Me encontraba enfrente del paff, ya eran casi las nueve y media de la tarde y el sol se había apagado ligeramente. Entré por la puerta de atrás y caminé hacia mi taquilla. Dejé los zapatos a un lado, me retire la ropa y la cambié por el uniforme (el odiado uniforme) de trabajo. Anduve por el pasillo que me conducía a la barra saludando a mis compañeros en el camino. El jefe estaba esperándome embozando una sonrisa, después de todo, me tenía aprecio al igual que mis compañeros/as.
-Me alegro de que estés bien Lesly.
-Muchas gracias señor, usted también parece que se recuperó del resfriado.
-Oh.-Soltó unas carcajadas.- Tan educada como de costumbre. Bien, puedes comenzar, bienvenida.
Se alejó metiéndose en su despacho zarandeando la mano de un lado al otro.
Estaba atrapada en la barra lidiando con los clientes habituales, la mayoría ya borrachos después de unas cuantas copas. Sonreía mientras tomaba los pedidos y servía alcohol y más alcohol. Me gustaría tener otro trabajo, puesto que me roba horas de sueño, pero esto esta bien pagado a pesar de ser una simple camarera. Mi genio se desperdicia aquí con tanto humo, pero tengo que comer.
Entre la música y el olor a alcohol escuché un susurro, un zumbido, algo que me llama la atención, una persona. “¿Sebastian esta en la sala?” Pregunta mi subconsciente algo borracho por el olor. No tardé en negar con la cabeza y frotar mis ojos.
Terminó mi turno a casi las dos de la mañana. Hice horas extra. El camino a la universidad es siempre el mismo, pero esta vez, cogí atajos más cortos, para llegar antes de caer en mitad de la cera. Llevaba mi uniforme, puesto que me cambié en mi taquilla, así que con ese aspecto y el olor a cigarrillo que desprendía mi pelo, no era apropiado para cruzar las puertas del instituto.
-¿Sebastian estaba en el paff? –Murmuré aun sin poder creer la ilusión óptica que habían creado mis ojos.
Llegue a las vallas de la universidad y escalé la rama del roble que deba a mi ventana. Estaba rezando por no caerme al suelo por el cansancio, porque, joder, realmente era una altura muy importante. Saqué una orquilla de mi pelo y abrí la ventana. Entre en mi dormitorio y cerré el cristal tras mi espalda. Estaba tan agotada que me olvidé de cambiarme de ropa o algo así, simplemente me dejé caer en el colchón.
Mis ojos no se abrían y seguramente iba a ser por las malditas pastillas. Noté como unos dedos llegaban a mi garganta y segundos después la cápsula bajar por la misma. “Las chicas, después de todo.” Pensé.
-Sáltate la primera clase, trabajaste duro ayer, te lo mereces estúpida.-Escuché la voz de Alex mientras mi pelo era removido.
Sonreí para mis adentros y me hundí en mi mente.
Apenas los diez minutos habían pasado cuando escuché sonidos en mi ventana, pequeños golpes, algo que no era un pájaro. Mis ojos al fin se abrieron. Me incorporé y toqué mi cabeza la cual daba vueltas. El efecto de las pastillas supongo. Los golpecitos no cesaban y al fin giré mi cara golpeándome con los rayos del sol. Ahí estaba la figura de un chico esbelto, musculoso… Estaba ahí dando golpecitos en la ventana con su mano. Me dirigí a ella sin vacilar y la abrí lentamente.
-Vaya, si tardas más las palomas me toman de estatua ahí fuera.-Se quejó Sebas entrando como si fuera su casa.
-Perdone usted señor “visito a la gente cuando me da la gana” –Gruñí.
Sebastian mostró una sonrisa de culpabilidad y levantó una caja de bombones.
-¡Felicidades!
Mis ojos le miraron confusos esta vez. Y hundí las cejas.
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Arrastrame al infierno.
RomanceUna chica aparentemente normal con unos dones inimaginables. Un vampiro puro acompañado de sus nueve hermanos. Su atracción más grande que cualquier miedo pero... ¿Podrá existir amor entre la luz y la oscuridad? ¿Podrá encontrar nuestra protagonista...
