Capitulo 5: Raptada

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Capitulo 5: Raptada

Alexandra comenzó a abrir sus ojos poco a poco, sentía todo su cuerpo muy pesado:

-¿Qué fue lo que ocurrió?, ¿Dónde estoy?

 Trato de sentarse y comenzó a mirar todo a su alrededor estaba en una habitación inmensa, la cama donde se encontraba estaba cubierta de velos color rojo carmesí, la decoración era realmente exquisita, espejos con marcos de oro y plata, alfombras de color negro y rojo. Al final de la habitación diviso un gran ventanal que daba hacia un balcón donde se podían apreciar  los inmensos jardines del castillo.

Paso enfrente de un gran espejo y se dio cuenta de que vestía un otras prendas con le pertenecía, llevaba un vestido con encajes, el cual le apretaba un poco un corsé que resaltaba sus enormes senos, por el pronunciado escote de este, todas sus prendas eran de color blanco marfil.

Camino hacia la puerta de entrada de la habitación trato de abrirla, pero llevaba cerrojo. Trato de forcejear la puerta pero le fue inútil, estaba completamente trabada. ¿Acaso la habían encerrado a propósito?

-Pero que está sucediendo aquí. Ángel, más vale que me des una explicación de estos, ¿me oyes? donde quiera que te encuentres.

En el ventanal que daba hacia el jardín vio una silueta de color negro que entro como una ráfaga de viento .Entro a la habitación, donde Alexandra apenas podría ver como esa silueta tomaba forma humana.

-Veo que despertaste, espero que este aposento sea de tu agrado porque no saldrás de este lugar en mucho tiempo, a no ser que tu conducta rebelde hacia mí cambie.

Ángel se aproximo a ella rozándole levemente su mejilla con la punta de sus dedos, lo que ella rechazo de inmediato.

-No me puedes hacer tu prisionera, tarde o temprano las personas me buscaran, mis amigas en el trabajo se preocuparan por mi y darán con este lugar.

-Tus amigas, mmm muy, como decírtelo, están muy  dispuestas a satisfacer mis peticiones, gracias a ellas estas aquí, ¿o ya lo olvidaste?

Alexandra recordó el número de móvil, más sabia que sus amigas se lo dieron para calmarla

-Sí, ellas me dieron tu móvil, pero eso fue para que pudiera hablar contigo, nada más, no veo que hay de raro en eso para ti.

-La verdad que nada querida, absolutamente nada. Ahora descansa que en unas horas más debes estar lista, para el festín que daremos en tu honor, será tu bienvenida a mi mansión.

-No iré a ningún lugar que tú me ordenes, solo quiero salir de aquí e irme a mi hogar, y no tener que saber más de ti ni nada que tenga que ver contigo ¿me oyes?

-Querida mía, hoy te demostrare porque debes obedecerme, así que más vale bajes a cenar cuando suenen las campanas de lo contrario sentirás con gran pesar no haberlo hecho.

Ángel se dio media vuelta, abrió la puerta de salida de la habitación y salió de allí.

Alexandra corrió para poder escapar, pero la puerta nuevamente se encontraba cerrada.

-No bajare, claro que no lo hare, ese hombre entenderá de que yo no le pertenezco, no soy un juguete con el que puede jugar a su antojo.

Se dirigió a la cama y recostó para intentar dormir.

Horas después sintió las campanadas a lo lejos, abrió sus ojos, definitivamente no bajaría, el tendría que entender de una vez por todas que ella no era de su propiedad, intento seguir durmiendo

. El sonido de las campanadas ceso, y la puerta de la habitación se abrió de manera estrepitosa. Alexandra se puso de pie sobresaltada viendo como ingresaban a la habitación unos hombres vestidos completamente de negro, y con antifaces que solo cubrían sus ojos.

La tortura de amarteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora