CAPÍTULO 12. RUMBO A SUS METAS

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Sara pensaba que su situación era terrible,  estaba preocupada

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Sara pensaba que su situación era terrible,  estaba preocupada. Tenía que encontrar un trabajo rápido,  ya había ido a las constructoras e inmobiliarias conocidas,  pero viendo que no conseguiría ahí decidió buscar en otros lugares,  pero su finalidad era en el ámbito constructivo, ya que trabajando en esos lugares adquiriría la experiencia necesaria para poder algún día ser una arquitecto reconocida. Al final tenía que aceptar la propuesta de trabajo que le dio su tía, había hablado por teléfono con ella y le mencionó una vacante con un amigo de ella,  pero Sara no quería hacer lo mismo que su tía,  ofrecer fármacos y productos para farmacias no era para ella,  así no lograría lo que ella quería,  pero no le quedaba
de otra. Decidida tomó sus cosas para ir al lugar que le mencionó Brenda.

La vida de Sara no había sido fácil,  estar alejada de sus padres,  el no tener ni su amor ni su apoyo había marcado su vida. Mientras caminaba vinieron a su mente recuerdos de su niñez, esos recuerdos que pensó habían desparecido,  cuando tenía cinco años y jugaba con su padre,  donde su madre la cargaba en su regazo y le cantaba mientras arreglaba su cabello,  donde abu le hacia galletas con chispas,  esas noches donde disfrutaban en familia en esa mesa,  aunque sencilla y con poca comida, pero ella era feliz. Donde no había muchos juguetes,  ni tenían lujos, pero estaban juntos.

Recuerdos que parecían más un sueño, el sueño de alguien más. Ya que las palabras de su madre opacaban esos sueños felices.

Cuando Sara llegó a México había decidido no buscar a sus padres,  pero al no encontrar trabajo y viendo que sus ahorros se iban terminando decidió llamarlos,  su padre ni siquiera le recibió la llamada,  su secretaria se encargó de hacerle saber que no tenía interés alguno en tener algún contacto con ella,  que si quería dinero tenía que buscarlo por otro lado
En la agenda de su tía encontró el número de su madre,  la última vez Ximena había sido muy clara con Sara de que no la buscara, pero no tenía otra opción,  y Sara lamentó terriblemente esa llamada. Se había dicho así misma que ya no iba a dejar que los sentimiento se interpusieran, y las palabras de su madre afirmaron ese hecho. Y esa llamada la recordaba perfectamente

--¿Qué quieres Brenda? ¿Para que me llamas?,  te dije que no lo hicieras—Ximena sonaba cansada y enojada.

-- Soy yo mamá,  Sara – espero pero no encontró respuesta alguna – ¿estás ahí?

--¿Qué es lo que quieres?  ¿No te dije que no me llamaras? –contestó Ximena molesta casi gritando. Pensó que al llevarla al internado podría desafanarse de ella,  ella sabia que al cumplir Sara los dieciocho Alfredo iba a dejar de apoyarla con los estudios, y ella no quería cargar con esa responsabilidad,  ¿Por qué tendría que gastar en el sueño tonto de su Sara?  Lo que menos quería ella era despilfarrar el dinero en alguien que se iba a casar algún día,  ansiaba el momento en que Sara fuera responsabilidad de alguien más, y eso es lo que estaba pasando al dejarla ahí. Además, con su bachillerato podría trabajar sin necesidad de tener una carrera. Pero Ximena no le dijo eso a su hija,  al cumplir la mayoría de edad ella sola se enteraría y se imaginaba que por eso la llamaba.

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