CAPÍTULO 3

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No me dio tiempo a reaccionar y chillé como si haciéndolo me fuera a salvar de la caída, pero me temo que no fue así y me ahogué en mi propio grito. Saqué la cabeza y pestañeé un par de veces boquiabierta, sin saber qué hacer después. Levanté la vista y miré a mi alrededor, a la gente que estaba fuera de la piscina riéndose de mí. Yo no era así de patosa, nunca había sido humillada de esa forma. Había sido todo culpa de Harry y él disfrutaba viéndome sufrir. Después de un par de carcajadas, Harry percibió la cara de odio con la que llevaba varios segundos mirándole y corrió rápidamente a ayudarme.

-¿Me ayudas a salir después de haberme tirado? No, gracias, puedo yo sola.

-Creo que ahora mismo el orgullo no te sirve de mucho.

-Serás imbécil…

“Será imbécil” seguía repitiéndome en la cabeza. Había hecho el ridículo de mi vida y no dejaba de rondar por mi cabeza. Yo iba a ser el único objeto de conversación de los que habían ido a la fiesta durante las próximas semanas. Y no me preocupaba solo ser el tema principal, sino saber que iban a reírse de mí día sí y día también. Tierra trágame. Pensé en volver a meter la cabeza en la piscina hasta ahogarme, pero “no exageres, la vida sigue” me dije en voz baja.

Harry volvió a ofrecerme su mano y la agarré para poder subir con más facilidad al bordillo. Salí con el vestido rojo completamente pegado al cuerpo y con el pelo chorreando. Harry me miró de arriba abajo haciendo fuerza con sus labios, intentando que no se le escapara ningún gesto de burla. Pero, sin poder evitarlo, soltó una carcajada mientras daba palmadas al aire.

-No te ofendas, pareces una foca de circo. –Le dije enfadada.

-Creo que no te has visto bien, parece que te han envasado al vacío.

-Ja-ja. Muy gracioso.

-Y con el olor del agua de la piscina creo que te acercas a una sardina enlatada.

-Joder, mierda, se me ha caído el reloj… Todo por tu culpa.

Estaba a punto de saltar otra vez a la piscina, pero Harry me agarró del brazo, obligándome a mirar para atrás.

-Espera, ¿pero qué haces? ¿Te vas a volver a meter en este asco de piscina solo para coger tu reloj? –Preguntó asombrado.

-Total, ya qué más da.

-Eh, eh, ¿y cómo que por mi culpa? ¿También tienes problemas de memoria? –Preguntó riendo.

-Dios mío, ¿no te cansas de vacilarme? ¿Puedes parar ya? Ese reloj era importante.

-¿Importante? ¿Cuánto costaba?

-No es el precio, tenía valor sentimental, pero veo que eso tú no sabes lo que es.

-¿Qué tenía de especial?

-Es lo único que me quedaba de…

Antes de que pudiera terminar la frase la sonrisa de Harry cambió por completo, su mirada se llenó de tristeza y arrepentimiento. Miró al suelo avergonzado, se quitó la camiseta y se tiró de cabeza.

Empezó a buscar el reloj por el suelo de la piscina, cogiendo aire de la superficie cada vez que lo necesitaba. Yo estaba de pié observándole desde el bordillo. Pasaron unos minutos y, aunque pensaba que me iba a resultar divertido, empecé a sentirme mal. Harry sacó la cabeza del agua y dio otra bocanada de aire, pero grité su nombre antes de que volviera a sumergirse.

-¿Qué pasa? –Dijo acercándose a donde yo estaba.

-Déjalo, sal ya, no lo vas a encontrar.

-Da igual.

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