Capítulo 10

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Después de unos minutos aun con lagrimas en los ojos, bajo las escaleras y veo las luces de  su despacho encendidas, y me dirijo hasta el. Al acercarme a la puerta lo veo sentado junto a su escritorio, pensativo y con mis bragas en sus manos.

—Creo que eso me pertenece. –Le digo al tocar.

Lo sorprendo con mi llegada.

—Ahora son mías. –Asegura al abrir una gaveta y meterlas allí.
—Solo vine a despedirme, debo irme. –Le digo secamente al salir de su despacho.
—¡Isabel espera! –Lo oigo decir, pero sigo caminando.

Debo salir rápido de aquí, no quiero verlo.

—¡Isabel espera ¿A dónde vas?! –Vuelve a decir, pero esta vez en tono enojado.
—No lo sé, tal vez a perder mi virginidad en otro lado ¿Qué te importa? – Y esta vez mi tono es más fuerte que el de él.

Puedo oír sus pasos acercarse tras de mí, y justo cuando abro la puerta, él la cierra de un tirón.

—No iras a ningún lado. –Dice Nicholas.
—¿Por qué no? –Pregunto.

Él no me responde solo toma mi mano y me hace subir las escaleras mientas tira de mi.

—Nicholas ¿A dónde vamos?

No me responde.

Llegamos a la habitación.

—Quítate la ropa. –Me ordena en tono molesto, mientras él se desviste.
—¿Para qué Nicholas? –Pregunto con cierto temor.

Él se acerca y bruscamente trata de subir mi vestido yo se lo impido haciéndome para atrás.

—¿Qué haces Nicholas? –Pregunto con miedo.
—¿No era esto lo que querías? Perder tú virginidad. –Dice con una mirada oscura.

Me invade el llanto y no sé porque recuerdo lo que sucedió con Mark.

—Por favor, no me lastimes. –Digo con miedo, dando un paso atrás.

Nicholas corre hacia mí y me abraza, y solo sentir su cuerpo junto al mío todo miedo desaparece. Nicholas me suelta y ahora su mirada se torna preocupada.

—Isabel lo siento, perdóname. Lamento haberte dicho eso. –Se disculpa en tono sincero.

Sus palabras borran de un plumazo todo, pero también quiero saber porque se comportó así.

—¿Dejaste de desearme… Por saber que soy virgen? – Digo entre sollozos.
—Aun te deseo Isabel –toma mi rostro en sus manos–. Pero es más complicado que eso.
—¿Explícame por qué? Necesito entenderlo. –Pregunto.
—Porque tú necesitas el típico hombre que te de cariño, y yo no soy de esos.
—¿Y qué tipo de hombre eres tú? –Pregunto.
—Uno del que no debes enamorarte.
—¿Y por qué no debo enamorarme de ti?
—Porque ya te dije que yo no doy amor, solo proporciono placer.

Tomo valor y me acerco a él  tratando de seducirlo, mientras me contoneo. Sus ojos brillan sorprendidos mientras me levanto en puntas y muerdo su labio inferior, él cierra sus ojos y yo susurro en su oído.

—Quiero esa noche de la que me hablaste.
—Estas juagando con fuego Isabel. –Advierte.
—No importa solo quiero que me hagas tuya.

Aunque solo sea una noche. Me digo a mi misma.

—Ten cuidado con lo que pides.
—No lo estoy pidiendo, lo deseo.
—¿Estás segura? –Pregunta dudoso.
—Completamente. –Afirmo convencida.

Me rodea con sus brazos  y me besa apasionadamente.

—Tú ganas Isabel, te haré mía si es lo que quieres. –Dice con una mirada ardiente.
—Es justo lo que quiero.

Destino ¿Te atreverías a creer en él?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora