Capítulo 8

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Los latidos de mi corazón se registraron en mi mente. El representó toda calidez y a la vez frialdad. Fue el más cruel de mis problemas.

...


-¿Qué te parece a Perú? O tal vez, no lo sé, ¿Irlanda?- Eleonora indecisa anunciaba los lugares que deseaba conocer. Y es que ir con su mejor amiga, le traería un fulgor descomunal.

-No es mala idea los que ya mencionaste. ¿Por qué no vamos a Italia? Allí naciste tú.- sugirió la dama de hierro, surcando una sonrisa en la comisura de sus labios.

Un silencio les sumergió por unos momentos, al parecer Eleonora cambió su expresión de alegre y emocionada, a una afligida e incómoda. Algo en su interior le dolía como trozos de vidrio incrustados en su cuerpo. Pero en realidad en su mente. Integra se percató de ello, así que se animó a hablar.

-¿Pasa algo malo Eleonora? Jamás me contaste los motivos de tu llegada a Inglaterra con tus padres. Y la razón del porqué no volvieron a Italia.

Continuaron su rumbo de nuevo a la mansión, el sol brillante y lleno de vida poco a poco había sido sustituido por el atardecer. Algunas personas todavía transitaban por la vía pública. Mientras Eleonora e Integra ya se habían marchado del zoológico para no tropezar con ningún inconveniente más tarde.
La pelirroja después de un rato decidió confesar lo que le mantenía tan hostil con su lugar de nacimiento y donde se crió mayor parte de su vida.

-Verás, Integra- comenzó engullendo saliva con dificultad-, nosotros nos mudamos de allá por problemas personales.

-¿Problemas personales?- repitió.

-Sí, no queremos volver para dejar muy bien enterrados los recuerdos malos- cada vez, su voz se agrietaba.

-Oh, ¿pero tan malos recuerdos son para no querer ir de nuevo?- inquirió la rubia frunciendo ligeramente el entrecejo.

-Lo que ocurrió es que...- sentía que sus bonitos ojos avellana se llenaban de tóxicas y dolorosas lágrimas -abusaron de mi madre. Unos hombres ebrios cuando ella salió de una ópera. Esperaba a mi padre que iría por ella afuera del lugar.
Sin embargo, no tuvo tanta suerte estando sola allí.

Integra miró con dolor a su amiga, antes de que siguiera hablando le proporcionó un abrazo tan afectuoso que ni siquiera Alucard reconocería de su propia ama. Eleonora sin pensarlo dos veces, correspondió al abrazo ejerciendo más fuerza que la dama de hierro. En esos momentos necesitaba una persona que le ayudara a no caer en un tornando de mal recuerdo.

-Fue por eso que mi familia y yo decidimos irnos definitivamente de Italia. Inglaterra nos pareció un lugar bonito, así que nos instalamos en Londres- comentó limpiando las gotas gruesas que desprendían sus ojos.

-¡Oh, querida Eleonora! Lamento tanto escuchar esto. Disculpa por hacerte contarme cosas tan terribles.- fue dueña de una culpa tan grande que se asfixió por un momento en la misma.

-Descuida, Integra. Siendo mi mejor amiga debías conocer la verdad. Sin secretos perdura la paz.

La líder acarició el cabello de su amiga, siendo aún más reconfortante. Tan sólo imaginarse el hecho de lo que sufrió la pobre señora Mancini le atravesó el corazón con ímpetu. Cuanta crueldad para una mujer tan bondadosa como lo era Elsa Mancini. Este mundo estaba mal.

-Gracias por tener la confianza de contarme algo tan delicado cono esto. Si hay algo que pueda hacer yo para ayudarles, dímelo.

-Ay, amiga mía. Aprecio tu generosidad, pero no hay nada de que preocuparse en el presente. De igual forma si un problema surge te lo haré saber de inmediato. Y te digo lo mismo a ti, Integra. Siempre eres un buen apoyo.

© El plan maestroHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora