Supliqué su llamado y que abrigara la pena entre sus brazos. Los celos no podían colocarme paranoia de nuevo. No cuando el quemazón pasado retumbaba en mi torrente de emociones.
...
Su reflejo en aquel lago de bellezas dormidas bajo el agua cristalina, le hizo dar una sonrisa en cuanto vio un rayo de sol quedar atrapado en su pelirrojo cabello.
Pero lo que realmente le produjo un burbujeo en su pecho, fue la emoción de la cuenta regresiva para poder ver a su amiga Integra Fairbrook Wingates Hellsing.
Le conoció cuando eran ambas unas niñas, en una fiesta de familias acaudaladas, donde por supuesto; Arthur Hellsing no dudó en asistir, allí mismo conoció a los padres de la chica y a esta en un aura extrovertida para sus diez años de edad. La pequeña Integra de once años de edad fue presentada a la familia Mancini y, a la primogénita de la misma: Eleonora Mancini.
Compartían pasatiempos similares, pero también se distinguían por diferentes gustos. Un ejemplo de ello, a las dos chiquillas les atraía la cultura de Rusia, pero a la pequeña Eleonora le parecía más interesante la de Brasil. A Integra por otro lado le gustaba el arte de la pintura, mientras la otra era amante de la historia de Vietnam.
Lamentablemente, siete meses después de conocerse y ser amigas, Eleonora fue enviada a Canadá por sus padres a un internado donde las señoritas de la clase alta aprendían —más— modales y comportamientos que una futura esposa, y madre debía poseer. Arcaico y fastidioso eran las definiciones que la pelirroja usaba para referirse a ese lugar. En cambio, consideraba afortunada a la rubia. Ella seguramente la pasaba bien comandando a sus hombres y siendo una líder que infundía respeto a su persona. Luchando contra monstruos y defendiendo a su nación. Sabía de ello gracias a las llamadas que realizaba a sus padres para que estos le informaran de la vida y acontecimientos que cruzaba la muchacha.
Ahora el momento de su reencuentro le estremecía los sentidos, como una araña traviesa que le caminaba en su interior. Así pues, abandonó aquella estadía pacífica y natural para ir a donde su limusina aguardaba por ella.
Deseó con todas sus fuerzas que Integra se acordara de su antigua amiga.
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—Buenos días, Sir Integra.—saludó la joven draculina a su ama al encontrarse a esta en los pasillos de la mansión.
—Buenos días, Seras— devolvió la otra con educación. Pese a lo ocurrido anoche en la cena al ver a los dos vampiros en el mismo restaurante que ella y su acompañante arribaron.
—Verá, lo de anoche con mi amo...—la pobre chica sentía los nervios martillarle el pecho.
—No te preocupes, Seras. Comprendo que hayas salido con Alucard. Pero ciertamente me ha parecido imprudente el hecho de ir al mismo restaurante donde yo fui con Enrico Maxwell. Y también el hecho de haber dejado la mansión sin protección.
Walter no siempre estará para ocupar el cargo de guardia.
Claro que le hacía sentir a la vampiresa una pizca de remordimiento por lo que pasó cuando la noche tiñó la ciudad. No albergaba rencor hacia la jovencita, pero sí que deseaba recalcar que cualquier plan esporádico proveniente de la enigmática mente del vampiro mayor, daría como resultado un tren descarrilado.
Además, ya lograba ocultar nada mal bien los celos que sintió en la velada. La liberó el hecho de que no existía una relación romántica entre Alucard y Seras. Por suerte la escapada con su amo, le recompensaría con frutos ulteriores. Un secreto que se vería muy pronto. Bendito plan del nosferatu. Pero no hay que olvidar, los secretos son consecuentes de muchos sucesos futuros.
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© El plan maestro
FanfictionEfímero y mortífero como un beso de la misma muerte que se mofa de quienes sufren en vida.Hermoso y seductor le definen. Caballero que despide fuego en sus ojos. Príncipe que ama el elixir de la sangre. Conde cautivo de la belleza de su ama. Inclus...
