Y ahí estaba, acercándose a nosotros con odio en los ojos, con una sonrisa que intuía que algo no muy bueno estaba por pasar.
Noté como Haridian me cogía de la mano y apretaba con fuerza. Para intentar tranquilizarla, le di otro apretón de mano, para que supiera que estubiera ahí, y que no la iba a dejar sola.
Cada vez esa mujer estaba más cerca y no se me ocurría nada para alejarnos sin tener que enfrentarla. ¡Me estaba volviendo loco! «Piensa Sergio, ¡venga!» Me gritaba en mi subconciente, pero fue demaciado tarde, ahí estaba, delante nuestra, sonreiendo cínicamente.
- Hermanito, ¿cómo estás? - dijo ignorando por completo la precencia de Haridian. Tal vez así sea mejor. - ¡Oh! Haridian, querida, no te había visto. Mil disculpas, niñita. - Antes hablé, antes ocurrió.
- Hola, Lucía. Estamos muy bien, gracias. - dije tajante. - Ahora si nos diculpas, ya nos marchábamos. - Hice un ademán de irme junto con Haridian, pero Lucía me paró.
- Oh, no por favor. Tomemos una copa los tres juntos, para ponernos al día de como nos van las cosas y todo eso. - dijo sonriendo - Pues hermanito, desde que me echaste de tu casa no he sabido nada de ti...
Eso era cierto. La había echado el mismo día que nos amenazó, a mi y a Haridian. Era lo mejor para mi. Tenerla cerca era muy peligroso.
- Pues ya nos ves, estamos estupendamente y no, no vamos a tomar ninguna copa, es más, tenemos algo de prisa, asique con tu permiso. - Dijo ruda Hari.
- Mocosa, a mi me respetas, no soy cualquier amiguita tuya. - Dijo Lucía cogiendole por la mano fuertemente para que no se marchara.
- Lucía, sueltala. - le dije apartandole algo bruto. - Aléjate de nosotros, aléjate de Haridian y de todo lo que tenga que ver con ella. ¿Está claro? Muy bien, y ahora, ¡adiós!
Estábamos a un par de pasos de ella, yéndonos ya, cuando se escuchó su voz a nuestras espaldas.
- Eso no va a poder ser, cariño. Estoy embarazada, ¿y a qué no sabes de quién es el hijo? - Haridian se paró y se viró para escucharla. - Es de tu querido amiguito. De Marcos. No podrás alejarte de mi por mucho que quieras, Sergio, eres mío y así lo será siempre. - Y después de una carcajada retomó su camino.
***
¿Qué? ¿Un hijo de Marcos? ¿Pero, cómo era posible? Me quedé parada, estática, no sabía que decir ni como reaccionar. Sí, me había afectado bastante. ¿El por qué? Tal vez volvía a ser cerca a su amigo, pues desde su accidente nunca se separaban y estaban como antes, y el hecho de que fuera a tener un hijo con una mujer que la odiaba le hacía sentir miedo, ¿o era otra cosa?
¿Qué me estaba pasando? Tenía que hablar con Marcos, teníamos que hablar de esto. Tiene que saber que un hijo va en camino, que va a ser papá, y... No, eso no es lo que quería. Quería echarle en cara el ser tan irresponsable, el hecho de tener un hijo con apenas 19 años. Marcos no era nada maduro, y era muy mujeriego. ¿Un hijo? Ahora más que nunca tenía que estar a su lado.
Cogí mi móvil y marqué su número. Sonó 3 veces y me lo cogió.
- ¿Diga?
- ¡Eres un irresponsable! - le grité fuera de mi.
- ¿Pero de que hablas?
- ¡Vas a tener un hijo Marcos! ¿Sabes lo qué es eso? ¡UN HIJO! - grité aun más fuerte.
- ¿Qué? ¿Qué te fumastes, tía?, estás colgada.
- Ven a mi casa en 10 minutos, ni un minuto más, ni un minuto menos, y no quiero un no por respuesta. - después de la última palabra le colgué y miré a Sergio que me miraba incrédulo. - ¿Me puedes llevar a casa?
ESTÁS LEYENDO
Afortunada Coincidencia
RomansaY jamás nadie pudo reemplazar todo lo que aquel hombre sintió por esa chica, bueno, mejor dicho, aquella mujer, porque sin duda, aquel año cambió completamente; dejó de ser una joven adolescente alocada, para convertirse en toda una mujer.
