Capítulo 4: Una Decisión Que Tomar.

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Otro día comenzaba, y yo solo pensaba en lo sucedido ayer.

Mi padre siempre me contaba de lo amable y bondadosa que es la Princesa Henutmire, la mujer que recogió a mi padre salvandolo de la muerte y protegiendolo de la furia del Faraón.

La famosa historia del niño hebreo, salvado de las aguas del Nilo, por una Princesa. La oí desde pequeña, y de ahí, no olvido ese nombre "Henutmire". Deseo tanto llegar a conocerla, ver su rostro, llamarla abuela.

Salí de casa, y fui a buscar agua al pozo, entonces escuché una voz pronunciar mi nombre.

—¿Kazal?—Escuché detrás mio.

—¿Quién?—volteé, y pude ver que era Ana la que me hablaba —¡Ana!¿Cómo estas?

—Yo bien, vine a buscar agua... y te encontré a ti...—Sonrió.

—¿Y tu madre?¿Cómo está?—pregunté.

—Está en el trabajo, ¿Y tú?¿Cómo estás?—Preguntó de nuevo.

—Yo bien...—Sonreí.

Ana y yo llenamos los jarrones, y empezamos un paseo por la Villa. Ana me llevó a conocer su casa, estaba vacía, no estaba su madre, ni otra persona, solo ella y yo.

—¿Ya tienes a un amigo aquí en la Villa?—Me preguntó Ana, ella dejó los jarrones de agua en la mesa.

Hasta ahora solo ella se a acercado a mi...

—No... solo tú...

No podía perder mi tiempo, tengo que conseguir la ayuda de Ana para asistir a esa elección.

—Ana... quiero decirte algo...

—Sí... soy todo oídos —Rió.

—Es sobre la elección de Damas... necesito asistir... quiero estar allí... y necesito tu ayuda...—Dije de una vez.

—¿¡Qué!?¡No será posible!¡Me meterás en problemas!—Ana estaba sorprendida por lo que le había pedido.

—¡Por favor Ana!¡Ayudame!¡Juro que no te pasará nada!—Le rogé.

Necesito su ayuda... me ayudará quiera o no...

—¡Estás loca Kazal!¡Tú no eres egipcia!¡Y el Rey dejó bien claro que no quería hebreas sirviendo a su hermana!—Dijo Ana con cierto enojo.

—¿¡Y quién dijo que quedaré como su Dama¡?¡Solo quiero asistir a la elección!—Dije, sonriéndo de cierta forma.

Pero sería un sueño que me escogieran... Ojalá...

—¡¿Y en qué crees que te pueda ayudar yo!?¡Me mataran!—Dijo Ana enojada, completamente enojada.

—¡No es para tanto!¡Ana!¡Cálmate!—Dije tratando de tranquilizarla —Solo es una elección...

—Estás loca si piensas que te ayudaré...

—Solo tienes que hacer que me vea como tú... maquillaje, peluca, vestido, joyas... solo eso...—Sonreí, en plan de convencerla —¿Sí?

Ella me miró, parecía que iba a aceptar...

Y aceptó...

—Acepto... te ayudaré... todo con tal de que me dejes de molestar con el tema...

—¡Aaaaay!¡Eres la mejor!—La abrazé —¡Gracias, gracias, gracias!

—¡Ya!¡Tranquila!—Se soltó —¡Tranquila!—Rió.

—Está bien... tranquila...—Reí.

—Pero hay un solo problema...—Dijo, como para sacarme los animos.

—Cuál...—Dije seria.

—Tu familia... qué dice ¿Están de acuerdo?

Y ahí se acabo nada...

—Mi familia... aceptará... tendrá que hacerlo...—Respondí nerviosa.

—Tienes que convenserlos... tienes que hacerlo...—Me miró seria.

—Lo haré juró que aceptarán...—La miré de la misma manera.

Ahora, tengo que hacer algo para convencer a mi padre.

—Ana... tengo que irme... —anuncié.

—Bueno... te acompaño a la puerta...—Dijo Ana.

Salí de su casa, y me dirigí a la mia. No sé que hacer ahora, si mi padre no acepta que vaya a la elección, no podré conocer a mi abuela.

Tengo que conseguir que mi padre acepte.

Lo tendrá hacer...

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