Extraños susurros del pasado

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CAPITULO XII – EXTRAÑOS SUSURROS DEL PASADO

Han pasado ya 25 años desde que Frey Ol'Galas dejara atrás el valle de Mayllem-Carson, sin embargo rememorando: la embarcación arribó durante la tarde del próximo día a los muelles de Carcer, un asentamiento pequeño de benévolos pobladores, donde fueron auxiliados y Frey recibió ayuda médica, días después fue diagnosticado con una pérdida de memoria causada por la fuerte contusión, descansaron un par de días y uno de los comerciantes puso a su disposición dos caballos pues el camino era largo, pasaron por varias ciudades agrícolas siempre valiéndose de las preciosas posesiones del linaje para conseguir alimento y posada, hasta que algún tiempo después arribaron a una ciudad bastante bien desarrollada llamada Fellmont, ubicada en alguna parte del norte del continente europeo, al Oeste de Mayllem-Carson, el viejo Iván consiguió empleo en una herrería cerca de la posada donde se instalaron mientras el anciano Charles Cammel se encargaría de la educación del pequeño Frey Ol'Galas, a quien por seguridad, exigencia y última petición del rey llamaron Frey Cammel.

Charles Cammel fue efectivamente como un padre para Frey, durante sus pláticas nocturnas en ocasiones no podía evitar soltar algún comentario fugaz sobre Mayllem-Carson o el linaje, víctima de su senilidad o quizá a propósito para tentar la curiosidad de Frey, quien parecía haber olvidado todo lo sucedido antes de llegar a Fellmont, es como si su mente hubiera decidido bloquear todo recuerdo abrumador dándole una segunda oportunidad, pero hay cosas que no pueden ser olvidadas cuando por tus venas corre la sangre de un ilustre linaje, hombres así están destinados a la gloria. Por su parte Iván se negaba rotundamente a hablar sobre el castillo, animaba a Frey a aprender nuevas lenguas o practicar algún deporte para mantenerlo ocupado pero siempre era contradicho por Charles, al final Iván decidió ocultar los pocos documentos referentes al castillo y el desierto en el gran baúl de metal, y cargaba la llave siempre consigo, lejos del alcance del curioso Frey.

Charles murió diez años después de su llegada a Fellmont, fue sepultado modestamente en el cementerio local donde Frey acudía todos los jueves a depositar flores y hablar en compañía de la lápida de su fallecido mentor, Iván falleció tres años más tarde víctima de una pelea con un ebrio en un bar de mala muerte en el centro de la ciudad y fue enterrado en el mismo lugar que Charles Cammel.

Frey decidió pasar por alto los susurros que tenían lugar ocasionalmente en sus sueños y muy esporádicamente sobre un antiguo desierto y un legado glorioso, era ya un hombre de treinta y un años, asediado por sus jóvenes compañeras de carrera quienes elogiaban su galante parecido y sus finos detalles faciales, su caballerosidad era parte de su esencia que hacia juego con un excelente gusto en trajes de la época, se enfocó en estudiar medicina en la reconocida Universidad de Fellmont, donde conoció a Catherine Sums, una excéntrica y muy renombrada historiadora de Europa que servía para la realeza, ambos congeniaron desde el primer momento, la verborragia de Catherine y su belleza física que era la de una mujer de treinta y cinco años que se caracterizaba por su personalidad templada fascinaban al ingenuo y carismático Frey. Catherine era una investigadora ferviente y apasionada, cuando Frey le contó sobre sus extraños susurros, no tardó en indagar sobre el tema y contactó a un hombre que se rumoreaba podía conectar la mente de Frey con su pasado para convertir los susurros en mensajes vívidos, tampoco Frey demoró en aceptar víctima de su impulsiva ingenuidad y acudieron dos semanas después a casa del misterioso Alek Olenka, un espiritista de apariencia eslava pero aparentemente de ascendencia polaca que vestía con una larga túnica blanca. Su casa parecía más bien un santuario, aposentos oscuros iluminados únicamente con velas rojas aromáticas, extrañas pociones y hierbas en frascos sobre un altar cubierto de rocas, Frey le explicó al extraño espiritista que desde hace un par de años escucha susurros provenientes de los confines de su mente, hablando de un pasado glorioso, pero nunca logra encontrar de donde proviene la voz y la pierde, Alek no dijo nada más, lo invitó a recostarse en un diván que tenía acomodado a mitad de su oscura habitación, Catherine se sentó cerca de la entrada lista para registrar lo que sucedía, Alek se puso de pie junto a Frey y comenzó a recitar un extraño idioma al que Catherine identificó muy similar al nuevo ruso, pronto Frey entró en un profundo sueño, pasaron poco más de cuarenta segundos cuando despertó de golpe abrumado, como si el aire le faltase, se puso de pie y se recorrió hasta una de las esquinas de la habitación donde miraba asustado a Catherine y Alek, quienes miraban desconcertados, y Catherine dijo:

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