Habían pasado más de treinta minutos y el tic-tac del antiguo reloj de pared resonaba en todo el lugar. Los rostros de todos se encontraban tensos, mientras esperaban al "consejo" del que Emma había oído hablar tanto en los últimos minutos.
Todos esperaban en el estudio de una de las tantas casas en las que se refugiaban. El lugar era oscuro, viejo y polvoriento. Apenas iluminado por la tenue luz de un antiguo candelabro negro que amenazaba con desplomarse en cualquier momento.
El polvo, cual neblina persistente, cubría cada rincón, y el olor a humedad y a papel viejo era casi tangible. Grandes ventanas, se encontraban ocultas tras cortinas pesadas de terciopelo carmesí, sumiéndolos en una oscuridad aún más profunda.
La biblioteca se erguía imponente tras un viejo y desgastado escritorio, repleta de tomos y tomos de libros escritos en lenguas desconocidas, que casi parecían susurrar promesas de conocimiento prohibido.
Emma se aferró a la silla, y trató de calmar sus latidos acelerados. El peligro se sentía acechante, palpable y amenazante. ¿Sería esta reunión el principio del fin o el comienzo de una nueva pesadilla?
― ¡Ya están aquí! ―dijo Jay apresuradamente, y la joven intentó ocultar sus nervios.
De pronto una ventisca revolvió las hojas y libros del lugar, como si de un pequeño torbellino se tratara. Tras el viento se escucharon algunas voces agudas quejarse: "odio viajar así", "ya conoces a Max, odia los portales". Por la rendija de la puerta aun cerrada del estudio, se podía distinguir un poco de la silueta de los recién llegados viajeros. <<Extraños>>
— ¡Sean bienvenidos, señores y señoras del consejo, agradezco mucho su venida! ―dijo Jay abriéndoles la puerta de par en par, ofreciendo una pequeña reverencia ante ellos.
Emilia, nunca habría pensado que aquel joven rostro se reverenciara ante nadie, pero otra vez, no le conocía de nada realmente, eran sus prejuicios hablando, se recordó, "sus prejuicios humanos".
'Los humanos le tienen miedo a la oscuridad' recordó decir al joven guardián, eso es lo que él era, oscuridad, pero esos ojos no eran oscuros para ella, sino un cielo estrellado.
Los representantes del consejo eran diferentes de lo que Emma había pensado. En su cabeza había imaginado personas elegantes de traje y corbata. O alguna clase de estilo mucho más formal. Pero contrario a eso, los recién llegados vestían capas negras algo viejas e incluso sucias. Sus rostros, ocultos bajo capuchas que solo dejaban entrever sus afilados dientes, proyectaban un aura de misterio.
—Nosotros agradecemos nos confíes la seguridad de tu protegida, Jacob. —respondió una voz aparentemente masculina de tono ronco, pero con un agudo al final casi parecido a un silbido que haría pensar que se trataba de un hombre algo mayor.
—Pensé que sería lo correcto, no sé por cuanto tiempo sea capaz de mantenerla segura de las sombras, —respondió el guardián.
Las personas del consejo hacían ademanes y asentían, parecían estar de acuerdo con Jay.
Aquel nombre, sombras, no les hacía justicia. Eran peor que una simple sombra, pensaba Emilia. Cuerpos de humo, ceniza y sombra. Aterradores, devoradores...
—Son tiempos difíciles joven guardián, "aquellos" se han apoderado de algunas de las ciudades más importantes de toda Susurrante y no parecen tener intención alguna de rendirse hasta no haberlo conquistado todo. ―dijo la misma voz masculina.
El semblante de Jay pareció arrugarse ante la palabra joven. Él no era tan 'joven', pero tampoco mucho más viejo que los que ahí estaban. En otras circunstancias aquel apelativo no le molestaría, pero sabía bajo que concepto le era dicho en esa situación.
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Ascendums: Una historia mágica...
FantasyEmma vive atormentada por sueños oscuros y misteriosos, donde voces susurrantes recitan secretos incomprensibles. Su vida, marcada por la mentira de sus padres, se ve sacudida por la llegada de una carta anónima que revela verdades ocultas. La carta...