Dylan supo que el momento de defender la Isla había llegado. Justo después de que Liam insultara a Bill por sus comentarios, tomó a Selina de la mano y comenzó a correr hacía el puente que los llevaría al otro extremo del risco. Si se apresuraban, quizá llegarían rápido a alguna línea transversal que los llevaría directamente al sur, por donde estaban llegando Ben y sus hombres. Liam debía conocer de memoria en qué puntos de la Isla estaban ubicados.
Antes de que pudiera reaccionar, un portal se abrió frente a él, y un par de segundos después, aterrizó en un suelo cubierto de musgo, aún con Selina a su lado, y con Bill, Liam y Aurora a sus espaldas.
—¡Demonios! —soltó Liam—. ¿Qué demonios acaba de ocurrir?
—Nos acabo de ahorrar tres horas de camino —indicó la mujer, peinando su cabello hacia atrás.
—Puede abrir portales —le explicó Bill, levantándose.
Dylan soltó a Selina para sacudir su cabeza varias veces. Estaba mareado, de nuevo. Cómo odiaba los portales.
—¿Cómo puedes...?
—Ahora no es tiempo para preguntas —terció Dylan, levantándose y comenzando a ver a su alrededor. ¿A qué zona los había llevado Aurora?
—La costa está hacia allá.
La mujer señaló a las espaldas de Dylan, y el muchacho asintió agradecido, tomando nuevamente a Selina de la mano y comenzando a internarse en los arbustos que los rodeaban.
Poco a poco, el olor a agua salada y el golpeteo de las olas contra la bahía le fueron indicando que se encontraban cerca. Al pasar unos minutos, fue Selina quien detuvo al muchacho, para luego agacharse por debajo de los arbustos que dividían la meseta. Por debajo de ellos se encontraba ya la playa, y como había dicho Liam una hora atrás, había dos botes con varias docenas de hombres con ellos. La mayoría comenzaba a desembarcar cajas, armamento, mochilas y municiones.
—Vienen más botes —señaló Selina al fondo—. Miren.
Dylan alzó un poco la mirada y alcanzó a ver lo que la chica señalaba. Tenía razón. Otros seis botes de gran tamaño se aproximaban.
—Traigo binoculares —Liam se sentó al lado de Dylan, se quitó la mochila de la espalda, y al sacarlos se los tendió a su amigo.
En cuanto enfocó la mirada en el objetivo, supo que aquella sería una batalla ruda y difícil. En los botes que se aproximaban a la Isla tenían vehículos pesados. Un par de camionetas blindadas, e incluso motocicletas para cargamento militar.
—¿De donde salen estos tipos? —soltó Dylan y le pasó los binoculares a Selina.
—¿Abrir un portal en el mar para que desaparezcan es mala idea? —preguntó Bill, sabiendo que la respuesta era negativa.
—Sería algo riesgoso para mí también —respondió Aurora.
—¿Para qué tienes esa habilidad si no vas a...?
—¡Perdóname, pero yo no elegí nacer con...!
—¿Quién está juzgando algo como eso?
—¡Podría hacerte aparecer en uno de esos botes para que...!
—¿Podrían callarse? —les espetó Dylan, alzando un poco la voz—. No dejan que me concentre.
—¿Concentrarte en qué? —preguntó Liam.
Pero ninguno volvió a alzar la voz, ni a comentar cosa alguna.
Del otro lado de la meseta, más allá de la orilla de la playa, algo se movió por debajo de las aguas. Algo increíblemente grande que, en un abrir y cerrar de ojos, emergió de las profundidades, y con las enormes fauces que disponía, desapareció tres de los seis botes que se aproximaban. El megalodonte se sumergió de golpe, provocando un oleaje terrible para el resto de los botes.
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Paralelo [Pasajeros #4]
Science FictionEl tiempo se agota. Las Tinieblas han sido liberadas, y parece que el destino de todas las dimensiones pende de un hilo que puede ser cortado en cualquier momento. El caos parece estar por doquier. El grupo de Pasajeros, reducido y separado, deberá...
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