, y Emma se decidía entre respetar la tristeza de todos allí, o soltar lo que pasaba por su mente, no quería ser insensible, pero era tanto, quizá demasiado lo que habían ocultado, desde lugares y poderes mágicos, hasta incluso el origen de su propio hijo, su hermano...
Intentaba excusarlos, perdonarlos de algún modo, hallar sentido, pero no, no era tan fácil, sus padres les habían mentido por mucho tiempo, y eso, eso sí era real.
―Creo que alguno debería ir a ver que esté bien, ―dijo Emma, mientras buscaba como alejarse de ellos por un momento, necesitaba estar sola y pensar bien las cosas.
―No lo creo, tu hermano necesita estar solo y tenemos que respetar lo que decidió, es su derecho después de todo ―respondió su padre.
―Ahora sí respetas sus derechos. ―dijo Emma en un ligero susurro con ironía.
Su madre agachó su cabeza, pero su padre le lanzó una mirada de reprimenda.
―Siempre los hemos respetado, sin embargo, es de mayor prioridad mantenerlos a salvo, ―exclamo su padre―. Y podrán odiarnos todo lo que quieran tu hermano y tú, pero no les permito lastimar a su madre, no lo merece, no después de todo lo que...
―Está bien cariño. ―dijo Victoria sujetando el brazo de su esposo.
Su mirada nublada ante el recuerdo de su pasado, aquel del que únicamente ella y Alexander conocían.
Su padre vestía pantalones negros, una camiseta manga larga de color azul marino, y zapatos de vestir que brillaban de lo bien lustrados que se encontraban, su reloj plateado resaltaba en su muñeca izquierda, nunca lo había visto como alguien diferente de su padre, pero allí parado, con su semblante tan serio, parecía otro de esos muchos hombres de negocios que sabían bien como mentir, de esos que tenían tanto poder, que no les molestaba a quienes pisaran en su camino hacia la cima.
Y se decía a sí misma, ¿Si acaso sería como otro de esos hombres? ¿sería ella tan ciega para no verlo? Pero ese era su padre, su amable y gentil padre...
―Debieron decírselo hace mucho, si alguno aquí no merece un corazón roto, ese es Emmett, y no trato de ser insensible con ninguno de ustedes, jamás lo intentaría, para esta edad pensaría que me conocen mejor. ―Suspiro―. También me duele ver a mamá así, yo, puedo entender que sufrieron mucho, pero cuidar el corazón de sus hijos, también debería ser prioridad. ―Les reclamó Emma molesta.
―Emilia... ―Intentó decir su madre, tomando de su mano y mirando directamente a los ojos de su hija.
Emma, observó las manos de su madre, su gentil tacto, el anillo en los dedos de ambas, los secretos... y con delicadeza, pues no quería herirla más de lo que seguramente ya estaba, retiró su mano, negando con su cabeza y reprimiendo las lágrimas que acechaban los surcos de sus ojos.
―Lo siento... ―Expresó con dolor hacia su madre, y se marchó caminando hacia la salida junto con Momo, para toparse con la jaula de Ermeliuus.
―Oye, ¿Por qué no me sacas de aquí también niña? ―dijo Ermeliuus.
Emma accedió sin pensarlo demasiado, seguramente el ave estaba tan abrumada por el drama de ese día como todos en esa casa.
―Eres Ermeliuus. ―comentó la joven con expresión vaga.
Emma tomó la jaula consigo a otra habitación, y se sentó en una vieja alfombra de lana color vino que cubría el frío piso de roble. Momo su fiel guardián se acostaba a su lado, tan vigilante como siempre.
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Ascendums: Una historia mágica...
FantasyEmma vive atormentada por sueños oscuros y misteriosos, donde voces susurrantes recitan secretos incomprensibles. Su vida, marcada por la mentira de sus padres, se ve sacudida por la llegada de una carta anónima que revela verdades ocultas. La carta...