XI
Recobré la visión, pero no sé para qué, si la luz de un foco me la apuñaló sin piedad. Ardía, realmente molestaba mucho. Y los oídos tampoco ayudaban en nada, los sentía como si los hubieran metido en una bañera con agua y apenas comenzaban a destaparse, era como estar sordo, o algo cercano a ello.
—¿Me puedes oír? ¿Cómo te encuentras?
Estaba mareado, pero no respondí. Es decir, cuando ha terminado la intervención médica, lo que el doctor espera es que le digas que estás bien y te lances a besarle las manos y otras cosas— especialmente si no tienes dinero—; nadie espera que le digas: “eh, estoy peor a como vine”. Además, no recordaba por qué estaba en aquella situación…
—¡Qué hora es!— Grité asustado.
—¿Qué?, ¿qué?
—¡Qué hora!, ¡la hora!
—No lo sé...
—¡Maldición!, ¡solo dime la hora!; ¡la hora!
Estaba muy alterado, y a él lo alteraba más; ya sé que no sabía nada sobre el detonador que tenía implantado en el cerebro, pero créeme que nadie jamás se detendría a explicarle a los demás todo los problemas que uno tiene. Por último, no hubiese servido de mucha ayuda el salvarme la vida, si al despertar reventaba al instante como una bolsa de agua tras caer al pavimento.
—Cuatro y cuarenta de la madrugada—. Respondió tranquilamente una joven que estaba al lado mío.
Creo que era la enfermera del lugar, no me lo preguntes a mí; ya sabes, no soy biógrafo. Pero sí que parecía una enfermera. Lo extraño era que no tenía mucha expresividad en el rostro; tan expresiva como el concreto.
—Lo siento—. Me calmé—. Es que por un segundo creí que…
—Qué susto. Acabo de terminar de reconstruir tu memoria y de pronto explotas en gritos. ¡Vaya infeliz!
—Creí que eran las seis.
—¿Las seis?
—Olvídalo. ¿Qué tal la memoria?— Recorrí con la mirada todo mi cuerpo, y percibí que aún no tenía ni la mano izquierda, ni el brazo derecho.
—Se puede decir que tu memoria está bien, si queremos ser optimistas. Pero no tengo más tecno-implantes, ni bios, ni nada; no me quedan…
—No puede ser. Eh, si es por el dinero, no te preocupes, te lo pagaré.
—No es por eso… De vedad, no tengo más implantes, están agotados. Aparte de eso, tenemos que hablar de tu memoria. Acabo de ejecutar en ella una dosis de Ret.
Con sinceridad, se me fue de la cabeza el problema del brazo.
—¿Cuántas?— Pregunté.
—Muchas. Mira, lo que te sucedió fue grave. No sé, ni mi importa que me digas quién te lo hizo, no quiero involucrarme con la gente que te contrató; pero tu memoria se echó a perder, por completo. Ahora, aún sigues consiente, porque recuperaste la memoria actual, sacrificando tu memoria pasada, ¿comprendes?
Quedé en silencio como nunca en mi vida.
Quizás no lo comprendas, pero de verdad no tengo ganas de contártelo… Bueno, solo un poco: Cuando quemamos a alguien, le reventamos la memoria… no literalmente, pero se la aniquilamos. Es la forma más fácil de matar a alguien, es como dejarlo descerebrado, o sea, sin vida.
En mi caso, supongo que aún me mantuve consiente por estar conectado a la Conciencia, a esa otra entidad; pero mi memoria ya no existía desde hace unas horas. Entonces el Ret me ayudó a recuperar algunos recuerdos, sobrescribiéndolos en toda mi memoria pasada. ¿Comprendes, no?, ¿verdad? Ahora soy como un extranjero en mi cuerpo, como una nada. No hay pasado, solo vivo el presente; y a cada instante el presente se sobrescribe sobre mi pasado, literalmente.

ESTÁS LEYENDO
Quemado Rápido
Science FictionUna entidad ronda las entrañas de la macrópolis de Filish Mort. El Castor, un famoso hacker de la Unión Oriental, ha logrado extraer un software de la mafia, generando un revuelo en las redes. Por su parte, la organización del crimen, ha contratado...