Emma, chica de 19 años, empezando sus estudios en la universidad cuando todo ocurrió.
¿Quien iba a decir que el mundo se iba a ir al carajo?
Ahora se encontraba sobreviviendo con su novio Will de 21 años, y con su madre Katy de 50 años.
Su padre h...
Todo estaba saliendo de maravilla, cada vez encontrábamos más armas y cosas que nos eran de mucha utilidad en Alexandría. Con Rick todo había mejorado, estos días a solas nos habían venido bárbaro ya que nunca habíamos podido estar solos como una pareja, y ahora que íbamos a tener un bebé eso era fundamental. Desde que volvimos a tener relaciones ¿a quién voy a engañar? no pudimos dejar de hacerlo. Las dos ultimas noches siempre era la misma rutina: guardar todo lo que habíamos encontrado, cenar, armar la cama, tener sexo y luego dormir. Realmente lo había extrañado en ese aspecto, porque no sólo me gustaba hacerlo por algo "carnal" sino porque cuando lo hacíamos, me sentía totalmente bendecida de tener un hombre así a mi lado, Rick lo hacía con tanta dedicación, me cuidaba como si temiera romperme y eso me encantaba. Por otra parte también estábamos aprovechando que mi panza aún no había crecido, ya que según Rick no íbamos a tener relaciones cuando mi embarazo ya estuviera avanzado porque la panza y el echo de estar metiendo algo por donde iba a salir el bebe, "lo paraliza". -
— Creo que ya deberíamos regresar, estamos aquí hace cuatro días — dije mientras conducía la gran camioneta.
— O podríamos quedarnos un poco más — contestó mirándome y sonriendo.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
— Está bien. Una noche más y luego regresamos — dije sonriendo. Rick acaricio mi rodilla.
Conduje por unos 10 kilómetros más hasta llegar a un pueblo muy pequeño. Tenía varias tiendas que obviamente estaban en ruinas, casas abandonadas y un viejo parque oxidado.
Luego de detener la camioneta - bajo la orden de Rick - tomamos nuestras mochilas junto con nuestras armas y comenzamos a revisar todo.
Entré en la primera casa y comencé a guardar todo lo que creía útil. Encontré dos escopetas y se las entregué a Rick, quien corrió hacia la camioneta y las guardo allí.
— Amor, mira— señalé una tienda que se encontraba a tres casas más de la que estábamos. Era de armas, y obviamente debía estar saqueada pero nunca se sabe.. quizás quedaban algunas. Rick sonrió ampliamente pero luego se puso serio.
— Sh — puso un dedo en mi boca y nos pegó a la pared.
— ¿Qué pasa? — susurré al ver que Rick comenzaba a sudar y miraba atentamente hacia la calle.
No pude entender lo que pasaba hasta que escuché los sonidos y luego los vi. Una horda de al rededor de 40 caminantes se acercaba lentamente hacia nosotros, y nuestras armas estaban en la camioneta, a muchas cuadras de donde nos encontrábamos. Solo teníamos mi pistola y la de el, pero con eso no sería suficiente, a demás atraeríamos a más de ellos.