Capítulo 12

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Al llegar a la sala lo encuentro de pie admirando la hermosa vista de Manhattan, se ha remangado las mangas de la camisa.

Guao, que perfecta y tonificada espalda.
Céntrate Isa. Comenta mi razón.

—En la encimera te prepare un té –se gira hacia mí, con las manos metidas en los bolsillo–. Te voy hacer una propuesta, y quiero que cuando decidas lo hagas con claridad.

Lo miro confundida, mientras comienzo a tomar mi té.

—Propuesta, no entiendo. –Pido que me explique, mientras dejo la taza de té en la encimera.
—Primero el té. –Indica, para que lo siga tomando.
—Nicholas…
—El té. –Vuelve a decir.

Lo miro molesta, y tomo la taza de té y me lo tomo de un tirón.

—Contento –coloco la taza nuevamente en la encimera y me cruzo de brazos–. Ahora explícate.
—Mi propuesta consiste en mostrarte cada noche, por el tiempo que este aquí  lo que me muero por hacerte –comienza a explicarse–. Y solo hay cuatro puntos importantes que debes aceptar, para que esto pueda funcionar. –Dice.
—¿Cuáles son? –Pregunto curiosa.

Nicholas comienza a acercarse a la encimera, con pasos decididos.

—Primer punto; yo decido cuando tengo suficiente de ti –su mirada comienza a intimidarme–. Segundo punto; no veras a nadie más, mientras tengamos este acuerdo. Si decides aceptarlo –coloca sus dos manos encima de la encimera, y se inclina para que lo oiga muy bien–.  Tercer punto; debes entender que no soy un hombre de amor, yo solo proporciono placer. –se inclina hacia atrás y se cruza de brazos–. Y por último; esta propuesta terminara al haberse cumplido los cinco días, y es cuando entenderás como soy en realidad. –Termina de explicarse.

Es demasiada información, necesito pensar todo esto.

—¿Debo decidir ahora? –Pregunto.
—Solo tienes diez minutos para decidir –comienza alejarse en dirección a las escalera–. Si decides no aceptar te podrás seguir quedando, y lo harás en la habitación que ya escogiste –se detiene a mitad de las escaleras–. Pero si aceptas, estaré en la habitación. –Sentencia al terminar de subir y dirigirse a su habitación.

¿Ahora qué voy hacer?

Lo más sensato, es decir que no. Comenta mi razón.
Solo has lo que deseas en verdad. Contraataca la voz de mi interior.

Sé que debería hacer lo más sensato, pero y si tal vez sea diferente para él. Además no es como si estuviera enamorada de él, eso él lo dejo muy claro. Aceptare y cuando sienta que estoy empezando a sentir más, que solo una simple negociación me alejare y de seguro él seguirá con su vida y se conseguirá  a otra conquista.

Aparto esos pensamientos.

Me dirijo a las escaleras con los nervios a flor de piel…

Al llegar a la puerta de la habitación toco.

—Adelante –tomo la manilla de la puerta y la giro, lo encuentro de pie en la ventana de su habitación–. Debes saber que al dar un paso adentro, no habrá vuelta atrás. –Me advierte.

Cuadro los hombros y entro por completo.

—Aquí estoy, muéstrame lo que te mueres por hacerme. –Le pido con determinación.

Nicholas se gira hacia mí, y me sorprende su mirada.

Es una mirada con malicia, deseo y pasión, todas mezcladas. Atrapándome por completo.

—Quítate la ropa. –Dice con voz ronca, pero firme.

Su petición me toma por sorpresa, pero hago lo que me pide.
Comienzo por los zapatos, luego me volteo.

—Podrías ayudarme con el cierre. –Le pido.

Lo escucho acercarse.

Coloca mi cabello largo castaño, a un lado de mi hombro y comienza a bajar la cremallera del vestido, y al instante recuerdo que no llevo bragas. Pero es muy tarde para detenerlo, al sentir como mi vestido cae al suelo, dejándome totalmente desnuda.

