La búsqueda ha comenzado. Mi destino es incierto, pero mi propósito certero. Puede que haya sido obligado por las palabras "has lo que te digo", sin embargo, era un bien necesario hasta para mi persona, así que este viaje no será en vano. Caminando por pasillos con infinitos senderos, los cuales desvían mi atención, logro entender por momentos los fatídicos días de mi madre. Ella, que repite y repite la misma rutina.
Debo aprender a adentrarme, ser uno en este ecosistema llamado supermercado, y encontrar ese maldito acondicionador, que hasta solo unos minutos me había enterado de su inexistencia y que por ende yo era el elegido para ese puesto. Es un honor ser llamado "elegido", te hace sentir importante y único, de esas películas de grandes caballeros o de un joven que se le es otorgado impresionantes poderes con los que debe aprender a vivir, pero este no era el caso y quisiera remarcar mi desaliente, ya que ser el encargado de una crema de enjuague no es muy emocionante, no trascenderé en la historia, esto no sobrepasara mis limites, y aún menos modificara la confianza, o es que un héroe es admirado por salvar un jabón, para nada, totalmente ridículo. Lamento decir la pura verdad y si alguien salvo un jabón y creyó ser superior, pues lo siento, has estado equivocado toda tu vida.
"Le pregunto a esta chica, debe ser empleada, está acomodando el estante"
—Perdona, ¿sabes dónde están las cremas de enjuague?
—Sí, aquí. —la chica señala justo enfrente de mí.
—ah, no lo vi —tomo el pote.
"Podría disimular esa cara de: ¿niño eres estúpido?"
La fase final, pero no la menos importante, la caja. La suerte está de mi lado, y diviso solo dos personas delante de mí. Ya tranquilo y preparado para abonar, es cuando me siento observado, bajo un poco la vista y me topo con un búho de ojos negros poseedor de una mirada tan profunda y perturbadora, que parecía como si viera tu alma y huela el miedo. Tan molesto, ¿Por qué algunos niños se te quedan viendo sin ninguna expresión?. Da miedo, ¿Qué pretende al verme de esa manera?, para colmo no dice nada, como si estuviera maldito.
—¡Pedro!, nos vamos. Ayuda a mama a cargar las bolsas de compra.
El pequeño sale de su trance y deja de mirarme, volteando la vista a su madre. No le interesaba en lo absoluto, ya se olvidó de mí y lo que dejo, fue una duda existencial en mí.
—Mama llegué, y traje el acondicionador —aliviado me siento en la silla de la cocina.
—Muy bien Dante, pero... ¡esto no es lo que usamos!, ninguno de nosotros tiene rulos. No se puede pedir nada.
Esta vida tiene tantas dificultades que no alcanzan los números, ahora veo que un "elegido" tiene sus propios problemas y errores. Me pregunto si aquel niño me quería prevenir de todo esto, jamás lo sabré. Lo que no creo, es que mágicamente se formen ondas en mi cabeza por usar algo que diga rulos hermosos.
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Relatos exagerados del joven Dante
HumorDante es un chico que narra su propia vida de una forma muy peculiar, cualquier situación de el día a día era contada de una manera EXAGERADA. Es alguien que ama leer, así que implemento en su propia vida monólogos que a partir de muchos libros leíd...