Capítulo 6: Miradas Curiosas...

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Mi padre nunca me había gritado, ni siquiera cuando perdía a las ovejas en Madián, nunca lo había hecho. No me arrepiento de lo que dije, nunca quise llegar a este punto, yo de verdad quiero ir a esa elección, quiero conocer a mi abuela y quiero que ella conozca a su nieta, pero no de este modo, no así.

Me dirigí al Nilo, quería estar en silencio, tranquila, quería tratar de dejar todo esto de lado. Estaba destrozada y llorando.

De lejos pude ver a alguien que se acercaba. Y era él, aquel joven con quien yo me encontré hace tiempo, casi lo había olvidado. Pero había algo raro en él, estaba ¿solo? sí, definitivamente estaba solo, no había ni siquiera un guardia junto a él.

Desvié la mirada al Nilo, mientras él se acercaba.

—Qué no te dejé bien claro que no te quería ver en mi camino... —dijo, con todo su orgullo.

—Eso es lo que menos me importa ahora —lo miré —. Yo puedo estar donde quiera...

—Yo que tú, no estaría tan seguro de eso, piojosa —rió incrédulo

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—Yo que tú, no estaría tan seguro de eso, piojosa —rió incrédulo.

—¿Y qué harás? —Dije desafiante.

—Es mejor que te vayas, si no quieres terminar mal, esclava —me miró con desprecio —. Vete, no quiero verte aquí...

—¡¿Qué!?¡¿Tú quién eres para decirme lo que tengo que hacer!? —lo enfrenté.

—¡¿Qué es lo que dices?! —río.

Parece que disfruta verme así...

Claro... no soy como él...

—¡Tú no puedes decirme lo que debo o no debo hacer! —le grité.

Entonces me tomó de mis brazos con brutalidad, y me acercó a él.

Ahora no sé que pueda pasar, ¿Y si realmente él era lo que mi padre dijo?¿Un Príncipe?, yo tenía mis dudas, no era difícil de creer, pero mi padre, se pudo haber equivocado. Temo que pueda hacer algo contra mi familia.

—¡Suéltame! —exigí.

—¿¡No sabes quién soy!?¡Soy el Príncipe de Egipto!?¡Puedo matarte si se me da la gana! —me gritó.

Estoy perdida...

El silencio gobernó entre nosotros, él me miraba a los ojos, yo también. Él parecía estar buscando algo en mi.

Estuvimos así durante algunos segundos, que parecían eternos. Hasta que un oficial llegó y nos interrumpió. Era lo mejor, me sentía incomoda, pero muy en el fondo deseo con fuerza, que esto nunca se acabe. Mis propios pensamientos me sorprendían. Esto tenía que acabar... era eso, o esto no iba acabar de la mejor manera.

—¡Príncipe! —se acercaba a nosotros —¿¡Dónde estaba!?¡Lo estabamos buscando por toda la ciudad!¡Hasta en la Villa de los Hebreos! —reclamó el guardia.

El Príncipe me soltó, y volteó a ver al oficial.

—No era necesario —el Príncipe volvió a mirarme, con indiferencia —. Ustedes saben muy bien que nunca iría a la Villa esos sucios hebreos —reclamó ahora él.

—¿Y esta hebrea?¿Qué hace aquí con usted? —dijo el guardia sacando su espada.

—Solo pasó por aquí... guarda tu espada... no es nada... —ordenó.

Esperaba un “¡Quería asesinarme!”.

El oficial obedeció, pero me observaba con desconfianza.

—Tenemos que irnos Príncipe, el Rey lo espera... —dijo el guardia, haciendo que el Príncipe lo mirara.

—Vámonos... no tiene sentido seguir aquí... —Me dió una última mirada, y se fue con el guardia.

Espero que jamás lo vuelva a ver...

No creo que eso sea posible...

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