Faltan solo cinco horas. ¿En qué momento pasó tan rápido el tiempo? Llevaba toda la mañana y tarde preparando todo y ya estaba casi listo.
- Ele, ¿falta algo? - preguntó Sergio a su amiga.
- ¿Cuántas veces tendré que decirte que no me llames Ele? No soy una letra. - bufó Elena. - Sólo falta que traigas a la chica y le hagas pasar el mejor momento de su vida. ¡Pero cuéntame ya! ¿Cómo lo vas a hacer?
- Eso es sorpresa, querida amiga. - puso un rostro serio y yo reí.
- ¡Por favor Sergio, dime algo, tengo mucha curiosidad! - me suplicó.
- La curiosidad mató al gato.
- Lo sé, lo sé. - puso una mueca - siempre me dices lo mismo.
- Bueno, te diré algo. - me sonreí y asintió para que siguiera. - Como ya has visto, la playa está preparada para traerla y hacerle pasar una buena noche, y después quiero llevarla a mi casa y hacerle unos pasteles que le encantan. - suspiré y pude notar sus ojos brillando, pidiendome que siguiera. - Y después le diré todo lo que le quiero y que quiero que sea mi pareja, mi acompañante, mi mejor amiga, mi amante, mi mujer... - en ese momento Elena se botó sobre mí y me abrazó fuertemente.
- Eres un romanticón, y la conseguirás, porque se nota que la quieres, y estoy segura que ella a ti también. - me susurró al oído, me dio un beso en la mejilla y salió por la puerta deseandome suerte.
***
Definitivamente nunca había visto mi cuarto tan tirando como hoy, y total, ¿para qué? Aún no había encontrado nada que me gustase y presentía que hoy era un día especial, más de lo normal, pues desde que conocí a Sergio, todos los días mientras que estaba con él, todos, todos, eran especiales.
Al final decidí por algo cómodo pero bonito, asique me puse mis all star blancas, unos pantalones vaqueros cortos, una camisa blanca calada, pero sin mostrar mucho. Cogí unas ray-ban que eran como el leopardo, mi bolso, ¡y casi me olvido de la chaqueta! Tenia todo listo cuando sonó mi teléfono, y era él.
- ¡Hola! - saludé muy animada.
- ¿Me contestas así por qué sabes que soy yo, y te mueres por escuchar mi voz, verdad? - preguntó riendo y con una voz algo sexy.
- ¡Ni en tus mejores sueños, cariño! - sonreí y continué - ¿A dónde me llevarás hoy?
- Lo siento, Hari, pero tendrás que ir tú, sino, no será una sorpresa como Dios manda. - rió.
- ¿QUÉ? - chillé - ¿No puedes venir a buscarme? Porfi, Sergio. - hice un puchero y me puse como una niña caprichosa.
- No te pongas así, verás que merecerá la pena. - rió. - Nos vemos a las 10 donde siempre, en nuestro sitio de la playa. Hasta después, princesa. - y colgó.
¿Cómo podía ser así? Si hubiera sido otro lo hubiera dejado plantado por la cara que tenía, pero era él, el chico que ahora aparecía cada noche, para hacerme feliz hasta en mis propios sueños, y aunque aún no lo reconociera, sentía cosas cada vez mayores, sentimientos que se agrandaban con los días. Me hacía sentir dichosa cada día, cada noche, y cada segundo que utilizaba para robarme un beso, acariciarme, sonreirme o simplemente mirarme con esos ojos color miel verdoso que me tenían enamorada.
Faltaban 2 horas y estaba impaciente por salir de aquí y ver que nueva sorpresa me esperaba; quien me iba a decir que esta sorpesa por desgracia, no era para nada como esperaba.
***
Sólo quedaba media hora, para que llegara. Yo ya estaba en aquel rincón de la playa que habíamos hecho a nuestra medida, y ahora era nuestro lugar de encuentro en casi todas nuestras citas.
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Afortunada Coincidencia
RomansaY jamás nadie pudo reemplazar todo lo que aquel hombre sintió por esa chica, bueno, mejor dicho, aquella mujer, porque sin duda, aquel año cambió completamente; dejó de ser una joven adolescente alocada, para convertirse en toda una mujer.
