Capitulo 9:

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La mañana llegó y el sol me golpeó la piel de tal manera que parecía que me derretía. Con un gruñido despegué mi cara de la almohada y comienzo a observar la habitación. “Vaya, pues no fue un sueño no… Pero, ¿Qué pasó ayer en concreto?” Dijo mi subconsciente con tono borracho.

Negué con la cabeza parpadeando varias veces hasta conseguir ver con total claridad. Estaba en la habitación de Sebastian en su apartamento a las afueras de la Universidad y él no estaba. ¿Qué narices pasó ayer? Vagamente recuerdo ser rescatada y después… ¡Joder! ¿Por qué lo importante no lo recuerdo?

Me precipité al borde de la cama tras dar varias vueltas en ella y me arrastre por el suelo hasta el cuarto de baño. Mi espalda dolía a morir al igual que el resto de mi cuerpo. Ya en la puerta, elevé mi mano para coger el pomo y girarlo. Antes usé este para levantar mi cuerpo débil del frío suelo. Ya en el baño rasqué mis ojos y me miré al espejo. No se veía absolutamente nada. Me puse blanca del miedo. “¿Dónde estoy en el espejo?” Dijo mi subconsciente aterrado “¿Ya estamos muertas?”

Segundos después aparecí en el vidrio despeinada, con ojeras y la piel pálida. Mis labios seguían rojos, pero de estos asomaban heridas, al igual que en mi mano y brazo. Tragué saliva notablemente. Pasé mi mano por el cabello ahora de color negro y paré mis yemas en los dos hoyuelos que sentí en mi cuello. Me quedé de piedra. ¿Puede ser que…?

Dejé caer mi cabeza y puse mis ojos en el lavabo. Intentando recordar o ordenar los sucesos. ¿Por qué mi pelo ahora es negro? ¿Por qué me volví pálida? ¿Por qué tengo tantas marcas en el cuerpo?... ¿Sebastian?

-¡Maldita sea! –Grité golpeando el cristal, sin llegar a romperlo.

Un gemido de terror escapó de mi laringe raspando mis cuerdas vocales. Delante de mí estaba yo, yo con alas negras en mi espalda, yo el ángel sin alas… Yo.

-¿No logras recordar? –Dijo.- Eres completa, la primera mestiza… Y puede que la ultima. Luz y sombra se han juntado en tu alma, tú un recipiente perfecto. Nuevas fuerzas se desarrollaran en tu cuerpo, pues un vampiro es quien te mordió sin lamento.

Mi reflejo con esas alas anchas, grandes y negras desapareció lentamente, dejando el reflejo de mi ser humano.

-¡Espera! –Exclame con desespero.

Tan pronto moví la mano las cortinas fueron arrancadas de cuajo. Solté una exclamación ahogada y retrocedí a lentos pasos hacia la habitación. Mire el espejo de la entrada, y mis ojos se habían tornado amarillos, un amarillo intenso y amenazador. “¿En que nos hemos convertido?” Pregunto mi subconsciente revolviendo su pelo.

Y la imagen de la noche anterior, todo lo que paso el día anterior… Se plasmó en mi mente como el carrete de película que pasa antes de morir.  

-¿Lesly? ¿Qué haces que no estas en la cama cariño?

Me giré de golpe encontrándome a Sebastian con una bolsa en la mano. Tan pronto mi mirada se puso en él, un objeto punzante la siguió detrás. Sebastian movió ligeramente la mano y estampó el bolígrafo contra la pared a una velocidad sobrehumana.

-Yo… -Unas lágrimas salieron de mis ojos.- No quería hacer eso...

-Ya ha empezado.-Mustió.-Brotaron pocos poderes vampiricos, pero brotaron.

-¿¡Como!? –Exclamé.

Sebastian se echó a reír.

-Ven, comamos algo. Te lo explicaré todo.

Con una de sus camisetas cubriendo mi cuerpo hasta las rodillas me dirigí a la cocina, sentándome en un taburete. Sebastian estaba de espaldas a mí cocinando, puesto que yo seguía tan impactada que no sabía ni que decir u hacer. Mis piernas temblaban y mis manos hacían lo mismo. “¿Por qué él esta tan tranquilo? ¿Qué me pasa?” Pregunto mi subconsciente dando vueltas y vueltas.

Arrastrame al infierno.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora