Un Dia

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Suspiré mientras ingresaba cansado a mi casa para posteriormente arreglarme y salir con Kyungsoo al minimarket.

Miré la lista en la cocina, quitándola de la nevera para revisar exactamente lo que me faltaba.

—Inyecciones de insulina. —La agregué rápidamente mientras caminaba lentamente por mi habitación, comiendo una insípida comida hecha a base de tofu que había preparado para comer en el trabajo. Miré mi plato y recordé el rostro de Kyungsoo cuando almorzó frente a él; era una comida tan llena de vida que, solo con mirarla, se veía deliciosa y lo suficiente para sentirse satisfecho durante un buen tiempo.

Kim Jongin, por otro lado, debía comer exactamente la porción indicada. Al terminar, reposaba, quizá vagando un poco en el sofá, para luego levantarse y entrenar por tres horas en el gimnasio.

Estaba tan acostumbrado a esa rutina que, al mudarse después de su aumento en ganancias, decidió establecer su propio gimnasio, ya que no era lo suficientemente cómodo para él hacer ejercicio rodeado de un montón de personas.

Jongin retomó su comida, gimiendo en disgusto al mirar el pálido arroz, una pequeña porción de carne (en estofado simple sin ninguna especie para saborizar) y el tofu que funcionaba como un tercer alimento al tener flojera en la mañana de prepararse una de las ensaladas completas que le había recomendado el doctor.

No pudo evitar sonreír melancólicamente, preguntándose: ¿qué se sentirá estar apresurado, comer alguna comida callejera y seguir con tu vida? No lo sé, y tampoco lo sabría.

Envidiaba muchas veces aquellas sonrisas de las personas degustando algún tipo de comida. Lo único que conocía de hamburguesas eran las vegetarianas, y todo el mundo decía que no eran ni remotamente como una hamburguesa de carne frita.

—Bueno, tengo tofu. —Jongin bufó, metiéndose el tofu en la boca, mientras su mente vagaba entre diferentes platillos que nunca comería.

Al terminar su comida, tomó su chaqueta para caminar al minimarket, con la esperanza de que el pequeño hombre no se hubiera cansado de verle la cara y se hubiera ido. Pero no, allí estaba.

Kyungsoo estaba de pie junto a la puerta del local, mirando a los lados. Jongin no pudo evitar acercarse a paso apresurado.

—¿Qué haces afuera? Hace demasiado frío.

—Si estaba adentro, tú no me verías, ni yo a ti. —Sacudió los hombros al pasar del viento helado del invierno de Seúl al calor artificial de la tienda—. Era mejor esperarte afuera.

—Gracias por esperarme. —Sonreí al ver que tomaba su marcha hacia los lácteos. Yo asentí, alejándome al otro lado, la zona sin lactosa. Encontré una marca de yogur que prometía ser increíblemente delicioso y con sabor a chocolate. Suspiré, pensando que jamás conocería el verdadero sabor de nada y que tenía que mantenerme a base de esto para seguir viviendo.

Asentí, metiéndolo en mi cesta, igual que un litro de leche sin lactosa, suspiré mientras pasaba de largo las zonas con azúcar y grasa.

Vi el cabello oscuro de Kyungsoo en la caja, donde de inmediato me coloqué detrás del hombre, quien pagaba con una sonrisa a la señora que hablaba animadamente con Kyungsoo.

—Intolerante a la lactosa. —Jongin se sorprendió al escuchar esa frase con decisión de Kyungsoo mientras caminaban juntos por la calle—. Dijiste que descubriera lo que te pasaba. ¿Eso es algo?

—Sí... pero no es lo peor. —Jongin suspiró mientras su piel se resbaló momentáneamente sin caer—. Odio que el pavimento se congele.

—Cuando era niño, estaba corriendo y me resbalé con eso... gracias a eso se me cayó mi diente de leche. —Jongin se carcajeó al escuchar eso, mientras Kyungsoo se sonrojaba al ver al moreno tan ajeno a ser el chico de la chocolatería, y hablaban como si fueran personas de toda la vida.

—Nunca me he caído. —Kyungsoo lo miró.

—Eso es mentira, todos alguna vez nos hemos caído. —Jongin rio, mientras negaba rápidamente.

—Puedo jurártelo. Nunca jamás, en toda mi vida, me he caído. —Kyungsoo de inmediato sacó su teléfono.

—Debo tener una foto con un ídolo. —Jongin de inmediato puso una cara graciosa (de esas que solo hacía cuando Kyungsoo lo obligaba a tomarse una foto), haciendo que el pequeño hombre riera.

—Te ves gracioso.

—Ese era el punto.

—Bueno, yo... —de inmediato el joven se resbaló, tratando de estabilizarse al colocar su mano en el hombro de Jongin, pero de una manera aún más vergonzosa (ya que a Jongin lo tomó por sorpresa), cayendo Kyungsoo sobre Jongin en el pavimento.

Jongin cerró los ojos al sentir el peso del hombre sobre él, pero al abrirlos, su corazón quedó helado como ese clima y podía temblar como una hoja al viento.

Sus labios y los de Kyungsoo estaban juntos, y los labios de Kyungsoo eran dulces.

Nunca Jongin había probado algo tan dulce...


Chocolate Shop.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora