Capítulo II. a

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Kang DongHo, la voz de su generación.

Kang DongHo, el vocalista dotado.

Kang DongHo, el arte hecho hombre.

Kang DongHo, el grande.

Pero ya no más.

Apenas se dejaba ver el sol entre las nubes aquella mañana lluviosa de abril cuando el otorrinolaringologo se vio en el deber de comunicarle a DongHo el mal que lo aquejaba. Había pasado días con un dolor, una molestia que no le dejaba en paz, hasta que los días se vieron convertidos en semanas, y luego estas en meses, y el trabajo del corpulento hombre se vio afectado también.

Un tumor en las cuerdas vocales. Avanzado y aunque benigno, igualmente peligroso.

Esto no podía estarle pasando, se dijo Kang aquella tarde, mientras repasaba una y otra vez la hoja de resultados de la biopsia aplicada, casi rogando internamente que los datos plasmados cambiaran entre aquellas acciones. El tumor no se esparciría a otras zonas de su cuerpo, pero seguiría creciendo hasta atascar su garganta. Su única opción era una operación que limitaría la capacidad de sus cuerdas vocales, y eso era algo que él no se podía permitir.

Y sin embargo lo hizo. Se sometió a la operación para poder salvar su vida, con la esperanza de que el director del teatro lo entendiera. Claro, sus compañeros siempre habían sido como su familia, incluso desde que salió del colegio y comenzaron su carrera como actores de musical como un grupete independiente.

Pero el director no era uno de ellos, el director era un hombre amante de los negocios, más que del arte.

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- Claro que lo comprendo, Kang - Le sonrió el hombre con fingida empatía, mientras en su dentadura relucía a momentos un diente de oro como prueba de su avaricia innata - Pero, como verás, estamos a punto de empezar una nueva era con la compañía, ya sabes...musicales distintos, más modernos, en sitios más grandes, con mayor asistencia y mayor ganancia. Ya tenemos un contrato.

- ... - DongHo no podía argumentar, ni siquiera podía vocalizar aún, aquella era su primera visita en el hospital después de la operación que había durado casi diez horas. Hubiera preferido que fuese JongHyun, su amigo de infancia, o MinHyun, su competencia favorita en los concursos de canto. Incluso hubieran sido bien recibidos los novatos de la compañía. Pero no aquél ave de mal agüero.

- Necesitas descansar y recuperarte, así que ya he contratado un reemplazo para ti, ya sabes, sólo por mientras te recuperas... - mentiras - No te sobre esfuerces, ni presiones tus cuerdas vocales, una vez que estés del todo reestablecido retomarás tu puesto - mentiras - Nosotros estaremos al pendiente, así que no te preocupes ¿Está bien? - mentiras.

Todo eran mentiras, el director sabía bien que DongHo probablemente nunca recuperaría la voz de alto mezzosoprano, única en su tipo, que le había caracterizado por años y le había dado su título de actor principal. Incluso existía la posibilidad de que no pudiese volver a cantar. Aquella charla no era tal.

Estaba siendo despedido.

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Habían pasado tres meses desde la operación para cuando sus heridas terminaron de sanar, ya podía hablar, su voz ciertamente no era la misma, y ni hablar del canto. Y DongHo se sentía destrozado.

La compañía había triunfado con sus musicales "modernos", estaban ya muy lejos de él. Y Kang sabía que no había una manera en que pudiese recuperar su puesto allá.

Por un momento había estado en la cima de todo, había sido el más admirado, el ídolo de masas, tan prometedor que hasta él mismo había creído en esa fantasía: "Nada puede fallar ahora". Y fue, tal vez, su peor error. Mientras más alto es el pedestal, más duele la caída. Y la caida lo destruyó por un momento.

"Yo soy un artista". Se lo dijo tantas veces, pero su arte no le servía más. Ya no podía vivir en los dormitorios de la compañía, y tuvo que mudarse cuanto antes de aquellos. Ya no tenía este trabajo, y tuvo que conseguir un nuevo empleo que le permitiera siquiera sobrevivir, comer, pagar la renta de un cuartucho entre lo peor de los suburbios. Por un momento sintió que iba a enloquecer, quiso gritar, insultar, golpear, matar. Pero ello no le iba a brindar de vuelta nada de lo que había perdido en cuestión de pocos meses. E hizo aquello que cualquier hombre haría.

Empezar desde cero una vez más.

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Había pasado poco más de dos meses en un empleo de medio tiempo, atendiendo en un supermercado en el turno nocturno para poder buscar una respuesta durante el día. Y cuando iba a visitar unos cuantos departamentos un poco menos zaparrastrosos que el suyo actual, la respuesta le llegó en color naranja brillante y un enorme escudo recién pintado.

Su escuela, aquella en la que había descubierto el arte del canto hace poco más de diez años, lucía una nueva capa de pintura que sin problemas habría llamado la atención hasta del más despistado. El escudo de armas reluciente también era un punto de atención, y bajo el gorro frigio del emblemático ornamento la pequeña ventana del salón de música en que DongHo había aprendido a dominar las cuerdas vocales que hoy le parecían instrumentos nuevos y desconocidos, y sin pensarlo dos veces, entró en busca de su profesor.

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Notas:

Este capítulo me salió muy largo así que lo dividí en dos :'v

En un momento pongo la segunda parte v':

Se aceptan comentarios y sugerencias, frutas no ewe.

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