V. Hora del té

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ChangKyun nunca se consideró un cobarde. El miedo era una de las muchas emociones que podía llegar a sentir, pero él siempre las mantuvo bajo control a todas y cada una de ellas. Nunca se dejó llevar por los sentimientos, ni siquiera el amor. Pero al parecer, aquello había cambiado cuando llegó a ese retorcido mundo.

Desde que cayó por aquel agujero interminable, se dio cuenta de que fue un cobarde por haber escondido los sentimientos que tenía por el chico de la finca de al lado y por estar huyendo todo el rato. Tenía miedo de morir, y ya se estaba empezando a cansar.

Tal vez también fuese un insensato, y aquello fue lo que le llevó a coger el otro kukri que estaba en el cinto de Wonho y a colocarse frente a él, agarrando el cuchillo con sus manos temblorosas, pero con determinación en los ojos.

Quería demostrar que no era un inútil ni un cobarde. Él podía luchar, podía hacer algo por ayudar en vez de esconderse como un cachorro asustado.

—¿Qué coño estás haciendo? —murmuró Wonho sin salir de su posición de defensa—. Ponte detrás de mí. Ahora.

ChangKyun supo por su tono de advertencia que debía obedecerle, y aun así no le escuchó.

—Quiero ayudar —respondió tratando de sonar firme, apuntando el arma hacia un soldado que se acercaba con una sonrisa burlona en sus labios.

—No estás ayudando, vas a hacer que nos maten.

Wonho estaba muy enfadado, era seguro que le iba a sermonear en caso de que salieran vivos de esa. Tragó saliva cuando un soldado le hizo una seña con el cuello a otro, el cual corrió hacia ChangKyun pegando un grito y con su espada en el aire; lo único que pudo hacer el humano fue cerrar los ojos con fuerza, experimentando lo que en muchas películas ocurría cuando un personaje estaba a punto de morir.

Vio a su abuelo sentado en su butaca, fumándose un cigarro en una nube de humo y observándole jugar con sus muñecos en la alfombra del salón. Vio a su abuela riñéndole por haberse manchado de tierra en los cultivos. Vio a su padre concentrándose en arreglar un viejo reloj para poder ponerlo a la venta en la tienda.

Y se vio a sí mismo correr por el campo hacia una persona que le esperaba con los brazos abiertos...

Justo entonces, un sonido metálico resonó en el claro del bosque y su corazón se detuvo. No sintió el dolor que se esperaba y abrió un párpado lentamente; Wonho estaba ahora delante de él, protegiéndole con un brazo y listo para realizar un contraataque que nunca llevó a cabo. El híbrido observaba con los ojos muy abiertos lo que acababa de suceder justo frente a él: el soldado se había quedado inmóvil, tenía un cuchillo clavado en el cuello por el cual la sangre resbaló segundos después. Su rostro perdió la vida y cayó al suelo como un saco de piedras, siendo observado por el resto de estupefactos soldados.

El claro del bosque permaneció en un silencio aterrador hasta que fue interrumpido por una risa que resonó de entre los árboles coloridos. Los soldados miraban en todas direcciones asustados, alzando las armas hacia el peligro desconocido. Wonho suspiró negando con la cabeza al reconocer la risa y relajó el cuerpo, sabiendo lo que estaba por venir.

—¿Queréis que os cuente una historia? —preguntó la voz en un tono divertido. Acto seguido, un cuchillo voló por el lugar y provocó que otro soldado cayese muerto al suelo. El resto se fueron juntando aterrorizados antes de que volviese a hablar—. Unos siete soldados, bueno, ahora son cinco... fueron a un bosque a meter sus narices donde no les llamaban. —Otro soldado cayó muerto con un grito ahogado, llevándose una mano a su garganta sangrante atravesada por un pequeño cuchillo—. Y, ¡oh, vaya! Esos cuatro soldados tuvieron la mala suerte de toparse con una casa que nunca debieron encontrar.

Daniel's Madness [WonKyun]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora