Solo los dos

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Los meses transcurrieron sin problema, el tiempo con Brandon presente parecía detenerse, siempre salíamos juntos, no había un día en el que no nos viéramos, muchas veces no podía recogerme en la escuela pues su carrera de empresario se lo impedía, viajaba seguido para atender sus asuntos, me resultaba tan imposible que toda mi imaginación se volviera realidad, el temor de que todo sea un mal chiste me enloquecía.

Fin de semana, nos dirigíamos al cine en Madryn, por fin un descanso de tantas pruebas, y discusiones. Todo el día paseando por diferentes lugares, comprando libros, viendo tiendas, un paseo romántico por el muelle y por último una linda cena en un restaurant, decidimos pasar todo el fin de semana allí, alquilamos un hotel de cinco estrellas a petición de él, con vista al mar, perfecto para un par de amantes, me sentía tan nerviosa de dar el siguiente paso, sabía que él no me presionaría, pero yo quería hacerlo, quería ser completamente suya y el mío.

Una vez en el hotel, tomamos un baño y pedimos unos licuados, lo que usualmente tendría que ser vino para completar la atmósfera, pero yo no tomo y él no lo haría sin mí, nos reíamos mientras disfrutábamos nuestro licuados, una pareja bastante peculiar, creo haber visto una sonrisa en el camarero al entregarnos las bebidas, que importaba si hacíamos algo que no es lo esperado, nada lo es.

Nuestras miradas se encontraron, él se acercó lentamente, temiendo que huyera, pero lo imite, hasta que nuestros alientos se mezclaron, pasión es todo lo que había en nuestros cuerpos, besos apasionados sin nada de delicadeza, enrede mis piernas en su cintura mientras me cargaba hacía la cama, sus manos por todos lados recorriendo cada centímetro de mi cuerpo, y las mías enredadas en su pelo, para profundizar los besos, mi espalda choco con el colchón mientras el no perdía tiempo y subía sobre mí sus brazos a cada lado de mi cabeza para evitar aplastarme , tantas veces que imagine una escena así, me sentía tan nerviosa, los temblores por el deseo no pasaban desapercibidos por él, acariciaba mis brazos mientras descendía con sus labios por mi cuello, queríamos que esta noche por ser la primera de muchas sea tranquila, desabroche su camisa, y al momento las ropas de los dos fueron desapareciendo, dejándonos al merced del otro, aparte mi mirada, me sentía tan avergonzada.

_Eres hermosa-dijo tomando mi rostro en sus manos, para que lo mirase.

No respondí nada, pero en su lugar tome sus labios, para que continuásemos, le di la señal de que estaba lista, escuche el sonido del preservativo al ser abierto, se lo coloco, y mientras nos mirábamos fijamente apreté su mano, el entendió la afirmación y lentamente fue colocándose en mi entrada, me tomó suavemente hasta que nuestros cuerpos fueron uno, agotada por la experiencia me quede dormida en sus brazos.

Los rayos del sol interrumpieron mi sueño, y el aroma delicioso a comida hizo que me enderezara en la cama.

_Buenos días preciosa, como te sientes?-dijo con una sonrisa Brandon.

_Buen día, me encuentro excelente y tú?-dije levantándome, mis piernas se sentían muy débiles.

_Perfecto, tómalo con calma, quieres darte un baño antes de desayunar?-comenzó a quitarse la remera que traía puesta, dejando ver unos abdominales del infierno.

_Podría ser, pero cuál es el motivo para que quites tus prendas?-dije divertida.

_Cariño estas muy lenta, despabila es para entrar contigo, necesito cuidarte por si te tropiezas o algo-su sonrisa pícara se hizo presente.

_Creo que estaré bien sola, dije levantándome, las sabanas cayeron dejando ver mi desnudez.

_Por favor-hizo un puchero muy tierno, lo mire con cautela y camine despacio hacía el baño, deje la puerta abierta en señal de invitación, no hubo dudas en sus acciones, ya estaba a mi lado para tomar un ducha relajante.

Terminamos el día agotados, decidimos tomar el colectivo de la tarde para llegar y acomodar todo, mañana sería un día de clases agotador.

"Los buenos tiempos siempre terminan, por un simple capricho del destino"

                                                                                                                    Sheila 12 años.


El chico que me imagineDonde viven las historias. Descúbrelo ahora