Aunque no diga nada, sé que  está mirando mi desnudes y preguntándose ¿por qué no llevo bragas?

—¿Por qué no llevas bragas, Isabel? –Pregunta Nicholas en tono enojado.
—Yo…
—No te atrevas a mentirme.

Me armo de fuerza y decido decírselo, ya que fue por culpa de él, que hiciera esta travesura.

—Lo hice porque estaba molesta contigo –me giro hacia él–. y quería hacerte molestar. –Le digo la verdad.
—¿Hacerme molestar? –Pregunta.

Yo solo asiento, levantando mi mentón en alto.

—Dejemos algo muy claro venezolanita –coloco un mechón de cabello tras mi oreja–. Ahora que aceptaste esta propuesta, no volverás hacer algo así, ni menos volver a salir sin bragas a no ser que yo te lo pida. –Informa.

Su manera de llamarme así, me hace sentir una alegría que no sé cómo explicar, pero lo que dice me molesta un poco.

—Nicholas…

Pero no me deja terminar al besarme, haciendo que olvide todo. Me recuesta en la cama, mientras se cierne sobre mí sin dejarme de besarme. Siento como una de sus manos comienza el recorrido por mi cuerpo, bajando lentamente por mis hombros y hacer una breve pausa en mis pechos tomando un pezón y  pellizcarlo.

—Veamos si con estos simples roces, me dice con quién estuviste. –Comenta.
—Nicholas…

Su otra mano hace su camino hacia el centro de mis piernas y comienza a estimular mi clítoris haciendo círculos, increíblemente delicioso. Comenzando a volverme loca.

—¿Con quién Isabel? –Pregunta.
—Chris.

Nicholas detiene sus movimientos, y me mira con enojo al escuchar el nombre de Chris.

—Ya te lo dije Isabel, yo no comparto. –Me recuerda.
—Chris es solo un… Amigo. –Le explico.

Nicholas me mira sin decir nada, y vuelve a juntar sus labios con los míos. Comenzando nuevamente con su tortura en mí centro. Me arqueo al sentir como me penetra con dos dedos, sintiendo que estoy a punto de venirme. Pero de repente Nicholas se separa de mí, colocándose de pie.

Abro los ojos de golpe y lo miro confundida.

—Este será tu castigo por no haberme dicho dónde estabas, y con quien –comienza alejarse a la puerta–. Estaré en mi despacho. –sentencia al salir, dejándome así.

Miro la puerta cerrarse sin poder creerlo.

Me ha dejado así, pues no le daré el gusto de verme aun excitada por él, cuando vuelva. Me coloco el vestido y salgo de su habitación, hacia la que con mucha inteligencia escogí.

Habiendo transcurrido un rato me encuentro metida en la cama, muy molesta por seguir excitada, pero con la satisfacción de que él no vera, cual molesta estoy por lo que hizo. Cierro los ojos por un momento y aunque me cuesta un poco, consigo dejarme llevar por el sueño…

Siento que brazos fuertes me levantan de la cama, pero no sé si es un sueño o una realidad. De lo que si estoy segura es que ese aroma a pecado y placer, que usa como perfume, es embriagador.

—Nada de eso venezolanita –me recuesta y me arropa–. El acuerdo también incluye que dormirás conmigo. –Lo oigo decir al sentirlo recostarse también.

Me rodea por la cintura y pega mi espalda a su pecho, y solo sentirlo así de cerca me despierta por completo. Pero sigo fingiendo que sigo dormida.

—Buenas noches venezolanita. –Dice.

Pasan unos minutos y puedo sentir como su respiración, se vuelve lenta al haberse dormido.

Sonrió por esta manera de dormir, jamás había dormido con nadie así, ni siquiera con Mark.

Ignoro ese pensamiento y cierro los ojos, para ver si puedo volver a dormirme nuevamente y aunque parezca extraño, me dejo llevar por el sueño con un sentimiento que no me logro explicar, y del cual no quiero indagar…

Destino ¿Te atreverías a creer en él?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora