Capítulo 5 - Un nuevo picnic a la luz de la luna

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P.V. Haridian.

Me puse a recordar todo. ¿Cómo es posible que un hombre como ese se hubiera fijado en mí? Estaba tan ilusionada. Me encantaba cuando me miraba, y cuando me sonreía; tenía una sonrísa preciosa. Me encantaba cuando me pedía perdón y después me besaba, incluso me encantaba cuando se ponía de arrogante y vanidoso. Era un engreído, pero eso hacía que me gustara más.

Es increíble como me aseguró que iba a ganarse mi corazón, estaba seguro de sí mismo, y eso me daba confianza. 

Sergio, pensé. Recordé cuando dijo su nombre, y también cuando Claudia me abrazó y me susurró al oído lo guapo que era, y es que tenía razón, era un hombre muy atractivo, demasiado diría yo.

Había terminado por ser un día perfecto. Me había entendido y nos habíamos vuelto a besar.

Después de un tiempo pensando y haciendome ilusiones como una niña, decidí llamar a David. Hace días que no hablábamos y lo echaba de menos.

- ¿Quién es? - contestó con una voz adormilada.

- ¿No me digas que ya estabas durmiendo? - reí - que vago eres David.

- ¿Hari? - preguntó algo confuso.

- ¿Quién si no? - volví a reír y esta vez él también.

- Pareces feliz, enana. ¿Ha pasado algo que yo no sepa?

- ¡Han pasado tantas cosas que tú no sepas, amigo mío! - sonreí al recordar a Sergio. - ¡Quiero verte, te echo mucho de menos! - grité como una niña pequeña.

- Ey, yo también. - rió al notarme tan estusiasmada. - ¿Cuando tienes un hueco para mí?

- ¡Para ti siempre, parece mentira! Ven a buscarme mañana, a las diez en mi casa. ¡¡Y más vale que llegues puntal!! - reí - Te quiero mucho, hasta mañana. - y colgué sin dejarlo rechistar.

Era verdad, estaba tan feliz. Nunca creí que volviera a sentirme así después de Alex, pero estaba pasando, estaba haciendo mi vida de nuevo, y no quería llorar más, ni seguir enamorada de un fantasma, aunque sé bien, que jamás nadie podrá reemplazar ese amor que le tenía, y le sigo teniendo.

****

Al día siguiente David pasó a recogerme con cinco minutos de retraso, pero se lo perdoné. Estubimos todo el día juntos riendo y contandonos cosas. Me invitó a comer y ahí llegó todo lo acontecido.

Le conté de ese hombre, Sergio, y se alegró muchísimo por mi, y después él, me contó algo que nunca creí. ¡Le gustaba Claudia, mi mejor amiga! Eso si era algo increíble, y yo iba a hacer de cupído y haría que esos dos terminaran juntos, pues yo ya sabía que Claudia sentía una especial atracción por mi mejor amigo, y sé que terminarían enamorandose. ¿Podía ser todo tan perfecto?

Llegué a mi casa con una sonrísa en la cara, y llamé a Claudia. Le pedí que viniera a mi casa, y como siempre, en cinco minutos ya estaba aquí.

- ¡Cuentame absolutamente todo! - me chilló según entraba y me abrazaba.

- Que desesperadita eres... Pero lo siento, te haré sufrir, porque primero hay algo de lo que tenemos que hablar. - Se extrañó al ver mi sonrísa pícara.

- ¿Qué más importante que contarme esa cita con ese hombre? ¡Y qué hombre por cierto! - me sonrió apliamente y yo le pegué con un cojín. - ¡Ey, que eso duele!

- Eso te pasa por decir esas cosas. - le regañé entre risas.

- ¿Celosa? - me dijo levantando una ceja.

- Para nada. - le sonreí - Pero no me cambies de tema, hay algo que quería preguntarte.

- ¡Dispara!

Afortunada CoincidenciaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora