30
7 de agosto
Anoche me paso algo muy raro. Perdoname si mi letra no es tan clara como antes, pero es que todavía me tiemblan las manos.
No sé si por el alcohol, por la hora a la que me dormí o porque la excitación de ir por primera vez a un boliche me alteró las hormonas, pero tuve un sueño escalofriante.
En realidad tampoco me animo a asegurar que fue un sueño porque tengo recuerdos bastantes más vívidos que los usuales. Pero tiene que haber sido un sueño, Marco.
Empezó anoche cuando estaba durmiendo en la casa de Sofía. Ella tiene dos camas en su pieza, una al lado de la otra, separadas por una mesita de luz. Una es de ella y la otra es de la hermana. Cuando la hermana no está la uso yo. Y, a decir verdad, la hermana ya casi ni esta nunca.
En medio de la noche siento una presencia al lado mío. Al principio no me asusté ni nada, pero cuando tomé un poco más de conciencia quise prender el velador de la mesita de luz de un golpe, pero antes de poder hacerlo siento que desde mis espaldas, acostada sobre un lado, me tapan la boca con una mano y con otra me agarran el brazo.
"No te asustes" soy yo, me dice una voz que me resultaba familiar y algo me quitó el miedo.
Yo asentí con la cabeza, quería saber que estaba pasando. Entonces la mano que tenía mi brazo baja hasta mi cintura, se mete bajo las sabanas y empieza a tocarme la concha por encima de la bombacha. Imaginate que yo entendía cada vez menos por lo que intentó hablar pero no podía, como que estaba muda más allá de la mano que cubría mi boca.
"Tenía muchas ganas de acariciarte así, chiquita" decía. "No sé si existe en el mundo una nena tan linda como vos".
Las caricias en mi entrepierna se volvían cada vez más incomodas, podía sentir también como me olía el pelo, o me daba de vez en cuando un beso en la cabeza.
La mano ya no estaba sobre mi bombacha sino adentro.
"Tenés la conchita suavecita, tal cual lo imaginaba", escuchaba que susurraba a mi oído.
"Y la colita, a ver la colita..." decía mientras movía su mano hacia ese lugar y yo sentía que me salían lágrimas de miedo y bronca.
"Ahora dormite tranquila, se nota que tomaste un poquito de más y que unas buenas manoseadas te habrás ligado, porque estas toda mojadita, mi amor" me dijo un rato después.
"Espero que haya sido solo eso, chiquita, porque me encantaría seguir tocando esta conchita virgen y me sentiría muy mal si algún pendejo me la arruina"
Lo recuerdo todo muy real, pero también muy confuso. De hecho lo último que recuerdo fue que me repitió que me durmiera, que mañana ya me iba a sentir mejor. Y al parecer le hice caso porque me dormí.
Cuando me desperté, serían eso de las 10 de la mañana, Sofía todavía seguía durmiendo. No me animaba a despertarla. No me animaba ni a levantarme para ir al baño. Marco, no me animaba ni a salir de debajo de las sabanas. Así estuve un buen rato hasta que Sofi también se despertó y sin mucho preámbulo le pedí por favor que me acompañe a mi casa. Me dijo que me tranquilice y que le iba a decir al papa para que nos lleve. Le volví a pedir por favor que no, que me acompañara caminando y como a esa altura ya estaba llorando bastante me dijo que sí. Me pregunto mil veces que me pasaba, pero no sabía que decirle. No le podía decir que su papá me había manoseado, aunque haya sido un sueño no podría haber encontrado nunca las palabras para explicar algo así.
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Primero violaron su mente
Historia CortaNo recomiendo continuar la lectura a menores de edad o personas sensibles. Aquí leerán por momentos una inocencia simple y por otros un manual sobre el sexo, la opresión, el arte y sus metáforas. Sobre el cuerpo despreciado hasta su máxima expresión...
