P.V. Haridian.
Desperté al lado de ese hombre que horas atrás me había hecho pasar las mejores horas y que hizo de un momento normal, algo especial, algo perfecto, y que lo remató con un beso lleno de mil sensaciones a la vez. Me sentí tan culpable, pues esa misma noche Alex volvió a aparecer en mis sueños para recordarme que me quería, y yo, tan hipócrita le volví a prometer que sería el primero y el último... ¿Cómo podía prometerle algo así, si estaba empezando a sentir cosas por un hombre al cual seguia sin saber su nombre, sin saber nada de él? Esto estaba mal. Tenía que acabarlo antes de que empezara. No podía hacerle eso a Alex, no podía irme con alguien más que no fuera él, lo estaba traicionando. Con mil remordimientos dentro de mi, cogí mis cosas, le dejé una nota y me marché dispuesta a olvidar todo lo de la noche anterior.
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P.V. Sergio.
Abrí los ojos cuando el sol empezó a dar de lleno en mi cara, tenía una sonrisa sincera en la cara. Había sido un día muy especial; había pasado gran parte del día pensando en ella y en aquella cena, y después todo había sido muy divertido y especial. Y después el beso. Fue tan especial, tan bonito; lo repetiría las veces que hiciesen falta.
Me viré para verla dormir, pero me llevé una desgradable sorpresa. No estaba, ni tampoco sus cosas, y en su lugar había una nota.
"Adiós, no me busques. Haridian."
Parecía como si me hubieran clavado una estaca en el corazón. ¿Cómo podía irse así después de algo tan bonito como lo de ayer? Preparé todo eso expresamente para ella. Nos besamos, y ella me correspondió, ¡sé que le gustó! Necesitaba verla y saber que le había pasado, que había hecho mal...
Poco después me bañé en la playa para tranquilizarme y me fui a mi casa.
Me sentía mal, me había dolido que se hubiese marchado sin decir nada, sólo dejando una nota, y con esas palabras que retumbaban en mi cabeza cada vez más; "no me busques". Empezaba a sentir miedo de alejarla de mi y no poderla conquistar... Quería algo con esa chica, lo que fuera. Quería que estuviera conmigo, que me quisiera, quería hacerla feliz y abrazarla cada noche. Me volvía loco si la tenía cerca, pero lejos de mi era peor. No estaba dispuesto a hacerle el capricho, la llamaría hasta que lo cogiese y la buscaría hasta debajo de las piedras, necesitaba volver a verla, necesitaba urgentemente de sus labios, de esa esencia que tenía, necesitaba volver a seguirle el ritmo de una manera descontrolada, pues ese beso fue el mejor de mucho tiempo.
Estaba tan sumido en mis pensamientos que no me percaté cuando Lucía, mi hermanastra, entró en la sala solo con una sensual bata que no dejaba nada para la imaginación.
- Hola, hermanito. - me dijo con una sexy voz.
- ¿Cuántas veces tendré que decirte que no me llames hermanito? - no pude evitarlo y la recorrí de arriba a abajo con la mirada. Ella se dio cuenta; había conseguido uno de sus propositos.
- ¿Te gusta lo que ves, eh? - sonrió y se fue acercando poco a poco. - Deja de resistirte hermanito, sólo déjate llevar. - se sentó sobre mis piernas y me besó. Fue un beso salvaje, lleno de pasión, ella quería sexo, era su único deseo, y tal vez, conseguir mi amor. Mientras la besaba recordé a Haridian. Entonces me di cuenta de que besaba a Lucía, no a esa preciosa chica. La aparté y salí de esa casa a toda prisa. Me sentía culpable por lo que acababa de hacer. Tenía que encontrarla.
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P.V. Lucía.
Oí llegar a Sergio y no parecía de muy buen humor; le iba dando portazos a todas las puertas que se le iban cruzando por su camino. Era el momento. Me puse una bata para dormir que dejaba ver mis largas piernas, mis brazos, y algo del pecho; sin duda quería que supiera todo lo que estaba perdiendo.
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Afortunada Coincidencia
RomanceY jamás nadie pudo reemplazar todo lo que aquel hombre sintió por esa chica, bueno, mejor dicho, aquella mujer, porque sin duda, aquel año cambió completamente; dejó de ser una joven adolescente alocada, para convertirse en toda una mujer.
