Alcé mi mirada para ver de donde procedía aquel ruido tan fuerte, con algo de curiosidad.
A lo lejos, pude ver un camión quita-nieve que bajaba por la calle, a una velocidad bastante alta a mi parecer. Paré mis movimientos, dejando la pala clavada en un montón de nieve y miré con muchas más atención.
-¿Pero que.. .?-no me dio tiempo de terminar la frase, porque el camión recorrío la calle a gran velocidad en cuestión de tan solo pocos segundos, lo que causó que toda la nieve que estaba acumulada en la carretera saliera disparada a los lados, cayendo en los patios de toda la calle.
Me quede muy sorprendida y cuando por fin pude reaccionar, alce mi puño al aire y empecé a maldecir al conductor del camión quita-nieves, pero este ya habia desaparecido de mi vista al cruzar una esquina. El señor Bennett y otros vecinos que llegaron a ver lo que pasó, empezaron a reírse como si la vida les fuera en ello, mientras que otros se unian a mi para maldecir desde sus respectivos patios.
Baje mi puño y bufe algo molesta, aunque no pude evitar que una pequeña risita escapará de mis labios, ya que tenia que admitir que era algo gracioso.
Suspiré levemente y agarrando de nuevo la pala, empecé a cavar toda aquella nieve que el camión habia enviado a mi patio. Parecia que nunca iba terminar.
Habian pasado diez minutos y ya llevaba casi la mitad del patio delantero terminado cuando noté que el señor Bennett se acercaba a la valla que separaba nuestros respectivos patios.
-Elisabeth, ¿quieres que te ayude? -me preguntó con cara de preocupación, aunque si me fijaba, podia notar una pequeña sonrisa en la comisura de sus labios- Toda esta nieve es demasiado para ti.
-Si te soy sincera, te estaría muy agradecida si me ayudara-dije con una pequeña sonrisa.
El señor Bennett rodeo la valla y con su pala, empezó a ayudarme a quitar la nieve. Entre los dos, logramos terminar en menos de una hora.
-Por fin...-dejé escapar un pequeño suspiro, apoyandome en mi pala, para después mirar al señor Bennett con una sonrisa-Gracias por su ayuda, entre los dos ha sido mas fácil y rápido.
-No te preocupes, no pasa nada. Ya sabes que puedes contar con mi esposa y yo para cualquier cosa que necesites -dijo sonriendo, a la vez que se echaba la pala al hombro.
Justo en ese momento, su mujer salio por la puerta princial y llamó a su marido para desayunar. El señor Bennet se despidió de mi y pusó dirección a su casa, silbando alegremente ante la mención del desayuno.
Con una pequeña sonrisa pegada a mis labios, fui al patio trasero de mi casa para dejar la pala en el mismo lugar donde la habia cogido. Cerré la puerta del cobertizo y entré en mi casa por la puerta trasera. Pase la cocina y entré en el salón para mirar el reloj que habia colgado en una de las paredes, el cual indicaba que eran las diez y media.
A esta hora debería estar ya abierto el centro comercial, asi que pondria rumbo hacia allí. Aunque antes, tenia ganas de pasar primero por el parque y estar alli un rato para dibujar el paisaje, ya que esta era mi oportunidad de dibujar aquel mismo parque que ya tan bien conocía, pero totalmente nevado. Agarré mi -casi- inseparable bloc de dibujos y unos cuantos lápices, los cuales guardé en el bolsillo de mi sudadera. Tome mis llaves de la mesita de entrada, y me pusé una bufanda de color negra que habia estado colgada en el perchero que habia al lado de la puerta.
Después de comprobar que todo estaba en orden, salí por la puerta y cerré con llave. Empecé a caminar, escuchando con una pequeña sonrisa el ruido que hacia la nieve por debajo de mis botas, y pusé rumbo al parque: estaba agradecidad de que el parque estuviese cerca del centro comercial.
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La guardiana de la creatividad
Fanfiction[PAUSADA HASTA PRÓXIMO AVISO] Elisabeth Moonligth es una chica de 19 años, vive ella sola en un pueblo llamado Burguess, estudia Bellas Artes y su pasión es la pintura y la música. Ella parece una chica normal, pero tiene un pequeño secreto: ella si...
