Hechos, no Palabras
"UN HOMBRE tenía dos hijos, y llegando al primero le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña. Y respondiendo él, dijo: No quiero; mas después, arrepentido, fue. Y llegando al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Yo, señor, voy. Y no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dicen ellos: El primero".
En el Sermón del Monte, Cristo dijo: "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos; mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos".* La prueba de la sinceridad no reside en las palabras, sino en los hechos. Cristo no pregunta a ningún hombre: ¿Qué dices más que otros? sino: ¿Qué haces?* Llenas de significado son sus palabras: "Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis, si las hiciereis".* Las palabras no son de ningún valor a menos que vayan acompañadas por los hechos correspondientes. Esta es la lección enseñada en la parábola de los dos hijos.
Esta parábola fue pronunciada en ocasión de la última visita de Cristo a Jerusalén antes de su muerte. El había echado del templo a los que compraban y vendían. Su voz había hablado al corazón de ellos con el poder de Dios. Asombrados y aterrorizados, habían obedecido su mandato sin excusa o resistencia.
Cuando desapareció su terror, los sacerdotes y ancianos, al volver al templo, habían encontrado a Cristo sanando a los enfermos y los moribundos. Habían oído la voz del regocijo y el cántico de alabanza. En el templo mismo, los niños que habían sido sanados, hacían ondear ramas de palmas y cantaban hosannas al Hijo de David. Voces infantiles balbuceaban las alabanzas del poderoso Sanador. Sin embargo, para los sacerdotes y ancianos todo esto no fue suficiente para vencer su prejuicio y su celo.
Al día siguiente, cuando Cristo estaba enseñando en el templo, los príncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo vinieron a él y le dijeron: "¿Con qué autoridad haces esto? ¿Y quién te dio esta autoridad?"
Los sacerdotes y ancianos habían tenido una evidencia inequívoca del poder de Cristo. Al limpiar Jesús el templo, habían visto la autoridad del cielo que irradiaba de su rostro. No pudieron resistir el poder con el cual hablaba. Otra vez, con sus maravillosas curaciones había contestado su pregunta. Había dado una evidencia de su autoridad que no podía ser controvertida. Pero no era evidencia lo que se necesitaba. Los sacerdotes y ancianos estaban ansiosos de que Jesús se proclamara el Mesías, para que ellos pudieran hacer una mala aplicación de sus palabras e incitar al pueblo contra él. Querían destruir su influencia y darle muerte.
Jesús sabía que si ellos no podían reconocer a Dios en él, o ver en sus obras la evidencia de su carácter divino, no habían de creer su propio testimonio de que él era el Cristo. En su respuesta, él evade la cuestión que querían suscitar. Y vuelve la condenación sobre ellos.
"Yo también os preguntaré una palabra -dijo él-, la cual si me dijereis, también yo os diré con qué autoridad hago esto. ¿El bautismo de Juan, de dónde era? ¿Del cielo, o de los hombres?"
Los sacerdotes y gobernantes estaban perplejos. "Pensaron entre sí, diciendo: Si dijéramos, del cielo, nos dirá: ¿Por qué pues no le creísteis? Y si dijéramos de los hombres, tememos al pueblo; porque todos tienen a Juan por profeta. Y respondiendo a Jesús, dijeron: No sabemos. Y él también les dijo: Ni yo os digo con qué autoridad hago esto".
"No sabemos". Esta respuesta era falsa. Pero los sacerdotes vieron la posición en que estaban, y adoptaron una actitud falsa para evadirse. Juan el Bautista había venido dando testimonio de Aquel cuya autoridad ellos estaban ahora poniendo en duda. Lo había señalado, diciendo: "He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo".* Lo había bautizado, y después del bautismo, mientras Cristo oraba, se abrieron los cielos, y el Espíritu de Dios, en forma de paloma, descansó sobre él mientras se oyó una voz del cielo que decía: "Este es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento".*
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Palabras de Vida del Gran Maestro
EspiritualComo Maestro, Jesús hacía uso de su pedagogía divina para impresionar la mente de sus oyentes de tal manera que grabara en ellas las verdades celestiales concernientes a Él mismo y la humanidad. A través de ilustraciones de sucesos cotidianos, o com...
