Capitulo 14

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―Pero, pensé que la razón de todo esto era porque me lo había quitado en primer lugar. ―dijo confundida por lo que acababa de decir el cuervo, observando el aro dorado alrededor de su dedo.

―El objetivo del anillo es suprimir y mantener oculta tu magia, así nadie podría conseguirte, pero ya están aquí, así que bien podrías quitarlo, ―Momo empezó a ladrar, no parecía estar de acuerdo con lo que el ave decía—. Ah, ¿sí? ¿Tienes un mejor plan? ―Momo continúo ladrando—. Pues no la veo haciéndole caso a tu plan.

—¿Pero de qué serviría quitar mi anillo? ―preguntó a Momo y a Ermelius, ambos se vieron por un rato, Momo parecía querer evitar que Ermelius dijera cosa alguna, pero era más que evidente que a "aquel pajarraco loco" no podía importarle menos la opinión del sabio guardián.

—Tienes poderes, dah. —Respondió sencillamente, Momo ladró, y Ermelius bufó, pero Emma negó con la cabeza.

—No... no hay nada que pueda hacer con eso, ni siquiera sé cómo usarlos, no sé nada, —dijo Emma vacilando, Ermelius volteo a verle extrañado.

—¿No querías ayudar a tu hermano? ―preguntó Ermelius. El ave soltó una risita burlona, picoteando lo que veía a su alcance.

―Sí, pero es que... yo no...

― ¡Vaya! La valentía y lo testaruda te ha durado muy poco, lástima. —Respondió el ave con suficiencia—. ¿Realmente quieres que permanezcamos aquí sin hacer nada?

—Pero ¿qué podría hacer? Ha sido muy estúpido de mi parte pensar que podría ayudar en algo, protegerle de alguna forma, ¿Y qué importa si tengo poderes? No es como si supiera usarlos. —Ermelius la miró con fastidio, y voló hasta su hombro.

—"Tienes miedo... ¡Vaya, vaya! Tan típico de los humanos. —dijo el ave mientras apuntaba hacia las manos temblorosas de Emma—. ¿No te cansa dejar que el miedo te paralice?

Emma clavó la mirada en sus manos, pálidas y frías, casi parecían ajenas a su cuerpo. El tiempo avanzaba rápidamente, aumentando su creciente ansiedad. ¡Vamos, Emma! Se urgió a sí misma, pero la voz interior que la atemorizaba era más fuerte. ¿Cuánto tiempo más permitiría que el miedo la paralizara? Volteó a ver hacia donde Jay luchaba, y en ese instante, tomó una decisión.

―Quizás debería quitarlo entonces, ―dijo tanteando el anillo en su dedo.

Ermelius asintió orgulloso, pero si bien parecía estar afirmando con su cara, el resto de él parecía dudar de aquel plan, sobre todo después de ver lo que sea que estuviese sucediendo afuera, Emma no paró en ello.

Momo tampoco estaba muy seguro, y ambos se quedaron viéndose por un segundo, como si planearan lo que dirían.

―Lo sé, lo sé, podrías quitártelo, pero... ―Advirtió Ermelius—. Espera un poco más.

―Pero... ―Advirtió confundida.

―Solo confía un poco en mí, ―dijo el ave.

Emma asintió sin comprender por qué aquel viejo pajarraco había cambiado de opinión tan repentinamente.

Todos permanecían expectantes ante la batalla que se libraba afuera de la casa. Jay parecía llevarlo bien a pesar de que había cedido un poco al retroceder. Solo verle así resultaba peculiarmente incómodo, pensaba Emma, era como si le viera peleando con la nada, saltando, esquivando, y lanzando pelotas invisibles con sus manos. Se preguntó si acaso estaría rodeado, porque su cuerpo no dejaba de voltear en todas direcciones.

Emma se aferró al borde de la ventana, sus uñas clavándose en la madera, ansiosa. Un atisbo de alivio apareció en su rostro, al verlo voltear, encajar un golpe y sonreír victorioso.

Ascendums: Una historia mágica...Donde viven las historias. Descúbrelo ahora