De mi boca salieron mentiras.
Dije una por cada paso que daba al escapar de ti.
Te di la razón, aunque mi pensar fuera otro.
Abrí mis ojos para cerrar mi corazón.
Tus lágrimas se desvanecían por tus mejillas,
y yo solo contemplaba tu belleza.
El mundo se acababa,
y no podía perder un segundo más...
Al pagar mi maldición,
una silueta acendrada apareció ante mí.
En ese instante, el infinito se detuvo:
el cielo se volvió negro,
las paredes se helaron,
y el tiempo dejó de correr.
Sentí tu fantasma,
tu recuerdo,
tu amor, tu piel, tu voz.
Lo sentí todo tan de cerca...
Me observabas,
mirándome a los ojos,
diciéndome que todo estaría bien.
Pero entonces te dije "te amo".
Fue la última vez.
Y desapareciste.
Contigo se fueron mis ojos,
mis manos,
mi nombre,
mi voz,
y la torre de París que guardaba en mi corazón.
