Capítulo 5

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No he podido sacar de mis pensamientos el encuentro sorpresivo entre Nicholas y yo  en su academia. Como fue tan intenso y excitante, como al tocar su pecho no sentí miedo ni pánico, más bien sentí curiosidad, deseo y mucha excitación.

Está más que claro que ese hombre te excita.

—¿En qué piensas cariño? –Me pregunta mi tía sacándome de mis pensamientos.
—En que espero que a Luz le guste los obsequios que le compramos. –Le respondo.

Estamos en una cafetería degustando unos aperitivos, caminar tanto nos dio un poco de hambre, pero la caminata valió la pena. Hemos comprado los obsequios para el cumpleaños de Luz y de seguro le gustarán.
Mi tía le compró un hermoso vestido estilo princesa, y yo le compré un Relicario en forma de corazón, para que en él pueda colocar las fotos de mis tíos.

—Estoy segura que le encantará, y me gustaría comentarte algo –el rostro de mi tía cambia al instante y se torna serio–. Sé que no te gusta hablar de este tema, ¿pero recuerdas la carta que me diste a guardar? –Me pregunta.

Mi corazón se llena de nostalgia al recordar esa carta que todavía ni siquiera he leído. Al llegar a la casa de mis tíos se la entregué a mi tía, y desde entonces no he tenido el valor de leerla, porque al hacerlo me hará recordar ese día tan doloroso para mí.

—Si tía todavía recuerdo la carta, ¿qué ocurre con ella? –Le pregunto.
—¿No crees que es hora de que la leas? –Me incita mi tía sacando la carta y entregándomela.

Y está justo como la recuerdo, sobre en blanco, con el sello del abogado y mi nombre en él.

—Tía no es el momento para leerla. –Le respondo con cierta incomodidad al hablar de esto.
—Nunca lo será cariño –ella toma mis manos y continúa–.  Y la mejor manera de cerrar ese capítulo en tu vida, es saber que quería decirte tu padre.

Y por más que no quiera ni me sienta lista, mi tía tiene razón. Debo leerla y cerrar de una vez por todas ese capítulo en mi vida. Ya no hay nada que me haga volver a mi país, aunque he oído y leído que las cosas están muy fuertes en Venezuela. Como extraño mi país, su gente, sus playas, calles, platillos y lo más importante esa alegría, carisma y audacia que caracteriza al venezolano. Aunque mi ida de Venezuela fue forzada, nunca he dejado de sentirme orgullosa de ser venezolana.

—Tienes razón tía, debo leerla y cerrar ese capítulo en mi vida. –Exclamo muy decidida a leerla esta noche.

De camino en auto hacia mi apartamento no dejo de pensar si tendré la fuerza y el valor de leer esa carta. De repente imágenes de mi padre y yo compartiendo momentos felices vienen a mi mente y me sacuden por completo.

Como me entendía y conocía sin necesidad de hablarle, solo al ver mis gestos sabía si estaba triste o si algo me molestaba. Aun recuerdo la primera vez que le dije, lo que sentía por la música. Ese día nunca lo voy a olvidar.

Vamos Isabel se lo puedes contar, te entenderá de eso estoy segura. Comenta mi voz interior.

Lo sé, y es por eso que estoy aquí en su despacho esperándolo.

La puerta del despacho de mi padre se habré y me tenso por completo al saber que ya está aquí.

—Hija de verdad disculpa la demora –mi padre aparece en mi campo de visión al sentarse en su escritorio–. ¿Qué era eso tan urgente,que querías hablar conmigo? –Me pregunta en tono preocupado.

Empiezo a sentirme muy nerviosa.

—Padre me gustaría entrar en una academia de música –él se sorprende y me apresuro en explicarle–. Pero eso no quiere decir que vaya a descuidar los negocios ni la empresa. –Le aseguro.

Destino ¿Te atreverías a creer en él?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora