Capítulo 9

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Hundió sus labios en mi alma, hasta permanecer como una estatua. Alegre y con la sangre corriendo por mis venas, dispuesta a alimentar la esfera de fuego de su muerto corazón.

                                      ...

Llamado de amor, ese anhelo era inmortal cuando ambas eran niñas. Sintió como si una víbora le mordiera y el veneno de esta le paralizara.

—Por favor, no seas absurda. Tan sólo fue una ilusión que contemplamos de niñas — repuso con seriedad.

—Integra, sé que sólo era una fantasía en nuestras alborotadas y locas mentes. Pero la realidad es, que tus sentimientos hablan por sí solos. Aquéllos celos no son normal en ti.— replicó un poco exaltada—. Sinceramente no pensé que estuvieses enamorada, y menos de un...

—De un vampiro. Un monstruo inmortal. El hijo del Diablo—. corroboró ella enseriada.

—¿Es que no lo ves? ¡Eso es lo de menor relevancia! Estoy segura que si tu madre viviera, estaría de acuerdo conmigo.

La dama de hierro se recitó esas palabras en su mente. Quizás y Eleonora tenía razón, su madre probablemente le entendería. Resultaría extraño, puesto no todas las madres desean como pretendiente a un vampiro para su hija precisamente. Además de no haberle conocido, no podía asegurar nada.
Pero que más daba, incluso el mismo Arthur Hellsing se hallaría perplejo por dicho suceso.
Sacudió la cabeza, mostrando un laberinto de expresiones mezcladas.

—No. No son por esas razones precisamente. Él me ha ofrecido la inmortalidad varias veces. ¿Y todo para qué? Para ser una criatura como él, un demonio que bebe la sangre de los otros para existir. He contemplado la idea de lo que eso significaría. Se atrevería a convertirme en su amante como las otras tres que tenía antes. Una humillación total a mi familia. Aberrante y...— le fue difícil argumentar aquellas palabras que les quemaban el pecho.
Un argumento debajo de la manga por algún problema ulterior.

—Querida, sé que ese temor te persigue. Pero presiento que Alucard no te ve como un objeto bonito nada más. No, estoy segura que hay algo más profundo de lo que él mismo esté enterado.

Eleonora prácticamente aseguraba sus propias palabras. Ella no conocía personalmente al nosferatu, pero percibía las intenciones de este hacia Integra, no era nada pasajero. Ninguna aventura fugaz. No, no, no. Si un don poseía la extrovertida pelirroja, era el de averiguar información que sólo las personas guardaban para ellas mismas. Un buen método que podía usar para favorecer a esos dos.

—Eleonora, aunque tus suposiciones sean certeras, eso no descarta la posibilidad de una catástrofe a futuro. Algo podría salir mal—. Terca, demasiado terca era.

Ah, y regresamos a la misma historia —. se quejó con una mueca de impaciencia.— Has de saber que cualquier pareja se las ve difíciles casi siempre, ¿verdad?

—Sí, lo sé. ¡Maldita sea! ¡Ya lo sé! Es sólo que...— su voz se fue menguando.

—¿Sólo qué...?— quiso saber Eleonora.

Soltó un suspiro pesado, profundo y sonoro. A su vez se sentía egoísta por impedir no solamente su propia felicidad, sino la del vampiro también.

Detesto admitir esto, pero...— retuvo sus palabras unos segundos, insegura— tengo miedo.

Admitió, siendo presa de la vergüenza tras confesar eso. Su amiga frunció el ceño, no creyendo lo que acababa de escuchar por parte de la rubia.

—Creo que estoy sorda porque escuché que tienes miedo. Tú nunca le temes a nada o nadie. ¿Por qué...?— cuestionó confundida.

—No es la clase de miedo por algún peligro. Más bien es la clase de miedo a que todo resulte fantástico con él y de un día para otro...se termine como si nada. Es aquel mi único temor. Perderle después de enamorarme como una niña boba. Sólo eso.

© El plan maestroHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora