IV. ¿Qué es ser humano?

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El frío danzaba en el aire y atravesaba la piel de todo aquel que estuviese deambulando por el bosque de noche. Pero aquello no fue un impedimento para que ChangKyun se perdiese en los recuerdos de sus cálidos veranos de la infancia, los cuales le permitieron sentir un leve calor en su corazón, incluso en la punta de sus dedos.

Su sueño transcurrió igual que todos los anteriores, la única diferencia fue que el cielo ya no estaba despejado, sino que unas nubes grises cubrían parcialmente el resplandeciente sol. Pero el calor abrasante seguía estando ahí, al igual que la húmeda tierra bajo sus pies, la sonrisa en sus labios y su peluche favorito agarrado firmemente por su mano.

Y, de nuevo, una figura cuyo rostro no alcanzó a ver se agachó frente a él y le acarició la cara con suma delicadeza. Se despertó cuando los suaves dedos le colocaron un mechón de pelo tras la oreja, pensando en si algún día llegaría a descubrir quién era esa persona.

Tal vez fuese su madre...

Ahora estaba despierto, y el frío de la noche le golpeó con crueldad, haciéndole recordar que estaba tendido sobre la hierba a los pies de un árbol, muy lejos del camino de los sauces del que habían huido. La palma de su mano derecha escocía y palpitaba del dolor: el corte que se había hecho al agarrar el cuchillo por el filo estaba empeorando, y arrugó la nariz al notar el desagradable olor que la sangre de la herida desprendía.

ChangKyun intentó reconciliar el sueño, pero la muerte en los ojos de Khalil seguía muy presente en su cabeza. Se acabó rindiendo al no poder sacar de su mente aquella horrible imagen y se irguió con todos sus músculos adoloridos por dormir en el suelo.

Wonho estaba a unos metros de él, sentado en la hierba, la luz de la luna creciente bañando su pelo blanco descubierto de su boina negra; su chaqueta descansaba a su lado, dejando a la vista la holgada camisa que cubría su pálido cuerpo. Pero lo que captó la atención de ChangKyun fueron sus finas orejas: estaban alzadas hacia el cielo, y su pelaje brillaba incluso más que sus cabellos. Parecían casi translúcidas.

No quería molestarle puesto que parecía estar encerrado en sus pensamientos, en un mundo incomprensible para ChangKyun, pero en el cual, al mismo tiempo, deseaba entrar. Wonho despertaba en él una tremenda curiosidad, anheló poder leer sus pensamientos; y aun así estaba seguro de que, aun teniendo tal poder, sus emociones seguirían siendo algo indescifrable.

El pelinegro dudó unos segundos antes de acercarse a él y sentarse a su izquierda. Sus orejas descendieron, escondiéndose tras su cabeza, y sus manos pálidas sostenían un reloj de bolsillo dorado que, en cuanto notó la presencia del humano, se guardó en un bolsillo de sus pantalones negros. Parecía ser el mismo reloj que le compró en la tienda de antigüedades.

¿Qué conexión tendrían ese mundo con el suyo? Primero se había topado con el chico de la tienda, pero obviamente eran dos personas distintas que únicamente compartían el rostro, y también tenía el mismo reloj de bolsillo. ¿Acaso habría otro ChangKyun en esa otra realidad?

—¿No puedes dormir? —inquirió Wonho tras un rato de silencio; ambos se habían quedado observando el cielo nocturno cubierto de estrellas e iluminado por una luna de un tono azulado, distinta a la de su mundo, y se habían olvidado de iniciar una conversación. El tímido aroma a incienso y vainilla que desprendía Wonho también era una leve distracción.

—...No.

—¿Pesadillas? —ChangKyun decidió mentir y asintió levemente con la cabeza—. Me pasa lo mismo —confesó Wonho con el rostro cansado, sus ojeras grisáceas confirmándolo.

ChangKyun se preguntó si él debería tenerlas también. Había caído en un mundo retorcido, matado a una persona y estaba atrapado sin ninguna esperanza de poder volver a casa... y, aun así, había podido dormir, aunque hubiera sido durante poco tiempo.

Daniel's Madness [WonKyun]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora