El cuerpo le dolía como si hubiera pasado horas corriendo. Y hacía calor. ¿Sería otra prueba de tolerancia a las temperaturas del doctor? Normalmente esperaba a que Mera se despertara, pero no siempre.
Mera entreabrió los ojos y se le erizó la piel. No estaba en su hamaca. No estaba en la Madriguera. No estaba en la base.
Se encontraba sobre un círculo de vidrio cálido. Alrededor de este empezaba la hierba, una pradera verde salpicada de blanco y rojo bajo un cielo más azul que el de los dibujos de sus libros, de los que le dieron para aprender a leer de muy pequeña y que luego el doctor se llevó.
El cielo. Veía el cielo. Y en él el sol, tan potente que sus ojos tardaron un minuto en acostumbrarse a una luz de tal intensidad por todas partes. Su piel canela, su mono, los aretes y tuercas salpicados de herrumbre... todo estaba saturado de vida. Los colores que siempre había creído que tenían eran una versión diluida y mortecina de la realidad.
El aire hablaba de cosas de las que había leído: flores, tierra húmeda, y un tacto picante que, incluso sin tener referencias con las que compararlo, sugería otoño. Había silencios desconocidos, sin el zumbido eterno de los generadores. Había sonidos intrigantes, desde el silbar del viento a ruidos animales. En el aire, entre la hierba, bajo tierra. Mera los percibía desde más allá de sus sentidos. Estaba conectada con toda esta vida. Con todo este mundo lejos del que conocía. El corazón le iba a mil.
Y detrás de ella, observándola con curiosidad sin disimulo, se encontraba el ángel. Estaba agazapado, envuelto en sus propias alas. Parecía aún más pequeño que cuando le encontró. Verle rompió el hechizo de los múltiples estímulos que le asaltaban.
—¿Donde estamos?
El joven la observó con parsimonia, con su expresión impenetrable. Mera esperó unos momentos, por si estaba pensándose qué responder, y se impacientó.
—Tengo que volver a casa. ¿Qué hora es?
Ninguna respuesta. Mera se acercó, dubitativa. Estaba tan inmóvil... era obvio que no era humano, pero en aquel estado ni siquiera lo parecía. No era un joven con alas. Era una incongruencia, un elemento externo que no encajaba en la realidad que le rodeaba. Pedirle cosas no tenía mucho sentido.
Mera empezó a recordar. El viento huracanado. La presión que la ahogó. El vuelo. ¿Hasta donde habían llegado? ¿Donde la había llevado? Le dio la espalda y examinó de nuevo la naturaleza.
La temperatura, la humedad que podía paladear en el aire y la vegetación sugerían un clima oceánico cálido. Había pájaros pese a ser otoño, y todo el verde a su alrededor correspondían a una zona dentro de los trópicos. Mera no podía creerlo, pero la evidencia era clara. Habían volado miles de kilómetros. Era imposible hacer siquiera una aproximación de a qué velocidad sin saber cuanto había dormido, pero no podían ser más que unas pocas horas, como mucho. ¿Pero cuanto más habían volado antes de que aterrizara, cuanto llevaba Mera inconsciente en el lecho de cristal que, aparentemente, le había fabricado él?
Estos cálculos mentales podían ser lo único que le impedía perder el juicio. Un ángel la había secuestrado y la había hecho transportado por medio mundo. ¿Y ahora qué?, se preguntó. ¿Había realmente un propósito en traerla? Si ella no se hubiera agarrado a él, probablemente la hubiera ignorado. Ella sola se había metido en aquel lío, y no podía contar con nadie más para que la sacara.
Buscó un punto de referencia para orientarse y la brisa le regaló un aroma de sal y olores nuevos. ¡Tenía que ser el mar! Se sentía culpable por emocionarse tanto, por ser recompensada por haber huido, pero no podía evitarlo. Y si seguía la costa, era probable que llegara a alguna población. Y buscar alguna forma de contactar con el doctor; él era una eminencia científica, así que probablemente fuera fácil encontrar a alguien que supiera cómo avisarle.
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Chimaera Alpha: una novela de Dark'n'Soul
AcciónMera no sabe nada del mundo. No conoce nada fuera de su habitación y los pasillos que se escapa para recorrer una y otra vez, y los libros que su padre le trajo y que ha leído una y otra vez. Se pregunta sobre los lugares de los que ha leído en ello...