Desperté y suspiré para luego levantarme de la cama, no había ventanas en mi cuarto, y eso me sofocaba. Fui a buscar el vestido que me dió la Princesa, y me vestí, me coloqué la peluca y salí de mi habitación, rumbo al Haren, donde Karoma me dijo que la buscara.
De seguro Ana, ya a llegado con la noticia a mi padre, de seguro ya lo saben. Solo quiero saber si estan bien, si necesitan algo.
Al entrar al Haren, un grupo de mujeres posaron sus miradas sobre mi, como si fuera un bicho raro. Bajé el rostro y seguí caminando, y lo volví a subir para buscar a Karoma.
—¿Kazal? —escuché que una voz femenina me llamaba detrás mio —, soy Karoma —dijo, volteé y sonreí al verla.
—Karoma, es bueno volver a verte —dije fingiendo una sonrisa.
—Pensé que no vendrías, ¿Qué dices si mejor comenzamos?, solo con lo básico, así quizás comienzes mañana, o mejor hoy —rió.
—Tengo que comenzar hoy, no podemos dejar a la Princesa, sin alguien que la sirva —la miré seria.
Ella sonrió en respuesta.
—Y sobre la Princesa... ¿Cómo es ella? —pregunté de repente cuando volteó a buscar algo en unos cajones.
Ella dudó en responderme.
—Ella es muy buena mujer, amable y con un gran corazón —dijo al fin —. Pero desde la partida de Moisés, no la vemos sonreír mucho...
—¿Moisés? —dije tan pronto escuché el nombre de mi padre.
—Su hijo... —suspiró.
—No sabía que ella tenía hijos...
—La historia Moisés... salvado de las aguas... —soltó una sonrisa tierna al verme, y volteó de nuevo a hacer su trabajo —. La historia de Moisés esta prohibida en el palacio, no hablamos de ello hace mucho...
—Está bien, no vuelvo a preguntar nada sobre él.
—¿Trabajaste alguna vez? —preguntó.
—Bueno, creo que sí —sonreí de lado.
—Esto será fácil, espero que desde ahora en adelante seas una buena sierva —dijo, aún dandome la espalda —, no como Yu... —se calló de repente, volteó a verme un segundo y volvió a voltearse, como si hubiera dicho algo malo.
—¿Como quién? —pregunté.
—Nadie, no dije nada —negó nerviosa.
—De acuerdo...
Poco a poco olvidamos esa conversación, y Karoma empezó a hablarme de la Princesa y de como debería servirla.
—Entonces... vestidos azules... —dije, cuando Karoma me mostró telas de color azúl.
—Sí, suele usar verdes, pero prefiere las azules. Los vestidos verdes son más frecuentes cuando la Princesa va a los templos, o al santuario a hacerle ofrendas a los Dioses —rió.
—Entiendo...
Las puertas del Haren se abrieron, y dos mujeres pasaron, seguidas por una mujer bonita, y cubierta de joyas, su peluca estaba más adornada que la de Karoma o la Princesa. Todas las presentes bajaron el rostro, menos Karoma y yo. La mujer venía en dirección a nosotras.
—Buenos días, Karoma —saludó la mujer con un tono amigable.
—Buenos días Señora... —contestó ella.
Señora...
—Tú debes ser la nueva Dama de Henutmire, ¿no? —me dijo aquella mujer, y entonces sonreí para luego responder.
—Sí, mi nombre es Kazal...
—Kazal... bonito nombre realmente, espero que Henutmire haya elegido bien... —habló la mujer, que aún no sabía si llevaba un título importante.
—Estoy haciendo lo que puedo...
—No es esa la respuesta que deseaba, pero las siervas son así, torpes —continuó hablando la mujer, suspiró antes de volver a hablar —. Entonces te doy la bienvenida, soy la Reina Nefertari, estaré encargada del desempeño del haren, y también del tuyo, espero que tu estadía aquí sea la mejor posible.
Nefertari...
La Reina Nefertari...
—Eso es todo, espero que la pases bien, ahora tengo que irme, iré al jardín... Karoma... —continuó ella.
—Sí señora —respondió ella al escuchar su nombre.
—Ven conmigo, deja a la sierva, que ella vaya con Henutmire —dijo la Reina, Karoma me sonrió —. Adiós... Kazal.
Sin más, Karoma y la Reina se retiraron.
